¿Hay mayor satisfacción que comer productos cultivados por nosotros mismos? Es cuestión de probar y experimentar ese placer. Un poco de tierra, agua, luz, paciencia y dedicación es todo lo que se necesita para poder llevar a la mesa un tomate recién sacado de la planta, sabroso y sin agroquímicos.

Si el deseo es alejarse de esos productos artificiales que ofrecen los supermercados, no es necesario ser un experto en botánica ni tener un amplio jardín. Al momento de animarse a cosechar, vale todo: desde un patio o terraza hasta incluso un pequeño balcón.

“Cualquier lugar es apto, siempre y cuando llegue el sol directo al menos entre cuatro y cinco horas al día y que haya un buen suelo”, detalla Valeria Churba. Junto a Justine Massey, es una de las creadoras de Jardín Gourmet, un emprendimiento que monta huertas urbanas a domicilio. “Tener una huerta además transforma la estética del hogar, convirtiendo espacios grises y vacíos en armoniosos lugares verdes”.

“Todas las plantas necesitan del mismo cuidado: dedicación y un poco de mimos. Llegar del trabajo y pasar por tu huerta, ver si tienen agua o si hay que cosechar: eso es amor”, agrega Federico Moschettoni, chef y fundador de Del Gorro, otra empresa que diseña huertas según las necesidades y recursos de cada cliente.

Si se tiene en cuenta esta serie de tips esenciales, el sueño de la huerta familiar es posible. La clave: contagiarte del espíritu green y no tener miedo de meter las manos en la tierra.

Primer paso: ¿dónde plantar?

Para disfrutar del placer de comer vegetales frescos y saludables sin la intervención de pesticidas, lo único necesario es que las plantas cuenten con un ambiente sano; es decir, sol y buena tierra.

Lo primero que hay que hacer es buscar el lugar de la casa donde los rayos del sol permanezcan por más tiempo durante el día. En verano, por ejemplo, es aconsejable poner una media sombra. También hay que analizar que haya una canilla cerca para facilitar el riego o si existe la posibilidad de juntar agua de lluvia.

Respecto al tamaño, para no fallar en el intento, lo ideal es comenzar con una superficie pequeña –2 ó 3 m2– e ir incrementándola de acuerdo a las necesidades de cada familia.

Segundo paso: ¿qué plantar?

Para elegir las hortalizas se debe tener en cuenta tanto la época del año como el tamaño y los tiempos que implicará su crecimiento.

“Si se tiene poca disponibilidad de luz, lo importante es elegir los cultivos que no tengan ese requerimiento, por ejemplo mentas y melisa”, sugiere Churba. Consejo: la mayoría de las aromáticas pueden vivir perfectamente sin que les llegue el sol directo.

Otra planta ideal para principiantes es la rúcula, que puede sembrarse durante todo el año; sólo requiere de un riego diario y que el suelo esté bien drenado. Durante la temporada otoño-invierno, conviene elegir las hortalizas que resistan heladas: arvejas, brócoli, repollos, cebolla de verdeo, puerro, lechugas y acelgas; o de raíz, como zanahorias, remolachas y rabanitos.

Tercer paso: ¿en qué cosechar?

Con al menos 40 centímetros de profundidad para que las raíces crezcan a gusto, se puede usar macetas individuales o cajones. Siempre y cuando esté perforado en la base –para permitir el drenaje–, la huerta puede armarse en cualquier recipiente: canastos, cajones, tachos de pintura o hasta lavarropas viejos.

En caso de querer poner cada planta en su maceta, hay que considerar que para aromáticas el tamaño tiene que ser por lo menos de 15 centímetros de alto y ancho; en cambio, para tomates se debe tener un espacio mayor a
40 x 40 centímetros.

Si se elige macetas grandes, entre planta y planta tiene que haber –como mínimo– 20 centímetros de distancia.

Ojo: es importante conocer los requerimientos de agua y luz para combinar plantas. Por ejemplo, el romero es compatible con el repollo, la salvia, zanahoria o lentejas, pero es desfavorable combinarlo con el tomate y el maíz.

Cuarto paso: ¿cómo plantar?

Una vez elegida la maceta, el paso siguiente es colocar una capa de 2 ó 2,5 centímetros de leca, o también puede ser piedra partida, macetas rotas, trozos de ladrillos o canto rodado. Después hay que completar con la mezcla preparada –tierra fértil, abono y perlita o arena–, hasta 1 centímetro antes del borde de la maceta.

Cosechar con semillas: primero hay que realizar el surco con la azada y regar con un chorro de agua. Una vez colocadas las semillas en el surco, rastrillar para tapar con tierra y regar en forma de lluvia fina, sin encharcar.

Cosechar con plantines: hacer un hoyo con el plantador, colocar el plantín y tapar con tierra con la mano, apisonando con los dedos firmemente. Luego, regar en forma de lluvia fina.

Quinto paso: ¿cómo mantenerla?

La cantidad de agua que va a necesitar la planta dependerá de la humedad del ambiente. Una forma útil y efectiva de comprobar si la tierra está óptima es enterrar un poco el dedo, porque la tierra de arriba suele estar más seca que el interior.

Para ahuyentar a las hormigas negras, se puede poner plantas de caléndula. “No sólo las espanta, sino que también se puede consumir sus pétalos”, aconseja Moschettoni.

Al momento de regar, en cuanto se vea que sale el agua por abajo, es el momento exacto para parar. Otro error típico: ¡poner platitos debajo de las macetas! Esto acumula agua y deja sin oxígeno a la planta.

Si se tiene pleno sol, se puede colocar el tomate y a su sombra la albahaca, para que la proteja del sol de la tarde. “La planta de albahaca luego del verano muere; es el proceso natural de la planta. Ésta es una de las frustraciones más usuales: mucha gente piensa que murió porque no la supo cuidar”, explica Churba.

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