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Revolución: el primer beso lésbico de la historia del cine

Entre códigos moralistas, en casi toda la historia del cine las escenas de amor entre mujeres son una rareza. Pero una película alemana de 1931 rompió con todo.

¿Alguien recuerda la escena final de Cinema Paradiso? Repasemos: un hombre apodado Totó revive sus años mozos al visitar su pueblo natal con motivo de la muerte de Alfredo, el proyectorista que lo inició en su amor por el cine. En un último piñazo emocional nos enteramos de que Alfredo le ha dejado un regalo póstumo, una vieja lata de cine que Totó se dispone a revisar para luego directamente derrumbarse frente a lo que está viendo. La cinta consta de besos extraídos de varias películas de los años dorados del cine: son aquellas escenas que eran mutiladas por las autoridades antes de ser exhibidas y que Alfredo guardó celosamente para dejárselas a su joven amigo.

Se trata sin dudas de uno de los desenlaces más potentes que se hayan visto en el cine (según la leyenda, impuesto por el productor Franco Cristaldi al director Guispeppe Tornatore, que tenía en sus planes un film más extenso, estrenado de forma limitada recién hace un par de años) y me cuesta creer que haya gente que pueda resistirse a este coma lacrimógeno que se ha venido desatando desde hace casi treinta años en salas de cine, hogares con videocaseteras, DVDs piratas o emisiones televisivas trasnochadas.

Pero además de ser un momento inolvidable, ese final de Cinema Paradiso nos ofrece, acaso sin proponérselo, una exacta radiografía de lo que se podía mostrar o no en materia de besos durante la edad dorada del cine, más allá de alguna censura local como en el pueblito ficticio de Totó. Con la perspectiva que nos facilitan los años, ahora nos puede llamar la atención que entre tantos besos no haya ninguno celebrado entre personas del mismo sexo/género. Y no es que Giuseppe Tornatore quisiera deliberadamente ocultarlos sino que era absolutamente inusual, casi imposible que no hubiera más que besos heteronormativos.

Marlene Dietrich Morocco
Marlene Dietrich en Morocco (1930)

Marlene Dietrich en Morocco (1930)

En los EEUU, desde mediados de los años treinta y por casi cuatro décadas regía el Código Hays, una serie de disposiciones moralizantes que, potenciadas con la dócil tendencia de las grandes productoras de Hollywood a la autocensura, lograron borrar del mundo cinematográfico toda manifestación de amor entre gente del mismo sexo, algo que naturalmente se replicó en casi todo el mundo. De todos modos algunos se las ingeniaban para presentar encriptadamente estos temas, algo muy bien expuesto en el delicioso documental “The Celluloid Closet” (Epstein y Friedman, 1995), aquí estrenado como “El cine prohibido”. En esta cinta tenemos a actores, directores y guionistas explicando cómo se las arreglaban para gambetear el código Hays y hablando del efecto esperanzador que tenían esas sutiles transgresiones en un público homosexual condenado a un estado de soledad dentro y fuera de la pantalla.

Pero resulta ser que esta ola moralizante no nació con el cine. Muy por el contrario, las películas que se hacían hasta apenas entrados los años treinta eran mucho más audaces que las posteriores, aunque esto pueda sonar poco natural. Sin ser algo tan masivo, en aquel cine sí que podía aparecer de tanto en tanto un beso entre hombres o entre mujeres, tal es el caso de la recordada escena de “Morocco” (1930) con la Dietrich vestida de hombre y besando a una mujer o de la Garbo despidiendo con un beso a su sirvienta en “Queen Christina” (1933). Son dos secuencias que por el peso de sus protagonistas tienen un enorme significado para el público LGBTIUK+ , aunque debemos decir que el prestigio de pieza de culto absoluto le corresponde a otra película. Su título es “Mädchen in Uniform”, conocida aquí “Muchachas de uniforme” y fue rodada en Alemania en 1931.

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Muchachas de uniforme (1931)

Muchachas de uniforme (1931)

En síntesis, esta cinta cuenta una historia de amor platónico que se desarrolla en un internado para señoritas entre una adolescente huérfana llamada Manuela y su maestra, la Srta. Von Bernburg. La joven es llevada a este establecimiento para hijas de oficiales militares por su tía, una aristócrata decadente que anhela para su sobrina una educación propiamente prusiana debidamente encarnada en la directora, una mujer rígida, autoritaria y aferrada a una tradición militarista. Y aún así, hay gestos de rebeldía que afloran desde la vitalidad adolescente de las internadas. Sus cuerpos, deseos y curiosidad crecen al tiempo que profesan su fascinación por la Srta. Von Bernburg, la más joven, cariñosa y comprensiva de las profesoras del lugar. A la hora de dormir, ella despide una por una a sus alumnas en sus camas con un beso en la frente, y cuando llega el turno de Manuela el beso será en la boca.

Por esta escena es que “Mädchen in Uniform” se ha hecho legendaria, y hasta se le atribuye ser la película pionera en tratar una temática lésbica. Pero lo que hay que subrayar es que su vigor se debe mucho a la calidad y complejidad con la que está tratado el amor entre dos mujeres. Lejos de ser una escena ordinaria (algo tan habitual en el futuro cine pseudo erótico sobre mujeres) el beso entre la joven alumna y la profesora se da en un marco de profunda ternura, de comprensión y contención en el cual las dos protagonistas ocupan lugares claramente distintos, y también será divergente el modo en que interpreten aquel beso. A esto hay que sumarle un delicado tratamiento visual, aquella excelencia que el cine alemán había logrado durante el cine mudo y que continuaría durante el naciente cine sonoro del cual “Mädchen in Uniform” es una de sus primeras entregas.

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Muchachas de uniforme (1958), remake con Lili Palmer y Romy Schneider

Muchachas de uniforme (1958), remake con Lili Palmer y Romy Schneider

La película está basada en una obra teatral de Christa Winsloe llamada Ritter Nérestan (El caballero Nerestan), luego rebautizada y más conocida como Gestern und heute (Ayer y hoy). Winsloe colaboró de activamente en la adaptación de esta historia que recreo sus propias vivencias, con la diferencia de que su amor platónico había sido con un hombre y no con una mujer. Ya en su adultez ella asumió su lesbianismo y durante la República de Weimar, para cuando se realizó el film, era ya una destacada activista. Como es de esperar, durante el nazismo debió escapar de Alemania y se radicó en Francia muriendo muy pocos días después del desembarco en Normandía, en un episodio nunca bien aclarado que señala a la Resistencia Francesa de la que ella formaba parte como la responsable de su ejecución.

Inicialmente el film iba a ser dirigido por Leontine Sagan en la que sería esta la primera de las tres producciones de una de las más sobresalientes directoras del cine alemán de aquellos años. Hasta ese entonces su prestigio estaba dentro de la dirección teatral (algo que reluce claramente en la dirección actoral de sus personajes), por lo que la productora del film decidió encargarle al experimentado Carl Froelich la co-dirección del mismo, lo cual da cuenta de que se trató de un proyecto que aspiraba a tener una amplia llegada al público. Y esto sucedió no solo en Alemania sino que también en el resto de Europa, Estados Unidos y hasta en América Latina y Japón. Sagan eligió como protagonistas (Manuela y la Srta. von Bernburg) a dos actrices que tenían prácticamente la misma edad aunque sus personajes son de edades bien distantes, y es de observarse también que en el reparto (en el que no hay ningún rol masculino) confluyeron actrices no sólo alemanas sino también suecas, letonas, austríacas, húngaras, prueba de la centralidad que ostentaba la industria cinematográfica germana.

Muy a menudo, cuando se habla del cine alemán de los años veinte o treinta, se cae en el lugar común de ver en sus películas una suerte de presagio de lo que sobrevendría con el nazismo. Esto no aplica a “Mädchen in Uniform” que obviamente con el ascenso del nacional socialismo fue o prohibida o mutilada en sus secuencias más incómodas, pero no sólo por su manifiesto contenido lésbico sino también por cuestionar la vetusta tradición prusiana y su concepción de la educación como un esquema militar en el cual la misión de la mujer será puramente reproductiva.

Con el correr de los años “Mädchen in Uniform” fue cayendo en el olvido, seguramente tan herida por la censura nazi como por la ola moralizante que se expandió por todo el planeta cinematográfico y a la que ya hemos hecho referencia. También fue objeto de una nueva versión en 1958 con Lili Palmer, Romy Schneider y la escena del beso incluida, pero claramente sin el efecto de su antecesora. Directora y actrices la película de 1931 pudieron continuar sus carreras discretamente aunque muy por debajo de la excelencia lograda en la que es considerada la pionera de las películas con temática lesbiana. Mejor suerte tuvo el co-director Carl Froelich (único hombre que forma parte de esta historia), quien oportunamente se afilió al Partido Nacional Socialista y aceptó gustoso un alto cargo dentro del ministerio de Goebbels.

Pero ya hemos dicho que “Mädchen in Uniform” es un film de culto, y eso quiere decir que más allá de prohibiciones, silenciamientos y de la indiferencia del público anduvo secretamente por circuitos alternativos hasta que hoy en día diversos rescates y restauraciones la han devuelto al lugar que claramente se merece. Da gusto y emociona imaginar que mientras en miles de pueblos como el de “Cinema Paradiso” se recortaban los besos de las películas, en lugares oscuros y húmedos un puñado de personas se juntaban a ver una película para, por lo menos por un instante, no sentirse tan solos por su condición de género.

Mujeres de uniforme "Mädchen in Uniform" (1931) Subt.castellano

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