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Feria de San Telmo: de la desesperación a las redes y la solidaridad

El 16 de Marzo fue el último día de actividad de la mayor feria a cielo abierto de CABA. Hoy, las y los artesanos presentaron un protocolo para volver a las calles en primavera, mientras venden sus productos por Instagram.

La Feria de San Telmo tuvo su última edición el 16 de marzo, apenas días antes del inicio formal de la cuarentena. Es uno de los paseos de compras más tradicionales que une, por calle Defensa, el Parque Lezama con la Plaza de Mayo. Más de 15 cuadras donde artesanos, manualistas y emprendedores venden sus productos de excelente calidad en gazebos de patas de fierro y techos de lona y plásticos. A lo largo del paseo, están organizados mayormente por identidad política, asociaciones y cooperativas.

En cuanto a los compradores, no sólo son vecinos de la ciudad, sino que también las ventas tienen como destinatarios distintos puntos del globo, ya que la feria está instalada como tour obligado de los extranjeros que visitan Buenos Aires.

Es común pasear por el adoquinado escuchando el bullicio en múltiples idiomas, donde priman el portugués y el inglés. Hasta el Papa Francisco recibió rosarios confeccionados por los trabajadores de “El Adoquín”, instalados en la esquina de Chile y Defensa. En esa cooperativa, por ejemplo, hay alrededor de 100 trabajadores, que se encuentran en la situación más desesperante desde que arrancó el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), ya que hace más de 4 meses que no pueden armar sus puestos en la tradicional feria.

Tuvimos compañeros con COVID-19 y pudimos asistirlos porque estuvimos muy unidos. La organización funcionó para ir a socorrer al que tiene problemas, al último de la fila. Los compañeros están bien, ninguno estuvo grave”, dice, en diálogo con InfoNews, Alberto “Beto” Cortes, Presidente de la Cooperativa “El Adoquín”.

Además, cuenta la situación tras el largo periodo de confinamiento por la pandemia mundial: “cada 15 días tenemos asistencia alimentaria para los integrantes de la cooperativa, los feriantes, hay varios de los trabajadores que cobran el Salario Social Complementario que se ganó con lucha en la calle 2016, con la Ley de Emergencia Social. Todo eso suma a la supervivencia pero no estamos viviendo bien”.

Desde la Cooperativa destacan el valor de la organización, ya que el Adoquín está integrada a la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Desde este gremio de nuevo tipo lograron establecer una mesa de negociación con el Ministerio de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad. “Tenemos una relación de gremio y Estado. Esa es la ventaja de estar agremiado. Tenemos una convivencia. No es lo mismo que te atienda el comisario, que el Estado”, explica el referente de los trabajadores.

De la cocina al taller

“Cada uno de nosotros vivimos de lo que hacen nuestras manos hace años, hacemos crecer nuestro proyecto año a año, dedicando esfuerzo, aprendizaje, energía y mucha lucha. Si bien esta no es la primera crisis que atravesamos, lo que nos toca vivir hoy en día nos está consumiendo tan rápido que, a veces, nos parece insostenible”, se puede leer en el Instagram de los artesanos y artesanas que pusieron en funcionamiento a poco de la llegad del COVID-19.

El cambio para los artesanos por la pandemia fue muy duro. De un día para el otro el simple hecho de viajar y estar por largas horas, fines de semana y feriados en la feria, se cortó. Debieron acostumbrarse a trabajar desde su taller o montando uno propio, si es que compartían espacio en otro lugar. También cambiaron la forma de producir, ya con la idea de empezar a bucear en la venta por Internet. Y, más precisamente, por las redes sociales en un tiempo global signado por la incertidumbre.

“Hay una página de Instagram que es ‘Feria El Adoquín’, ahí se exponen todos los trabajos. La venta de Internet se impulsó mucho durante esta etapa, ha sido una herramienta muy interesante y necesaria. Hay muchas consultas por los trabajos, que se transforman en posibles ventas”, afirma Cortés.

Durante la cuarentena no detuvieron la planificación: desarrollaron proyectos productivos a futuro para presentar en distintos niveles y áreas del gobierno. También vinieron trabajos alternativos -propios de los nuevos tiempos- como la confección de barbijos o la venta de alcohol en gel.

Otra de las variaciones que impuso la cuarentena fue que las asambleas mutaron de las esquinas de San Telmo, de Defensa e Independencia, donde prima el bullicio y la música de los artistas populares, al taller por Zoom.

“Lo bueno de eso fue que nos resolvió el tema de la dispersión. Tenemos compañeros y compañeras en Ezpeleta, en Villa Ballester, en CABA. Ahora el drama es: ‘¿qué pasa que no me mandan el link?’”, bromea Beto.

La vuelta para septiembre

Presentamos un protocolo de trabajo, que se lo enviamos al gerente de Ferias, y todavía no tuvimos respuestas. Ahora está cambiando de etapa la cuarentena en CABA y hay alguna perspectiva, pero no hay fechas. Queremos pensar en septiembre.”

El protocolo que entregaron para volver a trabajar incluye el armado de puestos a un metro y medio cada uno, lo que implica que la feria se extienda en el largo de cuadras. Después de un largo tiempo, a comienzos de 2020, los trabajadores de la Economía Popular de San Telmo comenzaban una etapa de aparente estabilidad laboral. Sin embargo, la pandemia lo paró todo. Por estos momentos, la importancia pasa también por la apertura del Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Renatep).

“Pasar de que te corría la policía a registrarte con acceso a beneficios es el día y la noche. Nunca se avanza de forma aislada, se avanza masivamente”, concluye el referente de los trabajadores y trabajadoras de la Cooperativa de Artesanos “El Adoquín”, que lleva más de 10 años luchando contra viento, marea, y también pandemia.

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