¿El legendario cajón de Herminio definió la elección? ¿Cómo se gestó la denuncia del denominado pacto militar sindical? ¿Por qué hizo falta una ley de Obediencia Debida si ya Alfonsín en la campaña había hablado de los tres niveles de responsabilidad? ¿Estuvo en riesgo en algún momento el proceso electoral que derivó en los comicios del 30 de octubre?

Esta y otras preguntas encuentran una respuesta o, al menos, un análisis profundo y documentado en “1983 El año de la democracia”, de Germán Ferrari, editado este año por Planeta. El libro recorre la efervescente y entusiasta apertura democrática, la definición de las candidaturas, las campañas electorales, los intentos de la dictadura por condicionar al inminente gobierno constitucional, las elecciones, el armado del gabinete de Raúl Alfonsín, la asunción y los primeros días de su presidencia, en los cuales se tomaron decisiones que repercutieron en la vida del país durante los años posteriores.

Para conocer más sobre esta obra, INFOnews conversó con su autor.

INFOnews: ¿Cómo fue la decisión de qué temas tocar, cómo ordenarlos, cómo jerarquizarlos y a quiénes entrevistar?

Germán Ferrari: Si quedaba solamente una estructura cronológica algunas cosas iban a quedar afuera. Entonces decidí un camino intermedio, a lo Rayuela, salvando las distancias, de seguir un orden cronológico en los capítulos impares, y guardarme los cuatro capítulos pares para temas que me parecía importante tomar por sí solos. Así nacieron los capítulos vinculados con el exilio, los archivos de la bonaerense, la cultura y los medios gráficos. Hay más de 60 entrevistas, podría haber hecho el doble o el triple si hubiera tenido más tiempo o si el libro fuera más extenso.

IN: ¿Hubo algún personaje que haya querido entrevistar y no pudo hacerlo?

GF: Sí. Me hubiese gustado entrevistar a Ricardo Alfonsín, a Hipólito Solari Yrigoyen, a José Ignacio López y a Nilda Garré. Con los cuatro tuve contactos, pero finalmente no fue posible concretar las entrevistas. De todos modos, los pude suplir con otros testimonios.

IN: ¿Qué testimonios fueron fundamentales para que el libro haya sido finalmente lo que es?

GF: Fueron muy importantes los más puntillosos o más generosos, o se explayaron más respecto de algunos hechos puntuales. Algunos incluso aportaron material, como por ejemplo Héctor Polino, que me prestó material de su archivo personal. O testimonios de gente que recordaba muy puntualmente ciertos acontecimientos, como es el caso de Carlos Campolongo, Hilario Mollar, Facundo Suárez Lastra y Horacio Ravenna.

IN: Leyendo el libro da la sensación de que todos los entrevistados lo hicieron con una predisposición, un entusiasmo y espíritu de colaboración destacables

GF: Tiene que ver con el contexto histórico, el evocar la época. Por eso fueron muy pocas las negativas, porque la verdad es que de izquierda a derecha fue un momento muy grato desde lo íntimo y desde lo partidario, más allá de los resultados electorales. Fue un momento muy grato para la sociedad poder realizar las elecciones y poner fin a la dictadura. Es un momento que se recuerda a la distancia con mucho cariño, más allá de la suerte electoral de los vencedores y de los derrotados. Porque todo, de alguna manera, refleja esa construcción colectiva. Quizás el entusiasmo que se nota en los testimonios del libro refleja el entusiasmo de aquel momento. La alegría por derrotar a la dictadura, alcanzar la democracia y poder votar, por llegar a las elecciones, atravesó a todos los sectores democráticos de la sociedad.

IN: ¿Se encontró con sorpresas entre lo que recordaba o creía recordar y lo que surgió de la investigación?

GF: Está el recuerdo de lo que se sabía, que no era todo. El tema de los archivos de la policía bonaerense, que hacía seguimiento de los partidos políticos y movimientos sociales, sindicales y organismos de DDHH, fue una sorpresa. Uno sabe que la policía hacía inteligencia, pero ver los textos de los informes, cómo se elevaban, es asombroso. Uno los lee y son unos textos tristemente desopilantes. Otro episodio es el tema de la denuncia del pacto militar sindical. La narración que hace Ricardo Yofre sobre la construcción de esa noticia y cómo llega a ser difundida, los entretelones anteriores y posteriores que cuenta me parecen muy interesantes también, porque no es un tema tan conocido. Ha quedado en el imaginario argentino como la denuncia de Alfonsín, pero se ignora todo el entramado que se jugó en ese momento, cómo se dio y quiénes participaron. La cuota de verdad, la cuota de construcción y la cuota de mentira que hacen al armado de una noticia. Eso también me sorprendió, ese grado de minuciosidad, de cosas ocultas sabidas a medias.

"Es un momento que se recuerda a la distancia con mucho cariño, más allá de la suerte electoral de los vencedores y de los derrotados"

IN: Se toma el 83 como año bisagra porque no volvió a haber golpes ni dictaduras. ¿Fue sólo por el desprestigio de los militares o se puede decir que los que actuaron políticamente ese año hicieron algo bueno para sembrar esta democracia duradera?

GF: Es todo eso, pero yo coloco más el tema en la sociedad, que fue adquiriendo una cultura democrática. Las nuevas generaciones tienen una relación mucho más estrecha con la democracia que la de generaciones anteriores. Una democracia imperfecta, con deudas, que hay que profundizar, que tiene que ser más participativa, que tiene que acortar la brecha entre ricos y pobres, etc, pero los sectores autoritarios hoy por hoy son minúsculos, y nadie piensa en un golpe a la manera tradicional. La cultura democrática de Argentina ha fijado y ha consolidado unos cimientos, desde mi punto de vista, bastante sólidos como para cuidar el sistema e intentar mejorarlo. Gracias a eso nuestra democracia resistió incluso la crisis de 2001, que fue una prueba importante.

IN: ¿Qué hubiera sucedido si ganaba el peronismo en el 83?

GF: Luder no entusiasmaba, pero había un convencimiento de la victoria y unas ganas de la victoria que hacían pensar que una vez en el gobierno se iba a solucionar de alguna manera. Como por ejemplo el tema de la política de DDHH, ver cómo pugnar para arrancarle a Luder la decisión más categórica respecto de la autoamnistía. Primero dijo que no, después que sí. Pero estaba esa idea: llegamos al gobierno y una vez que estemos ahí vemos cómo resolvemos nuestras internas. Yo creo que hubiera sido muy complicado poder aunar criterios en esa dispersión que era el peronismo del 83. Con sectores del centro hacia la derecha muy fuertes, muy hegemonizados con figuras como Lorenzo Miguel, Herminio Iglesias, y con lo que sería del centro hacia la izquierda muy minoritarias, muy reducidas, tanto acá como en el exilio. Creo que hubiera sido inmanejable ese gobierno supuesto encabezado por Luder y Bittel.

IN: ¿Qué te hubiera gustado preguntarle a Raúl Alfonsín si estuviese vivo?

GF: Me hubiera gustado preguntarle todo lo que tiene que ver con la construcción, con el armado político. Le hubiera preguntado por qué esa necesidad de agrupar sectores que en algunos casos eran declaradamente antiperonistas dentro de esa estructura de gobierno, o muy cuestionados desde el punto de vista ideológico como podía ser Troccoli y la gente de la derecha radical. Si no hubiera sido interesante radicalizar algunas propuestas como pensaban muchos dirigentes juveniles de entonces. Por qué tener de asesor a Ricardo Yofre por ejemplo, gente que había sido más tolerante o colaboracionista con la dictadura. Le hubiera preguntado si en algún momento pensó en encarar de otra manera ese tema.

 IN: Durante el año, antes de las elecciones, ¿corrió real peligro el proceso electoral, la posibilidad de llegar a elecciones, o fueron rumores interesados?

GF: En parte fueron operaciones, y en parte deseos de algunos sectores, sobre todo del Ejército, a ver si se podía amedrentar un poco a la sociedad y jugar con ese miedo para postergar el final de la dictadura. Había también un descreimiento, pero cuando se fija la fecha del 30 de octubre a principios de año ya es un mojón más. Antes de eso, la asunción de Bignone con la promesa de ser el último presidente de facto y convocar a elecciones. A medida que se iban cumpliendo los pasos -el empadronamiento, la campaña de afiliación- eso se veía como señales positivas. Después se fue disipando de a poco el miedo por la propia vorágine de la campaña electoral. A partir de agosto/septiembre había mucha más certeza. El prestigio de la dictadura había caído en su punto más bajo. Estaban totalmente echadas las cartas. No habían podido construir lo que se llamaba “la cría del Proceso”, es decir un candidato que los representara. Si bien había candidatos de derecha, no había ningún candidato que fuera la continuación, como sí logró Pinochet en Chile. Había un desprestigio tal que impedía cualquier intento de recomposición.