“No somos empleadas domésticas. Somos trabajadores de casas particulares”. Así se presenta Manuela Muñoz, dirigente del Sindicato de Empleadas en Casas de Familia de Paraná, Entre Ríos. Y su aclaración viene a cuenta de que la palabra “doméstico” si utiliza para los animales, “y nosotras no somos animales, somos trabajadoras. Nuestros empleadores no nos educan para estar en sus casas, somos empleadas independientes”, explica Manuela (30 años). 

INFOnews se comunicó con Muñoz a raíz del caso de Teresa Beatriz Nourikhan, una empleadora que fue imputada por los delitos de extorsión y privación ilegítima de la libertad luego de ser acusada de maltratar a su empleada de origen peruano, y forzarla a renunciar bajo la amenaza de quedarse con su pasaporte.

“Los malos tratos son situaciones frecuentes, que se ven desde que existe este trabajo. Pero las trabajadoras muchas veces se ven superadas por la violencia y no pueden denunciarlo. Los empleadores les hacen sentir que como les pagan tienen derecho a maltratarlas”. Pero desde hace una buena cantidad de años, esa idea comenzó a resquebrajarse.

“Llevamos siete años de trabajando, pero todavía no pudimos llegar a todas las empleadas para que se informen, para que sepan que nadie puede maltratarlas ni retenerles los documentos”, cuenta Muñoz con la satisfacción de saber que su labor es importantísima, pero con la desilusión de no poder cumplir con todas las expectativas. 

Según cuenta la dirigente gremial, que desde hace 10 años trabaja en el rubro, los malos tratos más frecuentes son los insultos. “Te tratan de ignorante. Creen que porque no tenemos acceso a la educación, trabajas en esto porque no tenes otra salida. Y no es así, hoy un 60% de las trabajadoras tienen estudios, pero eligen este rubro”.

Con la ley, un nuevo escenario

Uno de los casos más resonantes que recibieron las trabajadoras de casas particulares en Paraná fue el de una compañera que era víctima de violencia física por parte de los hijos de su patrón, quien aunque tenía conocimiento de esas agresiones miraba para otro lado. Y ella, aunque quisiera renunciar no podía: necesitaba el ingreso para sostener a su familia.

Se supone que para evitar ese tipo de malos tratos se votó la ley denominada Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares, que fue promulgada el 3 de abril de este año. Con esta normativa se regula la actividad de uno de los sectores más postergados y se reconoce a las trabajadoras de casas particulares como empleadas con los mismos derechos que el resto de los trabajadores: vacaciones pagas, licencia por maternidad y por enfermedad, indemnización por despido, y una jornada de trabajo de 48 horas semanales como máximo. 

“Lo más importante de esa ley es que, primero, tenemos ley. Porque no había ningún tipo de regulación, aunque todavía esperamos que se reglamente”, cuenta Muñoz, que como quien enumera una serie de conquistas, repasa: “Con esta ley accedemos a la licencia por maternidad –somos un 90% mujeres y no teníamos ese derecho- y se elimina el trabajo infantil. Además accedemos a una jubilación a licencia por enfermedad”. Pero el sector espera su reglamentación, y con ello la posibilidad de dar a conocer el contenido de la norma a todas las trabajadoras que de manera diaria permiten que gire la rueda de lo cotidiano en miles y miles de casas familiares.