El paradero del mayor Carlos Antonio Españadero aún era un misterio. Por motivos inexplicables, no había trascendido que este militar de 81 años –quien durante la última dictadura fue nada menos que jefe de Situación General del Batallón 601– terminó tras las rejas el 6 de septiembre de 2012 por orden de la jueza federal de Comodoro Rivadavia, Eva Parcio de Seleme, debido a su responsabilidad en la desaparición del soldado José Luís Rodríguez Diéguez. En esa misma causa también están procesados Teófilo Saa y Jorge Rafael Videla.

En el pasado, Españadero se hacía llamar "Fernando Estevarena", "Doctor Peña" o, simplemente, "Peirano"; sus pares lo llamaban "El Viejo". Lo cierto es que aquel tipo de cabello levemente rizado, hombros caídos y edad incierta tenía una semejanza con Adolf Eichmann: era un burócrata del exterminio. Su especialidad consistía en el análisis y la valoración de informaciones que –en la etapa previa a los secuestros masivos– se basaban en denuncias, infidencias y presunciones. Aquella tarea le había permitido armar un valioso archivo con fichas sobre cientos de personas sospechadas de llevar al cabo "actividades subversivas". La mayoría fue luego capturada y conducida a las mazmorras del Ejército. 

Paralelamente, el mayor cultivaba otra de sus habilidades: la "penetración" y el "doblaje" del "enemigo". Tanto es así que desde mediados de 1974 estaba al frente de una pequeña pero auspiciosa red de agentes que él mismo había elegido y entrenado para infiltrar a las organizaciones revolucionarias. La gran estrella de su elenco fue Rafael de Jesús Ranier, alias "El Oso", un soplón que se había instalado en el ERP. Se le atribuye la entrega de medio centenar de militantes y las 53 bajas en el delatado ataque al Batallón de Monte Chingolo; además, propició la localización de casas operativas, talleres de armamento, imprentas y depósitos de propaganda, donde murieron acribilladas otros 13 militantes. 

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