El tamaño del mercado que opera el dólar paralelo es pequeño, tanto que la mayoría de las operaciones se hacen en el mercado que regula el Banco Central. Como las importaciones de las empresas y el pago de la deuda. De hecho, el del informal no puede considerarse un mercado, porque no existe un precio único. Si para la consideración de los economistas liberales el dólar libre es la demostración de que el mercado funciona correctamente y que los agentes se comportan con una libertad supuesta, ¿dónde está el precio único? Depende de la cara del comprador. Sin embargo, como la brecha entre ambos segmentos está en aumento, aparecen quienes hacen negocio al adquirir un dólar por vías legales y cambiarlo en el mercado del blue. Existen dos temáticas a discutir. Por un lado, las regulaciones aparecen para cubrir el déficit de dólares en una economía en crecimiento, donde las importaciones suben más que las exportaciones. Además, se debe disociar lo que es el fenómeno inflacionario de lo que es el cambiario. El argumento que vincula ambos eventos esgrime que el precio del dólar ilegal depende de los bajos tipos de interés bancarios. Sin embargo, los bancos no compiten con las cuevas por el dinero de los ahorristas debido a la magnitud que tiene el pequeño mercado del dólar informal. Y por ello las tasas se mantienen estables. De todos modos, resulta preocupante que algunos agentes económicos tomen los valores del blue como referencia. Pero, ¿por qué esto no fogonea también a los precios?

Porque las importaciones se manejan en el mercado único de cambio. Debido a que estamos en meses de cosecha, algunos grupos exportadores presionan por tener una rentabilidad mayor al momento de liquidar las divisas, por lo que buscan un tipo de cambio oficial mayor. Para entenderlo mejor: supongamos que una devaluación del 10% es un incremento del 10% de las ganancias de los exportadores. La verdadera presión que puede llegar a tener un mercado pequeño dentro de la economía es ínfima, por la amplificación del tema esconde la voluntad de generar fantasmas de que el tipo de cambio está atrasado. Lo cierto es que nada de eso es real. El superávit del balance comercial de bienes lo comprueba, ya que fue de 11 mil millones de dólares el año pasado y permitió sostener el tipo de cambio, el nivel de reservas y pagar la deuda externa. Asemejar el tipo de cambio o la inflación con un descalabro de la economía significa un error de interpretación. Si bien están estrechamente relacionados, la magnitud de uno y del otro no explica una relación causal con el escenario actual. A futuro, una buena medida sería ordenar todas las regulaciones actuales para homogeneizar y evitar grises en los mercados. También sería conveniente dar una herramienta extra que direccione los ahorros, como regular la adquisición de dólares para el ahorro minorista. Otra solución sería que el gobierno abra el flujo del mercado cambiario, de modo que se demuestre que las presiones existentes están basadas únicamente en la especulación financiera.