Política |

Palabras cargadas de furia y política

La consigna era Ni Una Menos. Sin embargo, cada una pudo llenar de contenido propio esas palabras. Así se multiplicaron los carteles que decían "Estoy viva y lo puedo contar", "Soy mujer en un tiempo en el que el femicidio nos vuelve desechables", "Con short o pantalón respetame, cagón".

La consigna era Ni Una Menos. Sin embargo, cada una pudo llenar de contenido propio esas palabras. Así se multiplicaron los carteles que decían "Estoy viva y lo puedo contar", "Soy mujer en un tiempo en el que el femicidio nos vuelve desechables", "Con short o pantalón respetame, cagón". También, mujeres de todas las edades que llevaban carteles con fotos de otras, las que faltan, las que nos empujaron a marchar para exigir, entre otros puntos, la instrumentación en su totalidad de la ley 26.485. Algunos de esos rostros se multiplicaron hasta el hartazgo en los medios de comunicación. Otros son anónimos. En todos los casos, el complejo entramado entre victimarios que aún deciden sobre nuestras vidas, sistemas judiciales que nos ponen bajo sospecha y discursos mediáticos que nos miden el largo de la pollera da como resultado que no sólo se deban implementar leyes. Sino que, sobre todo, se deban desmantelar prácticas y discursos atravesados por una lógica héteropatriarcal. Nuestra palabra no debería valer menos que la de los varones de clases acomodadas que son, en tanto grupo social dominante, quienes reglamentan esas prácticas y discursos. Nuestra palabra estuvo cargada de furia, de belleza, de política. Esta marcha tiene trascendencia histórica en un país que se pronunció contra la violencia al sancionar leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario para avanzar en la igualdad de derechos. Es tiempo de que también tengamos derecho legal a abortar. 

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