Es por esto que Justicia Legítima tiene una trascendencia mucho más importante que las coyunturas, ya que está quebrando con una cultura del corporativismo que impregna a la justicia de nuestro país desde su creación y que hoy sale a la luz y pone de relieve la crisis. 

La segunda es que volvió a poner en evidencia que somos muchos los abogados y otros operadores jurídicos los que, no sólo estamos seguros de la legitimidad de las leyes que impulsan la democratización de la justicia, sino que además estamos convencidos de su conveniencia y necesidad, porque es imperioso transparentar al Poder Judicial.

Por otro lado, vale decir que existe un discurso casi esquizofrénico en gran parte de la sociedad argentina.

Lo que digo se confirma con la mera lectura de un periódico local, ya que en las tapas y primeras páginas, cuando se trata de investigaciones a funcionarios o hechos de inseguridad, existen ríos de tinta que nos dicen que la justicia es oscura, que está anquilosada, que no sirve, que es corrupta; en definitiva que es ineficaz.

Sin embargo, alcanza con cambiar la página del mismo medio para leer que a la justicia no hay que tocarla y que hay que dejar al Poder Judicial como está.

Creo que esta convocatoria de Justicia Legítima, de organismos de derechos humanos y de otras organizaciones como la nuestra, Abogados por la Justicia Social (AJuS), se da por la relevancia de poner a la justicia al servicio de la gente, que es imperioso transparentarla, porque no podemos seguir viviendo en la esquizofrenia, porque hay que actuar y lograr que el Poder Judicial sea un poder del estado con la participación de todos.