Con un resultado que muestra cabalmente que el país está actualmente dividido por mitades (50,66% para Maduro contra el 49,07% de Enrique Capriles Radonski) y mucho para analizar, lo primero que hay que concluir es que no hubo un traslado automático de votos entre el difunto ex presidente Hugo Chávez y su designado sucesor Nicolás Maduro.

En muchas ocasiones se presta poca atención al componente emotivo del voto que, en el caso venezolano, fue de vital importancia. Podemos aceptar que, como candidato designado por el propio Chávez, Maduro gozó de los beneficios que este hecho le otorgaba; fundamentalmente la disposición de todos los recursos estatales al servicio de la candidatura. Incluso pienso que dentro de las propias filas del PSUV hubo un apoyo incondicional al (¿electo?) presidente Maduro que seguramente va a extrañar con el correr del tiempo y el aumento de las dificultades; una de las cuales es el estrecho margen que el Consejo Nacional Electoral (CNE, cuyo sitio web se encuentra caído desde hace varias horas) le atribuye al candidato ganador.

Sabemos por la experiencia del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner que la muerte provoca un nivel de empatía en la gente que puede hacer olvidar momentáneamente aquellos reclamos que podían tener hacia la acción de gobierno. En el caso del ex presidente argentino fue muy notorio el aumento de popularidad que automáticamente cosechó su viuda Cristina Fernández y que finalmente le permitió obtener con comodidad la renovación de su mandato.

En el caso venezolano parece no haber sucedido lo mismo, a tal punto que Maduro no sólo no pudo convocar a todos los chavistas a que acudieran a las urnas sino que “logró” que varios de ellos se pasaran a las filas de la oposición. Las razones de este suceso irán aclarándose de a poco pero lo que sin dudas influyó es la abismal diferencia de carisma entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro como así también el nivel de agradecimiento para con el difunto líder de parte de quienes vieron en él al único que les dio entidad y los reconoció como ciudadanos con derechos. Muchos venezolanos sienten haber devuelto ya con votos y devoción todo aquello que el difunto líder les dio y que ahora sienten que es el momento de solucionar algunos problemas, tales como la inflación, la inseguridad, y la escasez de productos básicos. Tampoco hay que descartar que los frecuentes acercamientos a cierto misticismo que exhibió Maduro como candidato (con el “pajarito chiquitico” a la cabeza) no lo han ayudado en su campaña.

La elección realizada por el líder opositor Henrique Capriles Radonski fue muy buena teniendo en cuenta que la mayoría de las encuestas lo ubicaban 10 puntos por debajo del candidato oficialista. Será su gran desafío mantener unida tras su figura a una oposición que agrupa a sectores con pensamientos políticos y económicos muy diferentes entre sí aunque esta elección le otorga un gran espaldarazo como para erigirse como líder del proceso que pueda en un futuro reemplazar el dominio absoluto que por tantos años ejerció (y ejerce) el chavismo.

El pedido de apertura de urnas por parte del candidato Capriles (y la aceptación por parte de Maduro) le otorga mayor dramatismo al proceso. Sería importante que esto se realice con la mayor transparencia posible para poder garantizar la paz en el comienzo del nuevo ciclo político, cualquiera sea este, que tiene la difícil tarea de ocupar el centro del poder dejado vacante por el carismático ex presidente Hugo Chávez.