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Incardona: "En el comienzo de la pandemia había un clima distópico"

Infonews dialogó con el escritor Juan Diego Incardona, autor de "La culpa fue de la noche", un testimonio que, como la pandemia, va del terror a la parodia.

El escritor Juan Diego Incardona había comenzado el 2020 con un nuevo desafío: ser el director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires, ubicada a metros del Congreso Nacional. Le esperaba un año atípico, más cerca de la gestión pública que de la escritura. Lo que nunca imaginó fue la pandemia del coronavirus. Su vida, como la de todes, se dio vuelta. Una de las maneras de sobrellevarlo fue escribir. De esa experiencia, surgió el libro La culpa fue de la noche (Ediciones Futurock); un intento de contar aquellos meses donde nos sentimos eternautas frente al fin del mundo.

La culpa fue de la noche es uno de los primeros libros sobre la pandemia publicado en nuestro país. Apareció a finales del 2020 cuando creíamos haber pasado lo peor del covid 19, ninguna vacuna había llegado y todavía estábamos lejos de imaginarnos una segunda ola. Hoy este libro parece renovar su valor, no solo como testimonio de algo lejano, sino como un aporte para abordar un hecho tan traumático que ronda los 90 mil muertos en Argentina.

Cuando empezó la cuarentena todos estábamos muy a la expectativa. Tenía algo de poesía ese momento, de misterioso. Había un clima muy distópico, muy fin del mundo; fueron los días en donde realmente en la calle no caminaba un alma. No es como ahora que igual por más que haya cuarentena ves gente en la calle. Esos días en la calle volaba el viento, arrastraba las bolsas… tenía una belleza medio sombría, triste… pero eran días de una percepción que para mí eran muy literarios”, rememora.

Juan Diego Incardona
Juan Diego Incardona

Juan Diego Incardona

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En los primeros días del confinamiento decretado por el presidente Alberto Fernández, Incardona vivía solo en un ph de su ex novia Natalia, ubicado en la zona del Abasto porteño. La Casa de la Provincia se cerró de inmediato y su gestión debió adaptarse a la virtualidad y el trabajo remoto. Esos primeros tres meses transitó la pandemia en soledad, con la sola compañía de una gata. Si bien mantuvo sus talleres literarios vía zoom y aumentó las comunicaciones por celular con amigos y familiares, incluso con su ex, sintió la soledad. Al principio le costó escribir, pero una propuesta del Centro Cultural Kirchner de escribir un diario de la pandemia destrabó ese bloqueo.

Ese fue el germen de La culpa fue de la noche, aunque el resultado no fue exactamente un diario. Más bien es un libro híbrido. Por momentos es un testimonio del miedo que nos atravesaba cada vez que salíamos a la calle. En otros, parece una parodia del terror que nos generaba el coronavirus, tan desconocido como invisible. Una de las escenas del libro lo grafica rápidamente: cuando iba al supermercado le cobraba un chino con máscara de soldador.

Esa imagen del chino se sumó a varias escenas inesperadas. Las calles vacías, las personas con barbijos, a metros de distancia, mirando con desconfianza, animales retornando a lugares del planeta del que habían sido corridos por la humanidad, servicios que se caían, la televisión que se llenaba de programas viejos. La lista era inmensa. Parecía que estábamos viviendo una película de ciencia ficción.

“Yo enseguida conecté con eso. De hecho, la ciencia ficción dominante en la literatura argentina es la distópica, nosotros no tenemos mucho libro que imagine viajes al espacio, o de artefactos, nosotros somos más Mad Max o somos Soy leyenda. Acá aparecen zombies o paisajes desolados, de reliquias perdidas, de fábricas abandonadas”, afirma Incardona.

Hay que advertir que no todos los capítulos son crónicas del 2020. Esto puede desorientar al lector distraído o la lectora despistada. El libro, organizado en cuatro partes, contiene además textos autobiográficos e historias fantásticas. El resultado: un viaje al interior del mundo Incardona, donde conviven el universo fantástico de su saga de Villa Celina, el vendedor ambulante de objetos maravillosos, el tallerista literario, el que se ríe de la coincidencia de los nombres de sus cuatro novias (Ana, Natalia, Ana, Natalia, en ese orden) y el amante de las novelas de aventuras y ciencia ficción.

De alguna manera, ese vaivén de temas e historias representa lo que significó para Incardona el encierro pandémico. Después del parate abrupto y el miedo a lo desconocido, fue inevitable enfrentarse a uno mismo.

“Probablemente en ese momento que vivió la Argentina, en el otoño/invierno del 2020, debe haber sido el momento más introspectivo de la historia de nuestro país, con gran parte de la población encerrada mirando también hacia adentro, mirando el techo, en ese momento en la televisión también había muy poca gente… muy pocos programas en vivo… se pasaban programas viejos, era muy gracioso eso, fue un momento de introspección y de poder pensarse a uno mismo”, reflexiona.

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La culpa fue de la noche es quizás su libro más autobiográfico. Incluso más que Villa Celina, el primero de la saga matancera compuesto de cuentos que se construyeron con recuerdos de su infancia. Allí era el protagonista de historias que iban del realismo a lo fantástico, un estilo que se iría expandiendo hasta construir un universo propio que le valió el reconocimiento de la crítica y lectores.

En su último trabajo, en cambio, se nota un Incardona más maduro, que repasa diferentes momentos de su vida y su camino previo a la escritura. Él asegura que fue culpa de la pandemia y marca una diferencia, interesante, con la mayoría de los textos que en la actualidad utilizan la primera persona en la construcción del narrador.

“La autobiografía presente en mis libros, no sé si está tan relacionada con las escrituras del yo de la actualidad. Muchos de esos libros a mí me gustan, pero creo que son distintas al uso de la primera persona autobiográfica que está en mis libros. Por un lado, porque el realismo rápidamente se contamina con elementos del fantástico, de la ciencia ficción, de lo onírico; y segundo porque es una escritura no tan marcada por la intimidad, en mi caso, sino sobre todo por la lectura. Es un narrador que funciona más en términos de acción, que va observando el entorno o como protagonista de un viaje, y no tanto como construcción de una interioridad típica tal vez de un diario íntimo de un yo que expresa sentimentalmente sus emociones”, explica.

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Inmersos en la segunda ola, con más contagios y muertes por coronavirus que en el peor momento del 2020, uno podría esperar una segunda parte del diario de la pandemia. Pero la situación es diferente. Todes somos diferentes. Ya no hay aplausos al personal médico y se instaló la idea de que estamos cansados y no podemos quedarnos en casa como antes. Algo de verdad hay en eso. Tanta como que la pobreza aumentó, la vacunación avanza a buen ritmo y el hartazgo no hace que termine la pandemia.

Ahora mueren 600 personas por día. Es una barbaridad lo que está pasando, pero la gente está por la calle, uno atrás del otro, sube a los colectivos. Ese momento (2020) tuvo algo de paranoia que para mí era muy prolífico para convertirlo en relato. O sea, hay miedo, por supuesto que hay miedo, pero las calles ya no están vacías como aparecen en el diario de la pandemia”, afirma Incardona y descarta la segunda parte.

En definitiva, los primeros días de marzo del 2020 parecen lejanos y la sensación de fin del mundo ha quedado atrás. Lo que sí quedó es La culpa fue de la noche, uno de los primeros testimonios de una pandemia que esperamos poder superar.

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