El Banco Central Europeo acaba de revisar a la baja sus previsiones de crecimiento de la economía de la zona del euro para el año 2013, previendo una contracción del 0,5%, frente a la caída del 0,3% pronosticada dos meses antes. Mientras tanto, se siguen rompiendo los récords de desempleo, que se ubicó durante el primer mes del año en el 11,9%, con fuertes heterogeneidades al interior de la zona, siendo los casos más complejos los de España y Grecia, que superan el 26 por ciento.

Siguiendo las repercusiones de la crisis, el jueves 14 de marzo el ex presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, señaló que "no excluiría la posibilidad de que corramos el riesgo de ver una revuelta social" y señaló que "los líderes tienen dos opciones: ignorar esas protestas y dejar que se extiendan o bien tener en cuenta sus demandas, que se están formulando seriamente". Su dilema fue respondido con el "rescate" a Chipre. El sábado 16 de marzo las autoridades europeas anunciaron un préstamo condicionado al gobierno chipriota por 10 mil millones de euros. Según el comunicado de prensa del Eurogrupo (16 de marzo), el préstamo estaba destinado "a salvaguardar la estabilidad financiera de Chipre y del área del euro". A cambio, se pidieron fuertes recortes fiscales (4,5% del PIB), el compromiso de avanzar con las privatizaciones y la reestructuración y recapitalización del sistema bancario. El aspecto novedoso del acuerdo tuvo que ver con el cobro de un "impuesto" sobre los depósitos, lo que en la práctica implicaba literalmente una quita del 6,75% de los depósitos menores a los 100 mil euros, medida que representaba un duro golpe a la garantía de depósitos europea, y del 10% para los montos superiores.
 
El anuncio causó la reacción inmediata de la población, que acudió a retirar los fondos de las entidades, situación que motivó la implementación de un corralito bancario destinado a evitar la quiebra del sistema financiero. La noticia tampoco pasó desapercibida en el resto de Europa, en particular en la periferia, temerosa de que una medida de este estilo pudiera sentar un precedente para otros países. 
 
Christine Lagarde, quien fue la encargada de dar a conocer la posición del FMI en un comunicado de prensa posterior al acuerdo (N° 13/80, 16 de marzo) sostuvo: "Le doy la bienvenida al acuerdo logrado hoy para abordar los desafíos económicos de Chipre. El FMI siempre ha dicho que apoyaría una solución que sea sustentable, financieramente viable y que distribuya los costos de manera equitativa. Creo que el paquete acordado cumple con estos tres objetivos." Cabe preguntarse qué significa para Lagarde una distribución de costos equitativa, cuando promueve que parte de ellos recaigan sobre los depositantes más chicos.
 
Dentro de esta peculiar "equidad" se estableció que la troika desembolsaría un préstamo por 10 mil millones de euros, por el cual la deuda pública crecería del 84% al 138% del PIB, un nivel insostenible, sólo si Chipre logra reunir cerca de 5800 a 7 mil millones de euros con las medidas. Una escasa "ayuda" con una elevada exigencia que sumirá al país en una mayor crisis de largo plazo. 
 
ECONOMÍA DE CASINO. Chipre es el país más chico de la zona del euro (0,2% del PIB regional), y a la vez cuenta con un sistema financiero de gran tamaño (coho veces el PIB) que estuvo muy expuesto a la quita en la deuda de Grecia y a los requerimientos de capitalización que se impusieron sobre todos los bancos de los países europeos. Además, en Chipre sólo tres entidades explicaban en 2011 el 90% de la capitalización de mercado, lo que habla de una fuerte concentración y de típicas entidades demasiado grandes para ser salvadas por el gobierno local.
 
En la nota "El trauma de la isla del tesoro" (El País, 24/03/13), Paul Krugman explica que Chipre "es un paraíso fiscal en el que las corporaciones y los extranjeros acaudalados ponen su dinero a buen recaudo (...). Chipre es un lugar en el que la gente –sobre todo, pero no sólo, los rusos– oculta su riqueza tanto a los recaudadores de impuestos como a los reguladores (...) Es básicamente una cuestión de lavado de dinero." Y también dice que esta característica ha sido muy mala para los chipriotas, porque el dinero fue a financiar inversiones malas, como deuda griega e inversiones inmobiliarias que derivaron en una inmensa burbuja.
 
Creo que es muy importante esta descripción, pues pone nuevamente en el centro de discusión a la regulación financiera y la falta de avances al respecto, a cinco años ya de la crisis, además del rol negativo que desempeñan los paraísos fiscales. Retomando a Krugman, concluye diciendo que "Todo el mundo se lamenta por los déficits presupuestarios, pero a pesar de ello, las sociedades anónimas y los ricos siguen utilizando libremente los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos como la gente de a pie."
Hasta hace poco, Chipre era considerado una especie de buen alumno, a pesar de ser un país vulnerable, al que por cierto aceptaron como socio del euro en 2008, apenas comenzado el estallido de la crisis, lo que habla de la responsabilidad que le cabe a la zona euro. Un país que, según lo dicen los informes del FMI en la revisión IV de noviembre de 2011, tenía entre sus ventajas, las bajas tasas impositivas a las corporaciones, el marco macroeconómico estable, una fuerza de trabajo angloparlante bien educada, una deuda pública baja (48% a fines de 2008), y era un país que hacía las veces de centro financiero internacional; además, los ingleses invertían grandes sumas en un sector de la construcción, en viviendas que utilizaban para vacacionar. 
Las responsabilidades compartidas también alcanzan a la etapa actual de agravamiento de la crisis. 
 
Por ejemplo, el Banco Central Europeo anunció que cortaría la liquidez a los bancos de Chipre el lunes 25 de marzo si no se alcanzaba un acuerdo, desconociendo el riesgo sistémico que esta decisión conlleva. Bajo esta amenaza, el parlamento chipriota votó una ley de reestructuración del sistema financiero y fuertes medidas de control de capitales. 
 
El domingo pasado se alcanzó el acuerdo, y se especula con que se aplicará una quita significativa a los depósitos mayores a 100 mil euros en el Banco de Chipre, la entidad más grande del país. También se decidió la liquidación de Laiki, el segundo banco en importancia y el más comprometido, que se dividirá en un banco bueno con depósitos inferiores a 100 mil euros y uno malo con el resto de los depósitos, las acciones y la deuda, que sufrirán quitas significativas. 
 
Volviendo al tema de las responsabilidades, no sólo alcanzan a Lagarde por lo ya expresado, sino que también tocan al presidente del Eurogrupo, Jeroen Djisselbloem, quien dio a entender que el ajuste solicitado a Chipre, con quita de depósitos incluida es "un modelo que podríamos aplicar también a futuros salvatajes", generando una polémica de grandes proporciones, pues la sola idea de extender la quita sobre los depósitos a otros países en crisis causó un enorme temor en el resto de Europa. 
 
No deja de llamar la atención la desidia con que se toman las decisiones en las más altas esferas europeas, la falta de autocrítica, la errada evaluación de los efectos sistémicos de las medidas propuestas, así como también la errónea percepción de quienes deben pagar los costos y una falta absoluta de preocupación por la dramática situación social.