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Los que abren la "economía" y las escuelas postergan derechos

Como economista y dirigente de la izquierda, Marcelo Ramal plantea que el pueblo necesita defender el derecho de deliberar y pronunciarse.

Sin grietas entre el oficialismo y el macrismo, el Senado refrendó la postergación de las elecciones nacionales. El argumento “sanitario” de esta sanción se encuentra desmentido por la política de apertura y presencialismo que ambos bloques promueven allí donde les toca gobernar. Las fábricas y el gran comercio permanecen abiertos, más allá de los cierres ‘intermitentes’ y de los contagios masivos en los lugares de trabajo. Detrás de este aperturismo, está la presión inocultable de las grandes patronales y de la Iglesia. En resumidas cuentas, los que cierran las urnas por razones epidemiológicas mantienen abierta la actividad económica a pesar de esas mismas razones.

Pero entonces, ¿por qué corren las elecciones? El único propósito es postergar la necesaria deliberación política que debería tener lugar acerca de la responsabilidad que les cabe a unos y otros -oficialistas y macristas- en el desastre sanitario y social que atraviesa la Argentina. Además de continuar con la política aperturista, esperan que el paso del tiempo -y la incierta llegada de vacunas- diluya la actual conmoción política y sanitaria que recorre al país. En función de estas especulaciones, kirchneristas y macristas han coincidido en manipular el cronograma electoral.

Esta manipulación se lleva adelante bajo la consigna de que la emergencia de la pandemia debe apartar a “la política”. Pero la cuestión de la pandemia es esencialmente política, es decir, involucra a la gestión política del Estado y a su orientación social, que pasa por el rescate del capital a costa de las masas. Tomemos un ejemplo: a sabiendas de que se venía la “segunda ola”, el presupuesto 2021 –votado por este mismo Congreso que maniobra con las elecciones- no contempló recursos para atender la emergencia sanitaria.

La política oficial no está dictada por las necesidades de la pandemia, sino por el FMI y los fondos internacionales.

De cara a esta realidad, ¿no resulta un acto “esencial” el pronunciamiento de los trabajadores y la ciudadanía frente a la crisis social y sanitaria?

Al tiempo que denunciamos estas manipulaciones políticas, llamamos a deliberar y organizar una lucha por las reivindicaciones sociales y sanitarias urgentes de la hora.

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