Desde hace varias semanas se fue instalando la casi certeza de que la Corte Suprema de Justicia fallaría en contra de la constitucionalidad de los artículos de la Ley de Medios que se encuentran frenados desde hace más de cuatro años a través de las medidas cautelares interpuestas por el Grupo Clarín desde la promulgación de la Ley en 2009.

La sospecha acerca de que, incluso, el fallo ya estaría escrito se fue construyendo a partir de la decisión adoptada por la Corte al resolver en contrario de las leyes que conformaron la llamada Reforma Judicial, enviadas por el Poder Ejecutivo y aprobadas por
el Congreso de la Nación. A esto se le sumó la reciente decisión, también de la Corte, de dejar firme una medida cautelar de la Cámara Civil y Comercial Federal a favor de la Sociedad Rural Argentina suspendiendo el decreto presidencial que restituía al Estado el predio de Palermo.

La convocatoria a las audiencias públicas celebradas ayer, y que continuarán en el día de hoy, también fueron en la misma dirección de interpretación de un posición esquiva por parte de la Corte. La poca sostenible argumentación de los supremos de
solicitar más exposiciones de las ya vertidas por ambas partes a lo largo de los últimos cuatro años, sugería que perseguiría la estrategia de patear el fallo hacia adelante, y de politizar el futuro fallo.

En esa dirección, en la audiencia de ayer Horacio Verbitsky, en representación del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), le enrostró a Ricardo Lorenzetti este procedimiento al afirmar: "Esto contradice al discurso del presidente de la Corte que dijo que
no había que politizar la Justicia. Se polarizó a los amicus curiae y eso no es positivo." Verbitsky continuó diciendo: "La Corte aplana como mera cuestión de partes un debate vital para la conformación de la democracia. Además de las partes de este expediente, hay un país afuera."

Luego de escuchar las exposiciones de quienes ofrecieron posiciones en representación de ambas partes, tal vez el presagio de que el fallo saldría desfavorable o de tipo salomónico, haya quedado debilitado. Las exposiciones de los representantes
del gobierno nacional fueron, sin temor a exagerar, ampliamente superiores en la solidez de sus fundamentaciones respecto a las del Grupo Clarín porque especialmente tuvieron una densidad democrática en sus fundamentos que superó las meras
articulaciones de los expositores del Grupo Clarín que solamente se remitieron a cuestiones empresariales y económicas.
Allí estuvo hoy la gran diferencia. Dejando las especulaciones antes mencionadas respecto al futuro fallo, las voces y argumentos en favor de la pluralidad, el derecho al acceso a la información, y la disputa central que la Ley de Medios representa contra el
poder de los monopolios, en este caso mediáticos, queda ya inscripta en un triunfo en la ampliación de derechos y libertades por sobre la concepción formal de un sistema democrático reticente a las transformaciones necesarias que emanan del poder popular
frente al de las minorías.

Tal vez la más inesperada intervención, dado el prestigio y reconocimiento que supo gozar en otros tiempos, provino del sociólogo y semiólogo Eliseo Verón, representante del Comité del Consumidor (Codelco), amicus curiae del Grupo Clarín que con debilidad
argumentativa consideró que la norma "ya era obsoleta el día en que salió publicada en el Boletín Oficial" porque no preveía la "revolución" generada por la expansión del uso de Internet. En otro párrafo afirmó: "No hay ninguna razón de limitar ciertas voces
con el pretexto de que vengan otras", aseveró, y agregó: "La situación hoy es mucho más compleja que la situación anterior; multiplicar los obstáculos de las voces existentes me parece totalmente descabellado."

Entre las voces que más se destacaron por su elocuencia, frontalidad y claridad fue la de Cynthia Ottaviano, defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, su exposición basada, en gran parte de alocución en la lectura de testimonios de
ciudadanos de distintos puntos del país que sufren las consecuencias de quedar atrapados en la limitación al derecho a disponer del acceso a la información que impone el monopolio mediático del Grupo Clarín al negarse a incorporar en su grilla a canales de
información, culturales y de entretenimiento además de no tener opción en sus localidades a disponer de otra alternativa a contratar los servicios de otras empresas de señal de cable. "Cuánto tiempo más debe esperar el publico para que dejen de lesionar su acceso a la comunicación. Ahora es tiempo de considerar la información como un derecho y no como mercancía.
Es tiempo de que esta Corte decida quién es David y quien es Goliat", metaforizó. "Las audiencias son el David de esta historia", continuó, y llamó a los jueces: "Que Dios los ilumine para que vean lo mismo que vemos nosotros."

Por su parte, la procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó afirmó en su intervención: "Le pido a la Corte que valore el peso relativo de los reales intereses de un grupo de no desinvertir y mantener la concentración mediática y otros intereses que
tutelan los derechos fundamentales de la libertad de expresión y la soberanía del pueblo", Una multitud de militantes, organizaciones sociales y dirigentes políticos del oficialismo acompañaron las instancias de la audiencia pública en la Plaza Lavalle, frente al Palacio de Tribunales. Es de lamentar que no se encontraran entre los asistentes del público que colmó la Plaza Lavalle con la presencia de alguno de los tantos dirigentes políticos, senadores y diputados que en el año 2009 votaron la aprobación de la Ley de Medios.


Muchos de ellos hoy se encuentran en la oposición, y sólo por mencionar alguno, Vilma Ibarra, Victoria Donda, Claudio Lozano, Julio Piumato, Roy Cortina y Ruben Giustiniani, que, atrapados en el discurso de que lo que se libra aquí es solo una batalla entre el kircherismo y el Grupo Clarín prefirieron, ayer, la riesgosa neutralidad. El fallo de la Corte no se demorará mucho tiempo más. Si será antes de las elecciones de octubre, o después, es otra especulación que se baraja en estos días. Sea cual sea el resultado,
lo de ayer y lo que hoy continuará no lo podrá silenciar ni el peor de los fallos.

La lucha por la democratización de los medios de comunicación, y especialmente contra los monopolios, es una batalla que va mucho más allá de las mezquindades de muchos dirigentes políticos que hoy se escudan en el Grupo Clarín y en la defensa de
su libertad de expresión por temor a perder visibilidad en sus medios. Si el fallo es desfavorable, ya quedó claro que habrá otras leyes, otras acciones, otras movilizaciones. Porque lo que no logrará un fallo adverso es hacerle bajar los brazos a los millones de argentinos que no están dispuestos a seguir en manos de los secuestradores de la palabra. En esto no hay vuelta atrás.