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Malvinas, imperialismo y recursos petroleros

Los resultados de las primeras perforaciones al sur de las islas contrastan con los obtenidos al norte: nada de petróleo. La operadora Borders & Southern concluyó sin suerte la exploración de sus bloques. Sin embargo, la plataforma semisumergible alquilada ya pasó a mejor dueño: la kelper FOG y su flamante socia, la estadounidense Noble Energy.

El pillaje, ahora formalmente anglo-estadounidense, se muda al este de las Malvinas. Mientras tanto, la futura extracción de crudo proveniente del complejo Sea Lion (Cuenca Norte) se consolida. La operadora británico-kelper Rockhopper Exploration (RE) pudo lanzar entre 2010 y 2012 una agresiva y exitosa fase prospectiva. Unas semanas atrás, RE confirmó su asociación con la petrolera británica Premier Oil, completando así los requisitos en cuanto al capital de riesgo necesario para el desarrollo del complejo. Entre 2015 y 2016, el joint-venture invertirá unos U$S 4 mil millones. Se calcula que el primer barril de crudo -de un mínimo de 355 millones de barriles (Mb)- arrancaría a comienzos de 2017. El pico máximo de extracción rondaría los 80.000 barriles/diarios (la mayor concesión petrolera productiva de la Argentina, Anticlinal Grande-Cerro Dragón, extrajo el año pasado un promedio de 90.085 b/d). ¿Cuántos son 355 Mb para nuestro país y cuánto para el Reino Unido? Un para nada despreciable 14,2 y 12,7% de las reservas comprobadas de ambas naciones, respectivamente. Pero el análisis petrolero de Malvinas no debe limitarse a una cuestión estrictamente técnica. En primer lugar, cabe advertir la amenaza implícita a la seguridad nacional argentina y una sureña representada por el ingreso de EEUU al archipiélago. Si bien semejante movida pasó casi desapercibida, tiene igual peso geopolítico que la alianza PDVSA-YPF y que el ingreso de Venezuela al Mercosur. En segundo lugar y como se explicita en el último informe de RE, el petróleo de Sea Lion está a 20 días de la costa este de EEUU, 25 del norte europeo y 35 del Lejano Oriente. Las rutas comerciales de semejantes clientes cubren el Atlántico en casi toda su extensión, recalentando la zona, elevándole su estatus geopolítico, justificando las bases militares en Gibraltar, Isla Ascención, Santa Helena y Diego García. Tal como confió a Tiempo Argentino meses atrás el especialista británico James Rogers: “Las Islas Falkands están ubicadas muy cerca de la única ruta navegable, además del canal de Panamá, entre los océanos Atlántico y Pacífico. Por lo tanto, proporcionan a Gran Bretaña el control sobre un importante 'cuello de botella estratégico', y también el acceso a una riqueza mineral potencialmente inmensa que yace bajo el océano de la zona económica exclusiva”. Malvinas no solamente se convertirá, gracias al pillaje petrolero en ciernes, en la única base militar autosuficiente en términos presupuestarios, sino que además podrá cubrir las espaldas (logística y financieramente hablando) de Gibraltar, Ascención y Santa Helena. Malvinas y su petróleo son la pieza clave del imperialismo en el Atlántico (y la Antártida), plataforma fundamental para su ingreso a la Patria Grande.

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