Conciencia Ambiental, es una ONG formada por jóvenes y adolescentes de Tucumán dedicada a realizar acciones educativas de orientación ecológica. Todos son voluntarios que viajan a visitar otras tierras y llevan su mensaje. Este año compartieron actividades en la ciudad de Embarcación, en la provincia de Salta. También usaron herramientas como los videos para comunicar las infracciones de las empresas que contaminan. Por ejemplo en Youtube denunciaron a las citrícolas, que extraen el limón y dañan el río con desperdicios industriales.

También comparten actividades con los pueblos originarios como los Wichis a orillas del Bermejo. Otro de los proyectos fue Ojo con las pilas, en Simoca, que consistió en trabajar sobre residuos con actividades deportivas. Ya ganaron premios nacionales e internacionales como el Príncipe Mensajero de la Paz.

INFOnews, dialogó con el presidente de la ONG, Pedro Martínez, también docente de adultos.

 INFOnews: ¿Los maestros cuentan con capacitación en Ecología?
Pedro Martínez: No, es muy escaso el contenido curricular en cuanto a la materia Ecología. Sin embargo, el estudiante de cualquier nivel, en cualquier escuela, comenzó a interesarse por el tema. No es que hay desinterés del educando, sino poca información. Dentro de muy poco tiempo, el tema será el más importante dentro de la la política de cualquier gobierno, simplemente, porque los cambios del Planeta ya son notables y se trata nada más y nada menos que de nuestra "casa grande". Integrar estos contenidos dentro del aula es una cuestión de innovar a cada momento ya que se tratan de acciones cotidianas que se relacionan con nuestro medio diario. Todo lo que nos rodea es medio ambiente. 

 IN: ¿Podría contar su experiencia en la trabajo educativo en el campo de la Ecología?
PM: Existe la costumbre, dentro de nuestros hábitos de utilizar y tirar, es decir, desperdiciar en nuestro hábitat. Tan es así que nuestros niños observan y copian acciones a seguir, claro está que nosotros los adultos les estamos marcando los pasos a seguir en un futuro, casi inmediato. Es evidente que los adultos no tuvimos la oportunidad que la escuela nos brinde capacitación ecológica, venimos cada uno con el aprendizaje empírico recibido en nuestros hogares o nuestros entornos.  Los niños ven acciones ejercidas por las malas costumbres de los adultos y elaboran esa información a tal punto que tirar el papel de un caramelo al suelo, es una práctica normal, casi diaria. Distinto es el caso de aquel estudiante que desde el nivel inicial es formado con hábitos diferentes hacia las bondades que nos ofrece nuestra madre tierra.

IN: ¿Algún consejo a sus colegas, para llegar a los más chiquitos del Jardín?
PM: Mi hija más pequeña, Ana Victoria, desde el inicio de su etapa de razonamiento presenció las charlas dictadas en diferentes establecimientos educativos. Al principio lo tomó como un juego, pero a medida que pasó el tiempo las charlas escuchadas comenzaron a brindarle otra óptica sobre la realidad en el aspecto ecológico del mundo donde está viviendo. Hoy está en quinto grado y está totalmente involucrada y sabe dentro de sus conocimientos que debe respetar y preservar nuestro medio ambiente. A modo de prueba, al comer un caramelo delante de ella, tiro al suelo el papel que lo recubre e instantáneamente recibo un reclamo inquisidor, poniendo en tela de juicio lo siguiente: que yo no hago lo que hablo en cada charla, es decir que enseño a no tirar los desperdicios al medio ambiente, sin embargo, en esas ocasiones lo hago. Esa es la mejor prueba de que la semilla va germinando.


Los niños son tierra fértil para plantar nuestras enseñanzas. Eso sí, una vez puesta la semilla, debemos abonarla y regarla continuamente para que el día de mañana podamos ofrecer a nuestra madre tierra, gente diferente, con un espíritu ecológico ambiental óptimo que seguramente redundará en grandes beneficios mutuos, tanto para la gente como para nuestro planeta.
Para mí no existe una regla a seguir, es cuestión de inventiva, de sentir la naturaleza en nuestra piel, en el alma.Lo que afirmo es que hace falta una política amplia en cuánto a educación ambiental en las escuelas, es más, debiese existir una materia, con respecto a este tema, desde nivel inicial hasta la universidad misma.

Por ejemplo cuando hablo de política educativa ambiental, me refiero concretamente a casos que conozco personalmente de gente que presenta proyectos, iniciativas, trabajos dentro de los organismos correspondientes (Ministerio de Educación) para mejorar la calidad educativa, siempre hablando desde el punto de vista ecológico, y esos proyectos por lo general nunca se concretan, la mayoría de las veces son frenados por empleados de escritorio, que quizás conozcan sobre pedagogía, muchos cursos, pero pocas veces llevaron a la práctica hechos concretos y vieron reflejados en los niños sus resultados.

IN: ¿Cómo hablar por ejemplo de los alimentos, los pesticidas y los cuidados que hay que tener sin generar miedo?
PM: El hombre del futuro, o sea el niño o el joven actual, no desconoce el tema de los pesticidas y de los alimentos transgénicos. La información en la actualidad es amplia, ya sea por les medios de difusión masiva o Internet. Siempre escuchan alguna noticia relacionada al tema, no desconocen lo malo de todo esto. Lo interesante es lograr que ellos marquen la línea divisoria entre lo que es natural, y por lo tanto hace bien a la salud y lo inventado o transgénico, que es el polo opuesto. Cuando el niño o joven se convierta en crítico y ocupe su rol de defensor del medio ambiente, las cosas comenzarán a ser de otra forma.

IN: ¿Cómo se hace para involucrar a padres y alumnos en las tres R: reutilizar, reciclar y recuperar?
PM: La ley de las tres R debe ser un hábito. Introducirla desde el nivel inicial como un valor algo que les permita orientar su comportamiento en función de la realización como personas. El valor ecológico ayudaría a preferir, apreciar y elegir algunas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otros. Este valor le proporcionaría una pauta para formular metas y propósitos, personales y colectivos, reflejarían las necesidades humanas de su momento con una importancia independiente de las circunstancias. Por ejemplo, si somos injustos con nuestra madre tierra, la justicia de la naturaleza sigue teniendo valor.
Los valores ecológicos están fundados en el pensamiento ambientalista y conservacionista, el cual coloca al cuidado y protección de los recursos del planeta, en primer lugar, antes que el progreso mismo, esto significa, que cualquier práctica comercial, de la índole que sea, deberá acatar los reglamentos y recomendaciones que los estudios de impacto ambiental indiquen.

El valor ecológico podría traducirse en pensamientos, conceptos o ideas, y sobre todo en comportamientos. Convertir a ese niño en una persona valiosa, es aquella que vive de acuerdo a los valores de los que cree. El valor ambiental, servirá para vivir en cordialidad con nuestro planeta, y aceptar los designios de la naturaleza. Ese valor nos dará una actitud de respeto hacia nuestro entorno, en especial la naturaleza; pues nos hemos convertido en depredadores de la vida, es el principio para recobrar la armonía entre los hombres que, solo juntos, podrán hacer que el negro destino de nuestro planeta que ya se hace evidente, cambie. Un individuo comprometido con estos principios, va a tener siempre; en cada aspecto de su vida cotidiana, un profundo respeto por la naturaleza, no solo cuando viaja a otros lugares, sino desde su propia casa: no contaminando, compactando la basura, no descargando tóxicos ni aceites en el drenaje, respetando la fauna, etcétera.

IN: ¿Cuáles son los obstáculos con los que se encuentra?
PM: Sufro el desgaste de las reglamentaciones, que si bien es cierto están para algo, no menos cierto es también que muchas veces se convierten en trabas burocráticas que abortan ilusiones y no dejan brindar la experiencia de tantos años. Muchas de las propuestas tiene por objeto recuperar la alegría de disfrutar la naturaleza y aprender sobre ella en forma responsable, en la mayoría de los casos son metodologías en que se ocupa el aula o el patio de la escuela como laboratorio y busca rescatar el espíritu del descubrimiento, que todos los chicos comparten y que se vuelve clave en la clase del aula.