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Argentina y la Copa América sellaron el destino de Jair Bolsonaro

La victoria de la selección masculina de fútbol ante Brasil cerró el atajo que le quedaba al líder de la ultraderecha para sostener su fantasía reeleccionaria.

La verdad absoluta que dijo Lionel Messi en la madrugada de este domingo cuando celebró con una serie de declaraciones la victoria de la selección Argentina sobre Brasil en la Copa América, no solo abarcó al deporte sino que, de paso, quizá sin querer, también abrazó la realidad del país gobernado por el neofascista Jair Bolsonaro.

"Este partido va a quedar en la historia", dijo, desde la alegría infinita que compartía no solo con sus compañeros de equipo sino con toda una Argentina que necesitaba un empujón de ánimo en medio de una pandemia que nos atravesó desde todos los ángulos.

Del otro lado de la frontera, al noreste, el país gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro se encuentra en una ciénaga política y social que se evidenció en las últimas semanas a través de la apatía con la que buena parte de la población vivió la Copa América. El más de medio millón de muertos por el coronavirus no pasa desapercibido, no solo por lo brutal de la cifra sino también por lo insoslayable que es la relación entre las más de 500 mil lápidas y la premeditada inacción con la que el gobierno de Brasil afrontó la pandemia.

El cansancio social con Bolsonaro es claro en el país hermano y así también lo dicen las encuestas con miras a las elecciones presidenciales de 2022, que hoy por hoy le dan a Luiz Inacio Lula da Silva una intención de voto del 50% ante menos del 30% que se le otorga al actual mandatario, surgido del lawfare que terminó con Lula en la cárcel, con Dilma Rousseff destituida y con él en la presidencia de la Nación.

El genocido que por acción u omisión Bolsonaro ejecutó en Brasil de la mano del Covid-19 ahora se ve acompañado por el fracaso de su gran apuesta de este año: otra Copa América para el país, y de su mano. No pudo ser, como tampoco pudo ser, de paso, el 5 a 0 que auguró en plena cumbre del Mercosur ante su par Alberto Fernández, quien, qué duda cabe, en la intimidad de la residencia de Olivos le habrá dedicado parte del triunfo de Messi, Di María y compañía al dirigente de la reacción gaúcha.

Bolsonaro apostaba a una victoria como espaldarazo a su cada día más derruida candidatura a la reelección. Según se filtró desde el oficialismo brasileño, el jefe del Estado tenía todo listo para un viaje exprés si el triunfo del equipo masculino nacional de fútbol se concretaba. Una foto con Neymar, soñada primera imagen de su campaña con el ojo puesto en 2022. No se pudo.

"Necesitaba sacarme la espina de poder conseguir algo con la selección", disparó ya entrada la madrugada Lionel en diálogo con TyC Sports, parte del universo del periodismo deportivo que a su vez fue otra de las víctimas de la Scalonetta. Pero Messi, grande, enorme y a su vez con la humildad que mostró siempre en sus declaraciones, eligió esquivar el barro y reconocer que una copa con la selección es algo que sintió "muy cerquita muchísimos años" y que la mala racha "sabia que en algún momento se iba a torcer, y se iba a dar".

"Todavía no somos conscientes de lo que hicimos más allá de ser campeones", señaló también el heredero natural de Diego Armando Maradona, gran talismán y sujeto tácito de la jornada.

Y no, seguramente no son conscientes. Y mejor así. La historia es grande y es para lxs que la hacen en serio, para los que la caminan, la corren hasta el arco desde mitad de cancha, para lxs que dejan (literalmente) la sangre en ella y le hacen honor al lugar que ocupan. Como Lionel, como Ángel Di María, como Dibu Martínez, como Rodrigo De Paul y todos los pibes, y como Lionel Scaloni, un tipo al que maltrataron hasta el hartazgo desde lugares en los que un segundo después de coronarse la victoria en Río de Janeiro con el pitido arbitral empezaron a agitar la bandera y hablar de las posibilidades que tenemos de ganar también el mundial de Qatar. Más o menos la misma gente que se hace la desentendida con Bolsonaro pero no duda en decir que Argentina coarta las libertades porque pone restricciones para frenar la pandemia. La misma pandemia a la que Bolsonaro le abrió las puertas para sacarse de encima a una parte del país.

Porque sí, compañeres, porque todo tiene que ver con todo, y más si el todo enlaza con tanta fruición a la política y al fútbol.

Vale volver a la frase de Messi, la de Lío, la del pibe de Rosario que detonó al mundo desde Europa y que cierra el círculo en Sudamérica. "Va a ser un partido que va a quedar para la historia no solo por ser campeones de América, sino por ganarle a Brasil en Brasil", dijo. Y a Bolsonaro en Brasil, Lío. Gracias también por eso.

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