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Pablo Grinjot: "Que el canto se lleve todas mis penas"

Este viernes 4 de abril, sobre el escenario del CAFF, el cancionista presenta su nuevo disco: Grinjot. “Este disco representa la caída de ciertos dogmatismos que había adoptado –dice-. Me sirvieron para fundar mi historia musical pero ya me estaban aprisionando”.

Jueves 25 de octubre de 2012, Teatro Coliseo. Promediando Hay Otra Canción, el concierto donde siete compositores se reunieron con la Orquesta Académica de Buenos Aires para desembarcar en el ojo de la canción popular argentina, Pablo Grinjot se sienta al piano. Se hace silencio y, acorde por acorde, comienza a tocar “Cifra”: una canción inédita. Precedido por su voz, aparece Fernando Cabrera desde la penumbra. Su presencia sorprende menos que sus chupines verdes. Esa milonga, que tiende un puente entre el puerto cosmopolita y la fuente rural, reclama su voz soberana.

“Cabrera es mi referencia principal en la búsqueda de una canción que proyecte rayos hacia el pasado y hacia el futuro –dice Grinjot, que finalmente grabó “Cifra” con el cancionista uruguayo para su nuevo disco-. El concepto de esa canción encierra una poesía gauchesca con loops de bandoneón en un plano experimental. Pero yo no quiero ponerle una significación solemne. Cabrera no me deja que lo trate de Maestro, él se coloca conmigo en un rol de ‘hermano mayor’. Lo que más recuerdo de esa sesión son unas pechugas con zapallitos que nos comimos en una fonda después de grabar, con él, Alejandro Kauderer y Mya Ferrando”.

Alejandro Kauderer es, justamente, el productor detrás de Grinjot: el quinto disco de Pablo. Un álbum que si bien tiene un multitud de invitados (desde Cabrera a Nacho Rodríguez, pasando por Ana Prada, Pablo Dacal, Lucio Mantel, Tomi Lebrero, Alvy Singer y otros tantos), parece el más personal de todo su recorrido. Como si el cantor, entre amigos y cófrades, reuniera la fuerza para encontrar su voz y proyectarla sobre la cinta marrón del Río de la Plata.

-A diferencia de Canciones para criolla y ensamble, Rocha y Amor, este disco no parece tener límites auto-impuestos (musicales o líricos). ¿Es fruto de qué momento?
-Yo creo que este disco representa para mí la caída de ciertos dogmatismos que yo había adoptado y que me sirvieron para fundar mi historia musical pero que ya me estaban aprisionando. El minimalismo, el despojo de recursos y la búsqueda extrema de sonar 100% acústico -es decir, cero electricidad- fueron mis banderas. En este nuevo disco, yo siento una apertura de mi personalidad, que es algo que necesito cada cierto tiempo. Con respecto a las letras, también abandono la idea de decir mucho con poco ("Me tengo que levantar", por ejemplo, esa canción de mi primer disco, que apenas dice dos frases en 7 minutos de canción). Este fue un disco de construcciones poéticas más difíciles y auto exigentes.

-Desde el plano de los arreglos y la grabación, es menos introvertido. ¿Qué referencias sonoras se plantearon con Alejandro Kauderer?
-Se habló del Tropicalismo, desde Caetano y Gil, hasta algunos de sus descendientes como Lenine y Marisa Monte. También nos detuvimos a escuchar a músicos que en el momento de empezar mi carrera sentía que era necesario diferenciarme, por ejemplo Kevin y Jorge Drexler. En otros tiempos necesité darles la espalda para no pegotearme al estilo de ellos, pero esta vez los miramos y a otros de la generación de "nuestros hermanos mayores". Tuvimos algunas referencias de Santaolalla, en especial porque quisimos hacer un disco de alto nivel de audio y de producción ganando también el espíritu latinoamericano y rioplatense.

-La multitud de los invitados traza un mapa de afinidades. ¿Qué método –si es que lo hay- tenés para elegir el invitado de cada canción?
-Por personalidad y por timbre, estos cantantes e instrumentistas que invitamos, son únicos y originales. Cuando grabás armar una canción, la imaginación empieza a volar y a pedir ciertas notas, ciertas líneas o ciertos sonidos, también la canción empieza a pedir el instrumento o la garganta de determinado artista. ¡Por suerte existen los teléfonos! Han pasado ya años de colaboraciones mutuas con muchos músicos. Yo digo bromeando que todos los que me debían un favor, están en el disco. Es mentira: yo ahora estoy debiendo muchos favores. ¡Y me hace muy feliz!

-“Los artistas”, en ese sentido, funciona como una especie de manifiesto. ¿Qué cosas movilizaron su escritura?
-La anécdota dice que fue motivada por un amor que comenzaba y por la fuerza de la unión de los músicos independientes al reclamar al Gobierno de la Ciudad la reglamentación de una ley de subsidios. Pero esa canción va ganando más significados a medida que rueda y camina por las calles. La estrofa dice en forma metafórica unas cosas que escribí y que me hicieron efecto cuatro años después. El estribillo es la parte que parece un himno. Allí destaca y celebra las sensibilidades y estilos de vivir que elegimos los que entregamos nuestra vida al arte.

-Por la cantidad de timbres y voces, es un disco casi irreproducible en vivo. ¿Qué plan tenés para la presentación?
-Te vas a sorprender.

-¿Qué tiene que suceder para que te bajes satisfecho del escenario?
-Que ese viento que me atraviesa el pecho y la garganta -llamalo "el canto"- se lleve todas mis penas y las de mis escuchas. Que el sonido de la banda sea impecable y que se escuchen perfectamente todas las palabras. Que mis músicos se luzcan. Cuando te bajás del escenario viene gente a decirte que estuvo bueno y, cuando yo mismo sé que estuvo bueno, digo "yo soy el primero en enterarme". Quiero que me pase eso.
 

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