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El reparador

Séptima entrega de "El día que Néstor murió". Diez escritorxs argentinxs recuerdan durante 10 días aquel 27 de octubre de 2010. Cada unx pone en perspectiva, desde la literatura, la importancia de un hecho ineludible para la historia argentina.

El señor es chino, pero vive acá, ¿lo van a censar? Eso preguntó mi hija mientras a las voluntarias del censo 2010 y a mí se nos deformaba la cara. No era por el comentario posiblemente racista de mi hija. Yo había leído en voz alta la noticia. Tenía la computadora en el living y lo dijeron primero en tuiter. Se murió Néstor.

A nosotras se nos derretía la cara como una vela encendida toda la noche pero había sido un día de sol el que había pasado desde que Néstor llegó. Ese día de sol habíamos ido con mi familia a la reinauguración del predio de la ex Esma. Unos años después, no lo sabía, iba a trabajar ahí. Pero antes iba a entrar con terror la primera vez, un día de invierno para leer poesía, casi de noche, y una jauría de perros de otra época me iban a ladrar en el playón. Después iba a volver en primavera con los árboles de moras ya frutados para quedarme un largo rato. Archivo de la memoria.

Están quienes construyen su pasado con la muerte de Perón, la abuela que llora en un pañuelo, y una multitud de hormigas negras que pasan en la retina de una calle o de la televisión. Está el que su primer recuerdo es la muerte de su perro Boldo que lo acompañó en la cama hasta que lo cambió por una chica. Ese 27 de octubre fue el día que algo grande terminó y empezó la historia personal de muchísimas personas, la casta de néstorxs, una trayectoria que va desde la vida de living, el mantel y ese aire de feriado a la peregrinación por Salguero, por las calles del centro hasta la Plaza. Otro hormigueo.

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A los siete, mi hijo le mandó una carta con toda la pompa a Balcarce 24. Fue el presidente que despertó a la democracia de un golpe de bastón en la frente. No hubo límite, ni el cielo, la locomotora a toda máquina. ¿Quién manejaría el control esa noche en el sillón frente a la tele cuando paró el corazón? Él no largaba el control por nada, ni por el beso que le dio arrojada esa última noche Cristina, ya no se daban tantas demostraciones de afecto, equipo táctico y estratégico.

Las sibilantes le salían con el viento trágico del sur, ese que nunca cesa y derriba todo. Y cayeron en deshielo una cascada de leyes de ampliación de derechos para todas y todos, los juicios de lesa. Sacado, cruzado el saco, asimétrico, emparejó la masa crítica que le tocó. No pensó en el legado, pensó en el hoy. Unos años después, con las dudas del mal gusto, le compré a mi hijo fanático la máscara de goma de Néstor. No importaba lo estético, era seguir en él, como el movimiento que no para ni hoy diez años después, con su apellido hecho ismo.

¿Nacieron Néstores después de él, por él? Nació una prima, ese mismo día. Fuimos a verla con la familia rota y recompuesta a la maternidad de la obra social. El olor a nuevo de los bebés que traen la potencia de futuro, una asignación universal bajo el brazo, la primera prima, Néstor reparador por siempre.

Marina Mariasch es Licenciada en Letras, escritora, ensayista y docente. Es activista de género desde Ni una menos, 100% Diversidad y Derechos y Mala Junta Poder Feminista. Forma parte de Latfem.org.

El texto es parte del libro El día que Néstor murió, que podés descargarte de forma exclusiva y gratuita de Infonews.com y en el que 10 autores recuerdan a Kirchner a 10 años de su muerte.

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