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El teorema del presidente necesario

He encontrado una demostración absolutamente maravillosa, pero el margen de esta hoja es demasiado estrecho para incluirla", escribía Pierre de Fermat en 1637, cuando planteaba (o conjeturaba) uno de los desafío más apasionantes de la larga historia de las matemáticas.

He encontrado una demostración absolutamente maravillosa, pero el margen de esta hoja es demasiado estrecho para incluirla", escribía Pierre de Fermat en 1637, cuando planteaba (o conjeturaba) uno de los desafío más apasionantes de la larga historia de las matemáticas. El último teorema de Fermat propone que "si n es un número entero mayor que 2, entonces no existen números enteros no nulos x, y y z, tales que se cumpla la igualdad x (n) + y (n) = z(n)". Recién en 1995 el británico Andrew John Wiles culminó su demostración en algo más de una centena de páginas y apelando a técnicas impensables en el siglo XVII, época para la cual Fermat parece que apenas si contó con un ejemplar de la Arithmetica de Diofanto, sobre cuyos márgenes inscribía sus propias anotaciones.

En política, los problemas y las ecuaciones no disponen de tanto tiempo, ni quizás de semejante belleza abstracta, aunque sí de ineludible y vital necesidad; y sobre todo cuando lo que hay que dilucidar, o mejor dicho aplicar, es uno de los elementos centrales de la construcción según lo indica la propia historia de todos los proyectos transformadores, el de la unidad más amplia posible, que es tal magnitud que cuando los acontecimientos y los sujetos que los protagonizan no llegan a ella, esos proyectos (procesos) ingresaron entonces en el cono de sombras que se llama frustración.

Cuando días atrás, no sin cimbronazos bajo la línea de flotación –Florencio Randazzo sabe de ello-, el FPV se decidió por la fórmula presidencial Daniel Scioli – Carlos Zannini, su conducción, encarnada en la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en realidad no hizo otra cosa que leer con inteligencia un tablero que había tenido en el actual vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, a su mejor matemático, entendido ese oficio, si me permiten la figura, como el de un descifrador de signos que luego parecen obvios pero que antes demandaron el esfuerzo de desentrañar el teorema, en el momento justo y con la designación precisa de sus elementos; pues, y como ya lo he destacado desde esta página, fue el que fuera hacedor de la Ley de Servicios de Comunicación quien despejó el camino hacia la unidad del oficialismo, cuando en febrero último entendió que la derecha se reagrupaba y ante ello la consolidación de una candidatura presidencial para "la Victoria" era imprescindible: así se afirmaba la marcha de Scioli como responsable de lograr un Ejecutivo nacional en octubre que permita el afianzamiento de lo hecho por el peronismo a partir de 2003 y sobre todo de acumular la energía y la organización política irrenunciables para avanzar con lo que falta, en el plano local e internacional, pues la justicia social, la soberanía política y la independencia económica, para simplificar en clave de pasado que sea futuro posible, son objetivos siempre en movimiento, casi ratificando que la militancia con esas perspectivas no se contenta ni explica por los logros sino por la propia militancia, para no apelar al concepto si se quiere más épico que expresa la palabra lucha.

Scioli asumió en forma inmediata el sentido estratégico de su al fin única postulación por el FPV, y le dijo a propios y ajenos acerca de sus obligaciones y responsabilidades, también de sus reconocimientos. Y quizá una síntesis de ambos imperativos comunicacionales esté en su intervención del jueves pasado en Berazategui, cuando inauguró una nueva Unidad de Pronta Atención medica (UPA 24 Horas), junto a Mariotto y a Julián Domínguez y al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, precandidatos estos dos últimos a gobernador y vice respectivamente.

"Tenemos la responsabilidad de seguir proyectando en forma colectiva este proyecto de Nación con una política social inclusiva y una economía organizada (…)", dijo entonces Scioli, para luego añadir con toda claridad "mi compañero, el vicegobernador Gabriel Mariotto, me ha facilitado desde la Legislatura los instrumentos, las leyes, para llevar adelante los cambios en la Provincia". Horas antes y durante una larga entrevista por TV había destacado "seré un presidente que ejerza todos los atributos que le confiere la Constitución"; tras remarcar las cualidades "intelectuales, políticas y humanas" de su compañero de fórmula para octubre (Zannini), con quien, aseguró, se complementará muy bien, pues, añadió, su experiencia junto a Néstor Kirchner le permite saber "lo que necesita y lo que no le gusta a un vicepresidente".

Las palabras de Daniel Scioli recuperadas para la ocasión de este intento de análisis del escenario político y electoral nos hablan, como adelanté, de enunciados y de reconocimientos. Entre los primeros no es menor el que remite a una constatación: continuar adelante con el proyecto de transformaciones democráticas e inclusivas del peronismo recuperado por Kirchner requiere un presidente al frente de todo el dispositivo político e institucional, sin otros balances y limitaciones que los previstos por la Constitución Nacional. Y entre los segundos, el recordatorio de una marcha de cuatro años con el saliente titular del Senado bonaerense a quien el propio Scioli ubica como decisivo; y va de suyo, casi con la fuerza demostrativa de cualquier viejo teorema que los enunciados y los reconocimientos se desenvuelven en dos dimensiones, en una que remite al pasado pero en otra que susurra sobre el futuro en tanto posibilidad.

Será por eso entonces, por negarse a la demostración que arroja el imaginario teorema "del presidente necesario", que la prensa de la derecha se esfuerza en atacar al candidato único del oficialismo, tal cual lo señala ayer la agencia AgePeBA en su artículo "Preocupados porque el FPV se encamina a un nuevo triunfo, los cañones mediáticos apuntan a Scioli", firmado por el colega Germán Celesia y en el cual se demuestra (¿como otro teorema, quizás?) que "el periodismo que milita en favor de un 'fin de ciclo' kirchnerista evita toda referencia que pueda ser interpretada como una muestra de armonía interna" del proyecto al cual las encuestas lo ubican al frente neto de las intenciones de voto (para Aresco, Scioli cuenta con imagen positiva que supera el 50% y aventaja a Mauricio Macri en 15 puntos). Sí debe ser por eso, por anotaciones que los márgenes no pueden ocultar.

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