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Un nuevo Ni Una Menos: conquistas logradas y mucho por resolver

Se avecina el sexto Ni Una Menos que, en 2015 nos convocaba por primera vez tras el hartazgo por el femicidio de Chiara Páez. ¿Qué cambió desde entonces?

De cara a otro 3 de junio, volvemos a resaltar el recuerdo y la lucha permanente, lloramos más muertes de mujeres cis y trans, que al final formarán parte no solo de la memoria sino también de una cifra fría, de un frívolo indicador de cuántas pibas se nos han ido y hoy forman un cartel enorme e infinito de rostros de aquellas a quienes nos arrebató la violencia machista.

Reclamamos en manada Ni Una Menos en un grito ensordecedor, ahogado de dolor e impotencia, lleno de furia, lleno de búsqueda de justicia y lleno de esperanza también.

A seis años del primer Ni Una Menos, la organización MuMalá-Mujeres de la Matria Latinoamericana, informó datos poco alentadores, ya que en Argentina hubo desde el 1 de enero hasta el 30 de mayo de 2021, un total de 94 femicidos y 4 trans-travesticidios, lo cual indica un crimen por motivo de género cada 38 horas.

Los registros de MuMalá dan cuenta, además, de que el 14% de los femicidios fue perpetrado por integrantes de las fuerzas de seguridad, mientras que el 31% de los femicidios cometidos con armas de fuego fueron con armas reglamentarias.

Asimismo, indican que el 25% de mujeres víctimas de femicidios había denunciado a su agresor y el 16% tenía orden de restricción de contacto o perimetral. Un 2% disponía de un botón antipánico.

Asimismo, 95 niñxs y adolescentes que se quedaron sin madre a raíz de estos crimenes.

Más allá de las muertes, que con dolor seguimos contabilizando día tras día, también recordamos que las reglas del juego fueron cambiando a base de militancia feminista.

No se trata solo de femicidios, que son el golpe final de la violencia patriarcal, se trata también de la violencia cotidiana; de la brecha existente entre hombres y mujeres en los cargos laborales, de los comentarios fuera de lugar, de la justicia que revictimiza (y la urgente necesidad de una reforma judicial con perspectiva transfeminista), lidiar con el manoseo en el transporte público, el acoso en las redes sociales, la carga en las tareas domésticas que recaen en mayor porcentaje sobre la espalda de la mujer, de la necesidad del reconocimiento en las ollas populares cuyo predominio es también de mujeres, y la lista continúa.

Los espacios que se han ganado (como la legalización del aborto, el avance en el cupo laboral travesti-trans y el reciente "Programa Integral de Reconocimiento de Períodos de Servicio por Tareas de Cuidado", por ejemplo) fueron a base de organización, de salir a las calles, de hacernos escuchar, de la lucha colectiva, de la creación de espacios y redes de contención, que denotan la fortaleza de esta lucha y van generando transformaciones en espacios políticos y sociales.

Mientras tanto, seguimos luchando, seguimos caminando, fortaleciendo las redes existentes, para que Ni Una Menos deje de ser un grito de deseo y sea una realidad.

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