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Opinión: Feinmann y los peligros del "facho cool"

Detrás del personaje mediático que se muestra obsesionado con el consumo de marihuana y las tomas de escuelas secundarias, se esconde un personaje violento que niega el derecho a la existencia del otro.

Hace ya unos años que Eduardo Feinmann decidió cambiar de perfil, suavizarse: si hasta hace poco era capaz de decir barbaridades sin sonrojarse o intentar generar algo de empatía, hoy se muestra como alguien que, de tan extremista, resulta afable. Como una caricatura de sí mismo.

El nuevo Feinmann se preocupa más por aparecer en los programas de archivo que en presentar las noticias del ciclo que conduce cada tarde por la pantalla de C5N. Encontró, en ese personaje, la manera de camuflar sus ideas para que no suenen tan terribles y de paso aumentar su visibilidad. Así como el personaje de Diego Capusotto y Pedro Saborido Micky Vainilla utiliza al pop como un vehículo para transmitir sus prejuicios racistas y xenófobos, Feinmann se transformó en un personaje mediático, en uno más de la farándula, para dar rienda suelta a sus afirmaciones de siempre.

Es común verlo discutir con estudiantes de colegios secundarios que toman medidas de fuerza, con políticos o artistas que defienden la despenalización de la tenencia de marihuana para consumo personal o hasta en las cámaras ocultas de Marcelo Tinelli. En cada una de esas intervenciones, el interés de Feinmann tiene que ver con un sentido del espectáculo, del show. El periodismo siempre queda relegado a un lugar secundario.

Sin embargo, detrás de esa capa de frivolidad con la que quiere instalar el mito del “facho cool” –como fue bautizado por la Revista Noticias-, anida un discurso violento y reaccionario en el que vale la pena detenerse.

Anteayer, 2 de junio de 2014, Feinmann se trenzó en una discusión con el abogado Roberto Carlés, coordinador de la comisión de reforma del Código Penal. Tras insistir en que el nuevo Código proponía premiar a los delincuentes y abolir el sistema penal, Feinmann se encontró con una respuesta que lo descolocó. Lo descolocó tanto que se salió del personaje de tío derechoso que se ríe de sí mismo y en el fondo es adorable. “Sería muy bueno saber qué opina el Papa Francisco de su alegría cada vez que matan a un delincuente y dice `Uno menos`. Seguramente no celebraría, como usted, la muerte de un ser humano”, le espetó Carlés.

Eduardo Feinmann celebra la muerte de supuestos delincuentes con la frase "Uno menos".

El abogado se refería a las reiteradas alusiones de Feinmann al alivio que le proporcionaba la muerte de supuestos delincuentes a manos de la policía. El caso más recordado tuvo lugar el 22 de mayo de 2001, cuando desde el programa de Daniel Hadad celebró el deceso de una persona. En un enfrentamiento, habían muerto dos efectivos policiales y un hombre que había robado en un negocio de Once. “Uno menos. Que Dios me perdone, pero es uno menos: este no roba, no mata, no viola”, dijo al aire.

Ya convertido en personaje mediático, Feinmann volvió con ese discurso en enero de 2013, cuando las primeras noticias indicaban que habían muerto dos supuestos ladrones que se desplazaban en moto. Según relata Eduardo Blaustein en su libro Años de Rabia, el conductor volvió a pronunciar su “Uno menos” y a invocar el perdón divino. Cuando este año se registraron algunos casos de linchamientos, Feinmann planteó el fenómeno como si se tratara de un videojuego. “Es clara mi posición sobre los delincuentes. Entre un delincuente y una víctima, siempre me voy a poner del lado de la víctima (…) Dicen que con el `Uno menos` soy el que incito a la violencia social y los linchamientos. Nunca diría `Salgan a cazar delincuentes`. Lo que digo es que los chorros dicen `Yo salgo a trabajar` y eso no es laburo. Todo trabajo tiene un riesgo: el riesgo del delincuente es morir”, lanzó en el prime time televisivo con total desparpajo. “Y ahí es donde entra el `Uno menos`: entre el policía que defiende a la sociedad y el delincuente que ha agarrado un arma para atacarla, me quedo con el que defiende a la sociedad”, remarcó.

Además de desconocer la existencia del Estado de Derecho y las leyes que regulan la vida social, Feinmann –quien curiosamente es abogado-, plantea que la seguridad ciudadana es una lucha cerrada entre el bien y el mal, en la que los policías son siempre los buenos y los ciudadanos que cometen un delito, delincuentes irredimibles que atacan a la vida en común. De esta manera, Feinmann invisibiliza las tramas de gatillo fácil que operan en numerosas actuaciones policialdes y se apresura a emitir una condena sobre personas que no pudieron ir a juicio.

Lejos de ser un personaje cómico, Feinmann es un comunicador que emite mensajes violentos.

En la discusión que mantuvo ayer con Carlés, Feinmann se salió de sus casillas y volvió a defender su peligrosa doctrina del `Uno menos`, según la cual él debería determinar qué vidas prefiere que continúen y cuáles son descartables. “Seguramente usted celebra la muerte de un policía”, atinó a responderle a su interlocutor, como si todo el mundo tuviera su mismo esquema de pensamiento que diseña escalas de preferencias de vidas humanas. “No celebro la muerte de nadie, no sea cabeza de termo. Usted celebra la muerte de personas y eso es lamentable”, le respondió Carlés. Y Feinmann retrucó: “De personas que le hacen daño a la sociedad. Enemigos de la sociedad”.

Eduardo Feinmann, el facho cool que es seguido con reverencia en las redes sociales, no es un quijote que pelea contra la liberalización de las costumbres y la tolerancia social hacia el consumo de marihuana. Es un comunicador social que dice, en la radio y la televisión, que existen “enemigos de la sociedad” a los que no está mal, directamente, eliminar de la faz de la Tierra. Sin derecho a defensa, con este o cualquier otro Código Penal. Porque la doctrina del `Uno menos` no tiene tiempo para detenerse en esas cuestiones.

Detrás del personaje cómico que dice “charuto” y se pelea con adolescentes, hay un periodista irresponsable que profiere alarmantes mensajes de violencia que no se pueden dejar pasar como si fueran un chiste más. 

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