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Un repaso por la historia de YPF

A 90 años de su fundación, el debate siempre giró en torno a quién era el legítimo dueño y quién podía explotarlo. Desde el descubrimiento de petróleo en 1907, una revisión desde cómo Yacimientos Petrolíferos Fiscales pasó a convertirse en una sociedad anónima con la privatización en los ’90, hasta pertenecer a la española Repsol.

Desde que en 1907 se impulsa desde el gobierno de José Figueroa Alcorta una política petrolera, descubriéndose ese mismo año petróleo en la ciudad de Comodoro Rivadavia, la historia del petróleo en la Argentina giró en torno a quién era su legítimo dueño y quién podía explotarlo.

Si bien la legislación consideraba que el recurso debía ser explotado por el sector privado, el peso político y estratégico de mantener la producción petrolera bajo la órbita del Estado condicionó fuertemente la organización de la industria en esos primeros años de vida, teniendo como consecuencia posterior la decisión de crear Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.)

En 1910, bajo la presidencia de Roque Sáenz Peña, se crea la Dirección General de Explotación del Petróleo, formada por una comisión presidida por el Ing. Luis Huergo, con el objetivo de regular la actividad de las compañías extranjeras que comenzaban a establecerse en el país.

Durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, entre 1916 y 1922, se realizaron varias obras para la producción de petróleo; sin embargo, en 1922, debido a rumores de irregularidades en la venta de petróleo y a la baja producción de los pozos, se decide reestructurar la administración.

De esta forma, se la reemplaza por la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y, ese mismo año, el entonces coronel Enrique Mosconi asume la dirección general de YPF.

A partir de allí, Mosconi permanecería en la empresa por ocho años, dedicando grandes esfuerzos para incrementar la exploración y desarrollo de la extracción de petróleo.

Excluyendo a la URSS, YPF fue la primera petrolera estatal integrada verticalmente en todo el mundo. Desde su fundación, la empresa realizó todas las actividades que fuesen necesarias para la explotación de petróleo.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la extensión de la explotación de YPF en Salta, Neuquén, Mendoza, Chubut y Santa Cruz desde la década de 1920, implicó una movilización de recursos y trabajo en la construcción de la infraestructura. Además de abrir nuevos polos de producción, se construyeron barrios para los obreros, se abrieron caminos, se mejoró la comunicación y se instalaron escuelas para las poblaciones que se creaban alrededor de la explotación del petróleo.

YPF fue pionera en un tipo de concepción del trabajo que involucraba, junto con el empleo, la preocupación por la satisfacción de la vivienda, la educación y el tiempo libre de los trabajadores.

A pesar de que también existía una considerable participación en la industria de las multinacionales Shell y Esso, el General Mosconi e Hipólito Yrigoyen le dieron a la empresa el monopolio legal del petróleo durante toda su existencia como Sociedad del Estado.

De todos modos, su producción siempre superó con creces la del sector privado. El objetivo buscado por Mosconi era que el fisco debía contar con una gran empresa, para poder hacer frente a reclamos individuales que fueran contra el interés general del país.

A partir de la decáda del ’30, los grandes saltos productivos se dieron en el marco de procesos de desregulación y de incentivo a la mayor participación del sector privado en el negocio (1930-1937, 1958-1962, 1966-1972, 1992-1998).

Privatización

Como la mayoría de las empresas públicas argentinas, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, YPF fue privatizada. Entre 1989 y 1992 se llevaron a cabo las principales reformas, cuyo primer paso fue el cambio de tipo societario de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (que era una Sociedad del Estado) para convertirse en una Sociedad Anónima
(YPF S.A.).

En el año 1993, el Estado mantenía el 20% de las acciones y la acción de oro, y un 12% los estados provinciales. El sector privado era propietario del 46% del accionariado, y lo componían bancos y fondos de inversión de diversos países. En 1998, el sector privado poseía casi el 75% de las acciones, aunque el Estado mantenía la acción de oro.

Finalmente, en 1999, se culminó la privatización al venderse el último 24% de acciones estatales y provinciales a la española Repsol por un valor de 9.000 millones de dólares. REPSOL compró en el mismo año otro 73% de acciones que pertenecían al sector privado.

En el 2000, la empresa empleaba a 5500 personas y ganaba 500 millones de dólares por año. Poseía el 46 por ciento del mercado de combustibles.

En diciembre de 2007, el Grupo Petersen, un conglomerado argentino de empresas al mando de Enrique Eskenazi, compró el 14,9% de YPF S.A. y, el 4 de mayo del 2011 aumentó su participación accionaria en la compañía en un 10%. De esta manera, el Grupo Petersen pasó a poseer el 25,46% de YPF, la compañía Repsol tiene el 58,23%, mientras que el 16,34% restante se encuentra en manos de inversores del mercado.

A comienzos de este año, YPF explotaba en el país 60 áreas y en sólo 15 concentraba el 83,3 por ciento de su producción de crudo, según datos del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG).

En cambio, hasta el momento, por bajas inversiones y productividad, YPF perdió concesiones en seis provincias por el 19 por ciento de su producción nacional. Si finalmente la semana próxima Chubut le quita el yacimiento Manantiales Behr, la cifra se elevará a cerca del 28 por ciento.

En tiempos en que la oferta petrolera se agota, YPF está, nuevamente, en el ojo de la tormenta.

“Entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”
Gral. Enrique Mosconi

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