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Perro por favor

Con dirección de Celia Argüello y asistencia de Santiago Piva, Pablo Castronovo, Andrés Molina, Macarena Orueta y Samanta Leder son los y las protagonistas que saquen a pasear al perro que hay en vos.

y no acá contento.

Lejos es estar acá abrigado

y no allá descalzo”

Eduardo Torre Obeid.

¿Qué hacen los animales después de hibernar? Los primeros días de la primavera se los encuentra rondando en ayunas, con el hambre acumulado después de meses de frío, cueva y sueño. No salen desesperados ni a las apuradas. Se desperezan y avanzan con pie de plomo, con el olfato despierto al bosque.

Buscar preguntas en la animalidad es un camino cuando entre las personas las respuestas parecieran agotadas. Cada intérprete corporiza a su bestia. Ninguno representa de una manera figurativa. La representación del animal que es el propio cuerpo es más expresionista. El perro será en todo caso el impulso desde el cual encarnar el juego, la alegría, la rabia y el misterio de ser junto con otros. El animal es más que un arquetipo: se inmiscuye en cada gesto.

Cuando vas a ver en un mismo lugar trabajos que te emocionan, antes o después, terminás asignándole al espacio un poder particular sobre las propuestas que cobija. Los lugares se integran, impregnan y componen de lo que ahí sucede, de lo que provocamos. Y como Cucha se presenta en El Galpón de Guevara, y ahí te pasaron siempre buenas cosas, vas con una ilusión que alimenta la idea de espacio luminoso, de propuesta que no falla.

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Crédito Andrés Manrique

Crédito Andrés Manrique

Mientras los espectadores van entrando a sala, en el escenario están los cuatro intérpretes que se estiran, calientan, y preparan para la transformación. No tenés idea de qué es lo que vas a ver, pero la buena predisposición ya está dada. Te preguntás quién o quiénes estarán detrás de esta obra, además de Celia Argüello, premiada coreógrafa y bailarina que dirige y produce Cucha. ¿Pero quiénes sostienen el Galpón de Guevara, y cómo lograron sobrevivir este año y medio en el que vivimos puertas adentro, con la muerte pegada a la ventana? Sospechaste que la vida, después del decreto de aislamiento social y preventivo obligatorio no sería la misma. ¿Pero qué es?

Ahora tenés la segunda dosis contra el virus y salís con la confianza de que la realidad va a volver a acomodarse. Pero lo que llamaste realidad quedó lejos y a lo que le seguís diciendo de la misma forma no sabés en que se transformó. Por suerte, las ideas de este calibre se irán disolviendo cuando las luces de sala se atenúen apenas, y el sonido te envuelva, porque Cucha demuestra que la madriguera no es una jaula. El encierro, en muchos casos, sirvió para romper la inercia. Frenar te quitó oportunidades y desplazó otras. Por primera vez, en casi dos años, volvés al teatro, a esa caja negra donde los cuerpos se agarran, chocan, se anudan y estremecen.

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Crédito Andrés Manrique

Crédito Andrés Manrique

Además de los intérpretes, sobre el escenario hay una especie de triángulo armado por dos hojas de puerta con cuatro ventanitas traslúcidas en cada hoja: el objeto es lo más parecido que hayas visto a la carpa que hacés con dos cartas de una baraja sobre la mesa, apoyándolas de canto. El resto del inmenso escenario estará vacío para que los cuatro cuerpos lo atraviesen, llenándolo una y otra vez. En Cucha la salida es doble. Se entra por donde se sale, y se sale siempre. Hay doble circulación. La cucha es el lugar donde la crisálida da el último paso en la mutación inmediatamente anterior al salto; Cucha es un lugar para la transformación.

El más apto no llegará a morder el borde de las cosas, caminará su vida siguiendo consignas y direcciones al pie de la letra. Al que más le cueste integrarse correrá en círculos con la desesperación del súper héroe que vuela alrededor del planeta para rebobinar el tiempo, para ganarle a la muerte. Pero vos sabés que correr te lleva a ninguna parte. No llegarás siquiera a verte la nuca en el canal invisible que se abra a tus espaldas. En el apuro de los propios pasos no habrá modo de alcanzarse.

En medio de la escena, quedará la cucha vacía, porque los intérpretes trabajarán también junto al público, de este lado de la sala. La cuarta pared será el alambrado a través del cual saltarás junto con los dos bailarines y las dos bailarinas que se moverán a uno y otro lado, subiendo y bajando, atravesando y saliendo del escenario.

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Crédito Andrés Manrique

Crédito Andrés Manrique

Durante toda la obra, las palabras serán pocas, breves, sencillas. Alguna orden, alguna pregunta interesada: ¿Adónde vivís? ¿Adónde te gustaría vivir? Alguna otra, también simple, formulada a otro espectador: no más. La atención ante cada efecto sonoro será una flecha. El resto, gestos; movimientos que cuenten en relación con el sonido que, provenientes de distintos puntos del espacio, te irán llevando a situaciones más o menos conocidas, como la maravillosa fuerza de la soledad en el entusiasmo del encuentro cuando el amo vuelve a casa.

El sonido y la ambientación musical estereofónica reconfiguran el espacio. Sumergidos en esas voces de niños, el galpón se transformará en lo que podría ser un arenero de una plaza. Imaginás los árboles que no están, el chirrido de las hamacas en el vaivén de la imaginación, el trepador donde el cuerpo ganará otros niveles para ponerse un poquito más lejos del suelo. Los ladridos no serán más que un eco en la nube iridiscente de la arena espolvoreada contra el sol. En Cucha dejarás de ser el animal atado que espera la comida y la mano que acaricie. Por una hora, al menos, serás el perro que quieras ser.

Funciones: sábados a las 20 en el Galpón de Guevara (Guevara 326, Chacarita).

Ficha artística

Dirección y coreografía: Celia Argüello.

Creación e interpretación: Macarena Orueta, Pablo Castronovo, Samanta Leder, Andrés Molina.

Vestuario: Estefanía Bonessa

Realización escenográfica: Fabián Carrasco

Iluminación: Facundo David

Música: Patricio Lisandro Ortiz

Colaboración: Ari Lutzker

Diseño Gráfico: Nina Calcagno

Colaboración, creación y asistencia: Santiago Piva

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