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Un multimillonario, misógino racista y provocador

Donald Trump marcha primero entre los precandidatos republicanos de cara a los comicios del año que viene.

Creo que el gran problema de Estados Unidos es ser políticamente correcto. No tengo tiempo para lo políticamente correcto y, seamos honestos, este país tampoco lo tiene." Con esa frase el precandidato presidencial que actualmente pica en punta en las encuestas del Partido Republicano, el magnate Donald Trump, buscó justificar sus polémicas declaraciones que generaron una ola mundial de rechazos, pero que por ahora le sirven para ser el favorito entre los 17 aspirantes republicanos a llegar a la Casa Blanca el año próximo. En la última semana, tres sondeos (Ipsos, CNN y Realclearpolitics) lo ubican primero a Trump con más de 20% de apoyos (24%, 22,5% y 22%, respectivamente), mientras que el siguiente en las consideraciones, el ex gobernador de Florida Jeb Bush, cosecha alrededor del 12% de aceptación, informó Tiempo Argentino.

Si bien se podrían escribir varios libros con la gran cantidad de exabruptos que pertenecen al multimillonario estadounidense –que según la revista Forbes tiene un patrimonio de 4000 millones de dólares–, los que más ruido generaron fueron cuando responsabilizó a los mexicanos por el ingreso en territorio estadounidense de las "drogas, el crimen y los violadores", para lo cual propuso levantar un "gran muro" en la frontera entre los dos países. O cuando acusó a Barack Obama de "incompetente" y puso en duda hber nacido en el país que preside.

A sus comentarios racistas y xenófobos ahora Trump le sumó un condimento misógino que generó un repudio generalizado incluso al interior del Partido Republicano, luego de que acusara a la famosa periodista de la cadena Fox News Megyn Kelly –que moderó el primer debate republicano– de haber sido especialmente dura con él por estar en su ciclo menstrual. "Había sangre saliéndole de los ojos, sangre saliéndole de su… de donde sea", dijo el hombre fuerte del sector inmobiliario estadounidense, y se desató la polémica.

El portavoz del Comité Nacional Republicano, Sean Spider, dijo que "Trump debe comprender que aspira a la presidencia de Estados Unidos y que sus palabras importan". El aspirante presidencial de la dinastía Bush, Jeb, aseguró que las declaraciones de Trump perjudicarán las posibilidades de la oposición. "¿Queremos ganar? ¿Queremos insultar al 53% de nuestros votantes?", preguntó el hijo de George H. Bush y hermano de George W. Bush.

Carly Fiorina, única mujer aspirante a la candidatura presidencial republicana, dijo que "las mujeres de todo tipo están horrorizadas" con los dichos del magnate y marcó la diferencia entre ser políticamente incorrecto y "lanzar insultos a toda clase de gente".

Como estrategia para seguir ocupando un lugar central en los medios de todo el mundo, este outsider de la política con nula experiencia en gestión pública lanza también propuestas que generan grandes polémicas, como cuando defendió la tortura, asegurando que "cuando el otro bando corta cabezas (en alusión al Estado Islámico), el submarino no suena muy severo". O cuando aseguró hace algunos días que en el caso de ser presidente volvería a invadir Irak y haría lo propio con Siria.

¿Por qué un candidato que en pocos meses ganó más enemigos que cualquier otro dirigente lidera hoy las encuestas republicanas?

Para Nicolás Gutman, magister en Economía y Políticas públicas de la George Mason University, esto "es el resultado directo de la estrategia del Partido Republicano adoptada por Richard Nixon en 1968 en la que deliberadamente se desestimó el debate político por el de una narrativa apocalíptica y la necesidad de personajes carismáticos y argumentos emocionales por sobre cualquier reflexión política u acción ciudadana".

Esta estrategia, añade Gutman, necesita de un relato sobre "un país que se hunde a causa de una minoría de inmigrantes, negros y mujeres holgazanes que quieren una porción del sueño americano sin trabajar, robándosela a los hombres blancos que construyeron el imperio con esfuerzo, y del partido demócrata que les quita a los trabajadores para repartirlo a estas minorías sólo para conseguir sus votos".

Para el periodista especializado en política internacional Eduardo Kragelund "es habitual que en el Partido Republicano aparezca entre los precandidatos alguien que represente la posición de derecha más radicalizada, como fue el Tea Party durante la campaña electoral que llevó a Obama a su primera presidencia". Y añade: "Esto genera dos efectos, que la gente más fóbica y derechista se aglutine, pero que a su vez el sector mayoritario dentro del partido, el establishment republicano, que no es fóbico y que tiene que ver con la centroderecha neoliberal, tire para el otro lado. Esa fue la forma tradicional del Partido Republicano para abrir lugar para su establishment, que es el que suele reacomodar las cosas".

El investigador del Conicet Leandro Morgenfeld aseguró a su turno que "el discurso abiertamente racista y misógino de Trump, lamentablemente, encarna la ideología del sector más duro del Partido Republicano y de un sector no tan minoritario de la sociedad estadounidense".

"Sin embargo –agrega Morgenfeld– estas posturas escandalizan cada vez más a los neoliberales que simpatizan con el Partido Republicano, pero que no comulgan con la retórica retrógrada del magnate. Un claro ejemplo regional es del escritor liberal Mario Vargas Llosa, quien lo descalificó esta semana, señalando que representa lo opuesto a los valores que hicieron grande a Estados Unidos".

El doctor en Ciencias Sociales e investigador (UNLP-Conicet), Gabriel Merino, ve una "racionalidad económica" detrás del discurso xenófobo de Trump. "Este mensaje se explica en la voluntad de mantener en la ilegalidad y en condiciones de sobreexplotación a la fuerza de trabajo que encarnan los negros e hispanos, la cual le da competitividad a algunos sectores de la economía estadounidense. No por nada duplican la media de pobreza y son los que sufren las peores condiciones laborales. De esta racionalidad Trump es expresión", aseguró.

En el debate republicano que tuvo lugar hace casi diez días, uno de los momentos más destacados fue cuando Trump se diferenció de sus competidores al asegurar que en caso de perder no garantiza apoyar al ganador, e incluso dejó abierta la posibilidad de candidatearse por un espacio independiente de demócratas y republicanos, tal como hizo el también magnate Ross Perot en 1992 y en 1996.

Para Kragelund es "muy posible que si Trump no gana se vaya, porque no es un hombre que obedezca a estructuras". Además, el periodista especializado en temas internacionales aseguró que "en caso de presentarse como independiente hay grandes chances de que el Partido Republicano salga dañado, porque se llevaría el apoyo que representan los neoconservadores en la actualidad".

En la misma línea, Morgenfeld asegura que Trump podría abrirse del Partido Republicano, ya que "cuenta con el hándicap de disponer de una holgadísima billetera", lo cual "preocupa cada vez más al establishment republicano".

A pesar de esto, todos los especialistas coinciden en que existen pocas chances de que Trump se imponga en la primaria republicana y menos aún de que le gane a Hillary Clinton, la favorita por ahora entre los demócratas.  

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