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Un viaje íntimo a los orígenes de Liliana Bodoc

Entrevista a Diego Ávalos sobre su documental "Liliana Bodoc: la madre de los confines", potente retrato de la escritora argentina.

“Y ocurrió hace tantas Edades que no queda de ella ni el eco del recuerdo del eco del recuerdo”. Así comienza Los días del Venado, el primer tomo de la historia épica que cambió la vida de Liliana Bodoc para siempre y enamoró a generaciones de lectores y lectoras de todo el mundo. Pero ¿quién era la mujer detrás del mito?

Durante julio y agosto estará disponible en Mowies el documental Liliana Bodoc: la madre de los confines, de Diego Ávalos, que nos muestra a la escritora como nunca antes. Las cámaras la acompañan en un viaje que realizó junto a su hija Romina a la Mendoza de sus orígenes, después de años sin visitarla.

En aquel reencuentro con su tierra y su gente, la Lili, como la llamaban sus afectos, abre su vida con generosidad y sin tapujos. Habla de su padre y su madre (murió frente a sus ojos, cuando ella tenía siete años) y de cómo escribió su famosa saga, en la cocina de su casa. También habla, entre otros temas, de su conversión al Islam y cómo fue su adolescencia en una casa politizada en épocas de la última dictadura.

“Yo sabía que lo que no quería hacer era la típica película donde vos ves a un escritor sentado, con una biblioteca detrás, con un plano cerrado, hablando sobre libros y sobre su obra. Lo que me interesaba era poder correrme de ese punto de vista y tratar de indagar que la escritura es vital y no es meramente sentarse a escribir, esa es la acción final pero detrás hay toda una historia, un recorrido, un camino hecho”, cuenta Ávalos en diálogo con Infonews.

Precisamente, el documental no repasa la asombrosa vida de Bodoc luego de la publicación del primer tomo de La saga de los confines en el año 2000. El viaje al que nos invitan no sucede en el mundo que ideó para contar la conquista de América a través de una alegoría fantástica. No vemos a Thungür y Kupuka, el Brujo de la Tierra, peleando juntos para detener el avance del ejército de Misáianes, el hijo de la Muerte, por las Tierras Fértiles. El viaje que cuenta se trata del reencuentro de Bodoc con su pasado y con las heridas que no cierran.

Liliana Bodoc, la Madre de Los Confines - Trailer Final

El origen del proyecto

El germen del documental nació en 2005 cuando Diego Ávalos leyó una entrevista a la estadounidense Ursula K. Le Guin, una de las máximas referentes de la literatura épica fantástica, donde afirmaba que el futuro de este género estaba en un sólo nombre: Liliana Bodoc. Para él era una escritora totalmente desconocida. Después de leerla quedó fascinado. Un año después, mientras Ávalos cursaba su primer año en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), se enteró que Bodoc daría una charla en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y no quiso perderse la oportunidad de conocerla. Al final de la actividad se le acercó y le dijo "quiero hacer algo con vos". Ella, con su sonrisa y amabilidad de siempre, le dijo que sí. En 2007 comenzaron a filmar.

Bodoc se había radicado en Buenos Aires. Después de muchas entrevistas y registros de diferentes situaciones de su cotidianidad, se dieron cuenta que debían viajar a Mendoza. Ella se refería una y otra vez a lugares que estaban al otro lado del país. Mendoza fue la tierra donde se mudó su familia cuando ella tenía cinco años. En aquella provincia, donde conviven la cordillera de Los Andes con el desierto, acequias y viñedos, vivió su infancia, estudió Letras en la Universidad Nacional de Cuyo, se enamoró y formó su familia. En ese rincón de Argentina escribió Los días del venado. Hacia allí viajó Liliana para mostrarle a su hija Romina, quien tenía en ese entonces 26 años, los lugares donde empezó todo.

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Mendoza es como el lugar que la forjó en lo bueno y en lo malo. En lo bueno me refiero al amor, a sus hijos, a su marido, a su familia, a su carrera literaria, a su formación, incluso su formación política; y me parece que en lo malo Mendoza también es el lugar donde se marcó su vida para siempre. Yo creo que la gran herida de Liliana es la ausencia de la madre, la muerte de la madre. Entonces, como dice ella en una parte, Mendoza le dio todo y le sacó todo a la vez, entonces esa herida lo que ella finalmente trabaja porque si te lo pones a pensar su literatura es una literatura de huérfanos”, afirma Ávalos.

La influencia de la madre y el padre

En una de las escenas claves del documental, Liliana y su hija arriban al barrio Minetti, donde vivió de niña. Es una localidad pequeña construida alrededor del ex Cementos Minetti. Está ubicada a 18 kilómetros al norte de Mendoza Capital. Se caracteriza por sus casas con jardines y por su horizonte de montañas.

Liliana hace un esfuerzo por recordar como si intentara estar de nuevo allí, en esa época. Reconstruye en su mente aquellos años, nombra vecinos. A veces duda. Después de unas cuadras de caminata llegan hasta la entrada de la que fue su casa. La mira con atención hasta que encuentra un pequeño poste de ladrillos. Lo toca y asegura que fue allí donde se apoyó su madre por última vez. Cuenta que habían salido a la calle para recibir a su padre. Apenas caminaron unos pocos metros. Su madre se sintió mal y le pidió a su hija un momento para descansar porque se sentía mareada. Puso su mano en aquel poste y segundos después se desplomó.

“Movió cosas importantísimas. Cosas que sabía que estaban y otras que ni siquiera sabía que estaban”, asegura Liliana en el documental. Luego se la ve retirarse del barrio abrazada a su hija Romina, quien la toma del hombro y la escucha en silencio. Están conmovidas, como si ese momento hubiera sucedido hace instantes y no hace cuatro décadas. Aunque, de algún modo, volvió a suceder en sus palabras. En esa caminata de despedida piensa y siente en voz alta:

—Ha sido quizás el mejor momento para volver, para resignificar cosas, para pensar en lo que uno deja, lo que uno pudo haber aportado o no; para pensar en la vida, para pensar en la muerte. Para pensar que la muerte no es tan terrible. Porque ahora mi mamá me dio una piedra. Me chupa un huevo lo que puedan decir, que fue una casualidad, que estaba descascarada la columna. Esta piedra me la dio mi mamá. Te lo aseguro- dice Liliana con la piedra en la mano. La aprieta como si estuviera sujetando la mano de su madre.

La otra figura clave en la vida de Liliana fue su padre José Chiavetta, con quien tuvo encuentros y desencuentros. Era un hombre de compromisos políticos fuertes, que influyó sin duda en ella, aunque no siempre estuvo presente. “Yo creo que el padre es como el compromiso político e histórico- asegura Diego Ávalos-, viste que Liliana tiene una cuestión muy con los desprotegidos, con los marginales, con los pobres, con los miserables del mundo, los débiles, y yo creo que eso es como reflexiones que venían muy de la casa porque era una casa muy política, muy politizada, muy de participación activa en el comunismo mendocino”.

La cocina de La saga de los confines

Quizás una de las sorpresas del documental sea la historia de la escritura de la saga de los confines. O, mejor dicho, las circunstancias que rodearon su concepción. Bodoc ni siquiera había publicado en esos años, aunque era licenciada en Letras. Ella ha contado en varias ocasiones que la idea surgió después de leer El señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien. Fascinada con la famosa trilogía, se lamentó de que no hubiera ninguna historia similar inspirada en las culturas y mitologías de América Latina; así que decidió escribirla. Eso sucedió en la cocina de su casa de Mendoza, después de que sus hijos se iban al colegio y su marido a trabajar. Sí, Bodoc era ama de casa cuando escribió los Días del Venado. Y nunca renegó de ello.

“Me parece que eso tiene que ver, y es una de las cosas que a ella le molestaba mucho, con cierta mirada burguesa del feminismo de que las mujeres tienen que ser tal prototipo para entender que son libres. Ella odiaba eso. La subestimación de que una ama de casa es menos por limpiar que una mujer que trabaja en la calle, esa división que ella veía de un progresismo burgués en cierto sector del feminismo, la ponía de la cabeza porque ella se sentía totalmente libre, pensante y revolucionaria aun siendo ama de casa, entonces no caía en esa trampa”, afirma Ávalos.

Esto no significa que estuviera libre de contradicciones o matices. Era muy espiritual y llevaba con orgullo su creencia musulmana. Era una mujer que amaba las palabras, escribir, pensar, reflexionar en sus novelas y en sus cuentos. Llegó a recibir el reconocimiento de colegas y lectorxs en vida, aunque eso sucedió durante las últimas dos décadas de su vida (murió a los 59 años). Esa historia es sabida. El camino que recorrió antes era poco conocido hasta ahora, y La Madre de los Confines nos ofrece una oportunidad para entrar en esos años, donde se forjó la obra de Bodoc.

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