Allí donde lo fueron a buscar los cardenales, “el fin del mundo”, según dijo, la República Argentina, Ciudad de Buenos Aires, nació en 1936 Jorge Mario Bergoglio, desde ayer el papa Francisco, quien se dirigió a los miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro en la lengua de sus padres, Mario y Regina, el italiano: “el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo, pero ya estamos aquí", dijo, tal vez con cierta ironía, mientras las cámaras y la mirada del mundo captaban el ondear de un par de banderas celestes y blancas.

El pasado 17 de diciembre, este cura jesuita ordenado sacerdote en 1969, cumplió 76 años y hasta la renuncia de Joseph Ratzinger, esperaba pacientemente su jubilación, tras una década y media al frente del arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires, y algunos años como primado de la Argentina, el cargo más alto en representación de la Iglesia Católica en el país y como presidente de la Conferencia Episcopal.

Para el mundo es el primer papa latinoamericano, también el primer jesuita. Para el país, la investidura albina difícilmente logre ocultar una historia rica en actividades pastorales, políticas y sociales. Ayer no dejaba de debatirse sobre su posición contraria al aborto y al matrimonio igualitario, la acusación de haber contribuido a la desaparición de dos sacerdotes jesuitas en los 70 y de callar los crímenes de la dictadura, su combate contra la trata de personas y el trabajo esclavo y su diálogo abierto con representantes de diversas comunidades y de otras religiones, sobre todo la judía. Por estas últimas características, es que algunas voces auguran un papado menos conservador que el anterior.

Leé la nota completa en el sitio de Tiempo Argentino - Un jesuita denunciante de la trata y firme opositor al matrimonio igualitario