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Carlos Menem, el hombre del saqueo y el indulto a los genocidas

El expresidente falleció a los 90 años tras varias semanas internado en grave estado. La destrucción que provocó su gobierno aún no pudo resolverse.

El expresidente y actual senador nacional Carlos Saúl Menem falleció este domingo a los 90 años en el sanatorio porteño Los Arcos, donde había ingresado por una infección urinaria.

Quien gobernó a la Argentina entre 1989 y 1999 falleció diez días antes de la fecha en la que debía sentarse en el banquillo de los acusados por la causa que investiga la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero ocurrida el 3 de noviembre de 1995.

El 24 de febrero Menem tenía fecha para declarar como responsable por el atentado que mató a 7 personas y causó más de 300 heridos, además de traumas que aún resuenan en otras tantas centenares de personas que viven o vivían en la siniestrada ciudad de Córdoba.

El senador riojano por el oficialismo venía atravesando complicaciones de salud: primero estuvo internado en el Instituto del Diagnóstico y Tratamiento a raíz de una neumonía bilateral y hace algunas semanas debió ser internado por una infección urinario.

Menem llegó al poder en 1989 de la mano de un Partido Justicialista unido tras su figura y fue la persona que por más tiempo encabezó el Poder Ejecutivo sin interrupciones en la historia de la Argentina. En parte su largo mandato fue hijo del "Pacto de Olivos" sellado en 1994 entre él y Raúl Alfonsín, acuerdo que derivó en la reforma constitucional de ese mismo año.

El caudillo de La Rioja (provincia que gobernó en dos períodos) asumió la Presidencia el 8 de julio de 1989, cinco meses antes del inicio previsto para el mandato, con promesas de "revolución productiva" y "salariazo", aunque su gobierno estuvo marcado por políticas liberales que pregonaba un partido de derecha como la UCeDé (liderada por Alvaro Alsogaray), que pese a nunca haber logrado más que algunos escaños legislativos fue la que logró imponer la política económica de los dos gobiernos peronistas de ese período.

El legado de Menem de aquellos años fue la privatización a mansalva de las más importantes empresas del Estado (Luz, Gas, Telecomunicaciones, etc) cambios en las leyes laborales que implicaron la pérdida de antiguas conquistas de los trabajadores y una estrategia de "relaciones carnales" con Estados Unidos, cuya embajada en Buenos Aires se transformó de la noche a la mañana en uno de los factores de poder más legitimados del país.

Menem asumió el poder en medio de un proceso de hiperinflación heredado de la administración de Alfonsín y que si bien se extendió durante algunos meses de su Gobierno, fue cortado tras inesperadas alianzas entre el peronismo y dirigentes del liberalismo más encarnizado.

Además del propio Menem, la estrella de sus gobiernos fue Domingo Cavallo, su nefasto ministro de Economía que impuso un Plan de Convertibilidad que hizo que los argentinos vivieran durante años con paridad cambiaria, en la que un peso equivalía a un dólar, un germen -sumado a otros factores- de la crisis económica, social y política que estalló en el 2001 bajo el mandato de Fernando de la Rúa, el hombre que llegó a la Casa Rosada tras la debacle del modelo menemista.

Durante la gestión de Menem estallaron múltiples conflictos sociales, la mayoría de ellos por las pérdidas de fuentes de trabajo a causa de las privatizaciones y la precarización del mercado laboral al ritmo del plan de flexibilización que marcó para siempre al país, con consecuencias que aún hoy son visibles.

La Ley de Reforma del Estado sancionada a fines de 1989 lo habilitó a privatizar a lo largo de esa década varias empresas estatales, incluidas YPF, Gas del Estado, Aerolíneas Argentinas, el Correo Argentino y el complejo minero-siderúrgico Hipasam-Altos Hornos Zapla-Somisa.

Muchos de esos procesos privatizadores, entre ellos la entrega a manos extranjeras de recursos naturales estratégicos, fueron los puntos más cuestionados de su gestión, al igual que la calidad institucional, que tuvo su máxima expresión en la denominada "mayoría automática" de la Corte Suprema, que le permitió desplegar sus políticas sin sobresaltos judiciales.

Menem, quien estuvo preso de la dictadura militar en las Lomitas, tomó el argumento de la "reconciliación nacional" para firmar en 1990 uno de sus más polémicos decretos: el indulto con el que liberó a los genocidas condenados por múltiples delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar. En ese marco de destrucción ideológica del Peronismo (del que el partido no se recompuso hasta 2003 bajo el mandato de Néstor Kirchner) se abrazó con el exdictador Isaac Rojas, uno de los militares que dio el golpe contra Perón en 1955.

En los años 90, algunas de sus actitudes en el ejercicio de la Presidencia eran consideradas extravagantes, como la vez que jugó en cancha llena al fútbol con la camiseta de selección, o cuando viajó desde Buenos Aires hacia Pinamar, en tiempo récord, al mando de su Ferrari Testarossa.

Menem gobernó en La Rioja entre 1973 y 1976 (hasta el golpe militar) y entre 1983 y 1989, año en que dejó la provincia para hacerse cargo tras la caída de Alfonsín, hecho al que ayudó el poder económico y el propio peronismo en la figura de Domingo Cavallo, quien por esos meses de transición viajó personalmente a reunirse con organismos internacionales para que dejaran de prestarle dinero a nuestro país. "Alfonsín se va a ir vomitando sangre", se le escuchó decir a Cavallo en ese entonces.

Menem dejó el poder en diciembre de 1989, cuando el peronismo, que llevó como candidato a Eduardo Duhalde, fue derrotado en las elecciones por la coalición UCR-Frepaso que postuló la fórmula compuesta por el radical conservador Fernando de la Rúa y el peronista Carlos "Chacho" Álvarez, que había construido una fuerza progresista de extracción pejotista que finalmente quedó licuada por el radicalismo.

En 2001 Carlos Menem pasó seis meses en prisión en la causa por la venta de ilegal de armas a Ecuador y Croacia, por orden del juez federal Jorge Urso.

En 2003 intentó volver a la Presidencia y fue el más votado en la primera vuelta de los comicios de ese año, pero consciente de que todas las encuestas lo daban como seguro derrotado frente a Néstor Kirchner (algunas hablaban de una diferencia de 70 a 30) bajó su postulación y no se presentó al balotaje.

Que la historia y lxs argentinxs lo juzguen.

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