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El Gomero de Barrancas y las mil formas de ayudar a las personas sin techo

El comedor popular de Belgrano cumple 18 años. En cuarentena ramificó sus tareas para asistir a 120 personas y 100 familias. Su historia y cómo colaborar.

El Gomero de Barrancas es una olla popular ubicada en uno de los barrios porteños más privilegiados si de acceso a derechos y economía de sus habitantes se habla: Belgrano. El grupo de voluntarixs que la lleva adelante se congregó después del estallido social de diciembre de 2001 como una asamblea de vecinxs autoconvocadxs, una de las cientas que proliferaron en la "ciudad de la furia" ante esa crisis.

Este miércoles 1 de julio, el Comedor cumple 18 años de brindar un plato de comida y otras formas de acompañamiento y contención a personas sin techo. Primero fue a lxs cartonerxs del Tren Blanco del ramal Tigre del Mitre. Tras la cancelación del servicio por parte de Trenes de Buenos Aires y el desalojo violento de lxs cartonerxs de la estación Belgrano C, pasó a asistir fundamentalmente a gente en situación de calle.

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Carlos Durañona es uno de los fundadores. Orgulloso de ese espacio de militancia, le contó a Infonews la reguera de maltratos oficiales que enfrentaron durante este recorrido, de los cuales salieron airosxs. (Nota de la autora: increíble que el Estado que desampara sea el mismo que ataca a quienes desinteresadamente ayudan a lxs que el mismo desprotege. Cosas del sistema).

"Fueron muchas las presiones que hemos tenido sobre todo del Gobierno de la Ciudad, de la policía, de los vecinos, de personas extrañas que han acudido a prepotearnos y amenazarnos hasta que vieron que era difícil movernos de este lugar. Ya pasamos a ser una institución del barrio y nos miran de otra manera. Ya los vecinos no son tan agresivos y algunos se acercan a colaborar. Se han dado cuenta finalmente que no estábamos ahí para juntar delincuentes como se nos acusaba", historiza el voluntario.

El Comedor funcionaba todos los jueves bajo un gomero gigante ubicado en las Barrancas de Belgrano – de allí su nombre- . Se cocinaba en el momento y se compartía la comida, charlas, festejos, tristezas. Ante el agravamiento de la situación que desató la pandemia para la población más vulnerada, sus voluntarixs -y algunes nuevxs- comenzaron a laburar de lunes a lunes.

"Estamos atendiendo alrededor de 120 personas por noche. Y tenemos un doble trabajo: la gente que está en la calle y la gente que venía al comedor que son 100 familias distribuidas en un arco variopinto: Moreno, José C.Paz, San Miguel, Pilar, San Fernando, José León Suárez, Pacheco, Tigre, Escobar, San Isidro y la Villa 31 también. A ellas les llevamos bolsones de comida cada tanto y tenemos contacto por WhatsApp", describe Carlos el despliegue que están llevando adelante para atender todos los frentes.

Más crisis, más solidaridad

Ante la emergencia sanitaria, económica y social, aumentaron las personas que no llegan a fin de mes o que terminan en situación de calle. En respuesta, se sumaron más voluntarixs al servicio social que brinda el Gomero, pese a que algunas tareas implican exponerse aún más al contagio que quedándose en la casa - para lxs que pueden hacer tal cosa-.

Esta situación es casi criminal. Los paradores no los quiere nadie porque ahí ya se contagiaron varios y el trato no es tan afectivo.

Carlos pertenece al sector de población de riesgo. Por eso con su familia aporta gestión, logística, comunicación y la cocina de las viandas. Pero como buen compañero piensa en quienes están realizando la tarea en la vía pública. "Es una situación riesgosa trabajar con personas que no tienen cómo protegerse de la pandemia, no tienen cómo higienizarse y lavarse las manos. Antes iban al baño de los bares, que ahora están cerrados. Están expuestos no sólo al Covid sino a otras enfermedades, pueden ser transmisores por su circular permanente y por esa causa también son perseguidos y expulsados de todos lados".

Al igual que creció la cantidad de personas que necesita asistencia para el alimento, también lo hizo la cantidad de personas, instituciones y comercios que se suman a la causa. "Armamos dos grupos de voluntarios, uno de lunes a viernes y otro para sábados y domingos. Los que se sumaron a colaborar, si bien son instituciones que siempre nos apoyan, son los ex estudiantes de los colegios Sagrada Familia de Villa Urquiza, San Joaquín y Santa Ana de Belgrano. El rector de este último colegio se involucró, como tiene permiso de circulación, nos trae víveres, nos consigue materiales descartables a buen precio en San Martín, donde él vive", describe el militante sobre el entramado de ayuda que emergió en este contexto. Lxs jóvenes que participan de la entrega de viandas en las calles deben ser mayores de edad, por eso son ex estudiantes que aún tienen vínculo con sus colegios.

El cuidado de quienes cuidan es fundamental. La exposición por el deseo de ayudar, el poner el cuerpo y el corazón puede resultar también extenuante y lxs militantes sociales de toda la vida lo saben bien. Ya estuvieron ahí. "Algunos voluntarios son muy valiosos, los que viven cerca están casi todos los días colaborando. Pero ahora estamos obligándolos a que se retraigan un poco, meter nueva gente para que vayamos rotando, pero tienen un entusiasmo que arrastran a los demás. Francamente, es conmovedor ver el entusiasmo de esos chicos", se emociona Carlos.

"También tenemos el aporte de la casa de comidas orgánicas Fresco, que está en Juramento y Ciudad de La Paz, que de lunes a viernes nos ayuda con 50 viandas", agradece el vecino.

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El Comedor de Barrancas no cuenta con aportes del Estado. Junto a organizaciones sociales que laburan con el sector (Proyecto Siete, los hogares integrales Monteagudo y Frida, entre otras) lucha hace años por el cumplimiento efectivo de la Ley 3.706 que garantiza los derechos de las personas que están en situación de calle –o en riesgo de estarlo- en la Capital Federal.

No obstante, el voluntario reconoce la ayuda oficial que llega a la población más vulnerable. "Nos está conteniendo bastante el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que está empezando a circular y la gente que tiene techo puede así comer en su casa y elegir qué comer y no lo que le damos por imperio de la necesidad".

Viandas que son encuentro

Carlos vive en una casa arriba de su hija y de sus nietas gemelas. La noche que empezó la cuarentena obligatoria, en el marco de una cena, hablaron sobre la nueva modalidad de la olla popular. "Lo frío que debe ser para una persona de la calle a la que nosotros acostumbrábamos a abrazar, a charlar, a escuchar por horas hasta que se cansaran de hablar a en este momento depositar en un banco de una plaza una vianda fría y aquel que la tome no tocarlo, estar cinco minutos y salir porque el riesgo impone eso. Eso es muy frío, es tan poco relacionado con nuestra actividad", reflexionaron en familia.

La presencia, que tanto nos hace falta en este encierro, se sortea y se intenta de las maneras más creativas. Nunca será lo mismo aunque la cercanía la podemos sentir de muchas formas. Aprendizaje de cuarentena. Así surgió una idea brillante de la mente de este abuelo cariñoso, que la relata: "Se me ocurrió ponerle un mensajito a cada vianda y que además, lo escribamos imaginando al que la va a recibir, él nos va a inspirar qué le podemos decir o qué puede estar necesitando. Que sean consejos de la salud, cómo cuidarse ahora en esta pandemia, decirlo que lo queremos, que estamos ahí, firmes, que si tienen alguna inquietud nos escriban, se la entreguen a la persona de la que reciben la vianda y establecimos un diálogo, desde ese segundo día hasta hoy. Llevo escrito más o menos 1900 mensajes desde que empezamos".

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La idea tuvo un efecto positivo y multiplicó el amor. "También al ver el resultado exitoso, porque les gustaba ese mensaje, dimos participación a todos los que quisieran escribir. Por las redes invitamos a que escriban mensajes cortos. Nosotros envolvemos la vianda con un papel film, le ponemos una servilleta con un tenedor y arriba de todo, pegamos el cartelito. Lo hacen compañeros del Comedor, mis nietas escriben los mensajes y les hemos agregado dibujitos para hacerlos más divertidos. Hemos desarrollado cualidades que no teníamos. A mi me gustaba dibujar de chico, pero hace 50 años que no dibujo, entonces ahora me puse a dibujar y parezco un chico. Les ha gustado eso", relata entusiasmado.

Los voluntarios eligieron que los carteles sean elaborados artesanalmente. La decisión valoriza la importancia del lápiz y el papel como expresión de un rasgo humano, de una actividad personal y dedicada a un otrx imaginarix, aunque conocidx, amigux. "No lo hacemos por fotocopia, queremos que sea de puño y letra de cada uno", afirma Carlos y nos confía cómo es su experiencia creativa personal para la elaboración de los mensajes: "Siento que si no pienso en una persona de la calle de carne y hueso que está en mi cabeza que me dicte lo que yo tengo que escribir, no me sale. A veces estoy hueco, no me sale nada, hasta que se me aparece una persona y ahí aprovecho y me siento y me embalo. Una de mis nietas tiene una habilidad. A veces le tiro una frase y ella enseguida le encuentra la forma y le encuentra ocho palabras para hacer un mensaje".

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"La finalidad es darle ese afecto, ese calor, que no les podemos dar de verdad. Porque la bandeja es como ir a un mostrador y despachar comida. En cambio nosotros no queríamos ser un despacho de comida, sino que la comida fuera una excusa para encontrarnos. Siempre las reuniones de amigos y familia son alrededor de algo para compartir y parece que es el estómago la excusa. Porque yo me puedo comer una pizza en mi casa, pero es más rica si la compartimos. Igual es poquísimo, no me satisface ya esto. Me parece que hasta tendría que tener música la comida, algo que llegue más adentro de la persona. Pero bueno, todos estamos limitados en este momento". (Nota de la autora: conozco a Carlos, charlé con él en múltiples ocasiones, me ha contado su vida después de una marcha al Congreso para exigir la Ley Nacional para personas sin techo y lo vi en acción en varias ocasiones en el Comedor. Es una persona entrañable, como lo leerán, excepcional).

Un árbol cobijo

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Un "ficus elástica, gomero, o árbol del caucho", dice Wikipedia, es el hogar. Bajo su frondosidad, la comunidad del Comedor comparte hace 18 años los encuentros. Durañona expresa esa querencia: "No tenemos reglamentos, estatutos, autoridades, no tenemos ni puertas. El año pasado instituimos el festejo. Le hemos creado una ceremonia. Llevamos en un jarrón con tierra para que cada uno tire una cucharada. Tiene un abono muy especial ese gomero, que son las cenizas de dos compañeras voluntarias que sus familias decidieron confiarlas al gomero porque sabían cuánto querían sus familiares a ese árbol. Cuando se termine la pandemia, vamos a tirar el gomero por la ventana".

Cómo ayudar

Donaciones

Las reciben en un local que alquilaron en el bajo Belgrano especialmente para esta tarea. Lulú Méndez se encarga de coordinar con lx donante la entrega. Su número de celular y WhatsApp es: 11-5973-5545.

¿Qué se necesita?

- Ropa de abrigo especialmente en esta época: guantes, gorros, mantas, sábanas. Alimentos frescos como no perecederos. “Es un clishé pedir alimentos no perecederos. La gente come también carne y verduras. Lo que requiere heladera le damos un tratamiento inmediato”, explicó Carlos.

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Tejer para abrigar

El Comedor reúne cuadrados tejidos de 20 cm x 20 cm para hacer mantas con ellos. Lxs tejedores pueden comunicarse al teléfono que aparece en el flyer y coordinar la entrega.

Fiesta de cumpleaños

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Hoy, miércoles 1 de julio, el Gomero cumple 18 años y organiza una locreada para celebrarlo. Lxs que deseen pueden contribuir con 200 pesos para una porción de locro que será compartida con sus amiguxs en la recorrida de la noche. Para aportar hay que comunicarse por mensaje privado a las redes sociales del comedor y, rápidamente, les pasarán los datos de una cuenta de ahorro a la que hacer la transferencia.

Comedor de Barrancas "El Gomero"

El Gomero cumple 18 años, ayudanos a celebrarlo con nuestros comensales!

Posted by Comedor de Barrancas "El Gomero" on Monday, June 15, 2020

"Hubiéramos querido hacer una fiesta bien grande de no mediar la pandemia. Es la mayoría de edad del Comedor, pocas instituciones y en circunstancias tan precarias como la nuestra que es a la intemperie, cosechando fríos, calores, lluvias y feriados y no haberlo dejado nunca, es para festejar", cuenta el voluntario que estuvo desde el primer momento al pie del cañón bajo ese árbol que los aloja. Carlos está siempre dispuesto al acompañamiento, la escucha y el abrazo para quienes lo necesitan. Como él toda la comunidad del Gomero, lxs personas sin techo y lxs voluntarixs, una familia que sabe y abraza la lucha por vivir.

Las redes sociales del Gomero

Facebook: Comedor de Barrancas "El Gomero"

Instagram: comedor.barrancas.de.belgrano

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