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El conmovedor testimonio de Almodóvar desde su confinamiento

El realizador español publicó una sentida columna sobre su aislamiento para evitar el contagio del Covid-19. Rutina, cine por televisión y melancolía.

"Hasta ahora me había negado a escribir. No quería dejar constancia escrita de las sensaciones que me provocan los primeros días de aislamiento. Tal vez porque lo primero que he descubierto es que la situación para mí no es tan distinta de la habitual, acostumbrado a vivir solo y casi en estado de alarma, lo cual no es un descubrimiento alegre". Con esas palabras el más grande realizador español vivo, Pedro Almodóvar, comienza su crónica desde el aislamiento en el que se encuentra para escaparle al coronavirus que está matando a una parte de la población mundial y con especial dureza en su país, España.

El director de Todo sobre mi madre y Matador escribió unas sentidas líneas para el periódico cooperativo Eldiario.es, en las que describe que sus días de encierro los vive a base de cine por televisión, respuestas a los mails que le van llegando y mucha, quizá demasiada, melancolía.

"Los nueve primeros días me he negado a tomar una sola nota. Pero esta mañana apareció una noticia que parecía un titular de una revista de humor negro: ´El palacio de hielo se convierte en una improvisada morgue´. Suena a giallo italiano, pero está ocurriendo en Madrid, es ´Una de las Siniestras Noticias del Día´", relata.

"Hoy cumplo once días de confinamiento, me aislé el viernes 13 de marzo. Desde entonces me organizo para enfrentarme a la noche, a la oscuridad, porque vivo como un salvaje, al ritmo que me marca la luz de las ventanas y la terraza", revela el artista manchego.

"He dejado de mirar el reloj, solo lo consulto para saber cuántos pasos he caminado por el largo pasillo lateral de mi casa, el pasillo en que Julieta Serrano le reprochaba a Antonio Banderas que no había sido un buen hijo, refiriéndose a mí", dice también en referencia a Dolor y gloria, la extraordinaria película en la que el actor lo interpreta a él.

Asimismo, siempre en primera persona, revela: "No estoy lo suficientemente animado como para ponerme a escribir ficción -todo llegará- aunque se me ocurren tramas variadas, unas de naturaleza íntima (estoy seguro de que habrá un baby boom cuando todo esto acabe, pero también estoy seguro de que se habrán producido montones de rupturas -el infierno son los demás, decía Sartre-, habrá parejas que tendrán que afrontar las dos situaciones a la vez, la ruptura y la llegada de un nuevo miembro a la nueva familia rota)".

"La nueva situación global y vírica parece salida de un relato de ciencia ficción de los años 50, los años de la guerra fría. Películas de terror que contenían la más burda propaganda anticomunista. La serie B americana, películas que, en general, eran excelentes (especialmente las basadas en novelas de Richard Matheson, El increíble hombre menguante, Soy leyenda, The twilight zone) a pesar de las aviesas intenciones de sus productores. Además de las mencionadas pienso en Ultimatum a la tierra, Death on arrival, Planeta prohibido, La invasión de los ladrones de cuerpos, y cualquier película de marcianos", describe.

En el mismo texto compara la situación con ese cine de ciencia ficción entre clase B e industrial, siempre salido de Estados Unidos, territorio hoy gobernado por Donald Trump, a quien Almodóvar describe como "otra de las grandes enfermedades de nuestro tiempo".

En una columna extensa y profundamente intimista, el realizador dice optar por James Bond y documentales en una de sus noches de cinefilia desde el living. Recuerda a Sean Connery y relata una anécdota referida al actor escocés. También homenajea a Lucía Bosé, actriz y madre del cantante Miguel Bosé, amigo de toda su vida.

"Entre una sesión de cine y la otra conecto un momento la televisión y me entero de que Lucía Bosé ha sido barrida por este tornado del que solo conocemos el nombre. Y se me caen las primeras lágrimas del día. Lucía me fascinaba como actriz y como persona. La recuerdo en Crónica de un amor de Antonioni, una mujer de una belleza inaudita, rara para la época, y ese modo de caminar, andrógino y animal, que Miguel Bosé heredó entre otras cosas", cuenta.

"Lo bueno de carecer de horarios durante el confinamiento es que desaparecen las prisas. Desaparece la presión y el stress. De natural ansioso, nunca me ha invadido menos la ansiedad que ahora mismo. Sí, ya sé que la realidad, más allá de mis ventanas, es terrible e incierta, por eso me sorprende no estar angustiado, y me aferro fuerte a esta sensación nueva de estar venciendo el miedo y la paranoia. No pienso en la muerte ni en los muertos", dice también.

Sobre el final cuenta como es el final de la noche que elige describir en el marco de su cuarentena. "Ya es muy tarde pero da igual, el tiempo en confinamiento es redondo y no quería quedar mal con James Bond, no quería acostarme hasta que Sean Connery desbaratara los planes del maquiavélico y gordo Goldfinger y nos salvara a todos".

Leé la columna completa en https://www.eldiario.es/tribunaabierta/largo-viaje-noche_6_1011458860.html

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