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Mario Pergolini: desde el planeta Vorterix

Cómo planeó su nuevo proyecto multimedia, que combina radio, Internet y un teatro para shows en vivo. Su sueño: otra revolución.

Bienvenidos a Vorterix. Casi nadie sabe qué significa ese nombre. Es un secreto, como la fórmula de la Coca-Cola. Sólo sabemos, por ahora, que para entrar hay que atravesar una puerta. Y que arriba de esa puerta flota una marquesina de veinte toneladas y tres pantallas digitales: dos a los costados y una gigante en el centro, con el logo de Vorterix. El que sí sabe su significado, aunque no lo revele, es su creador, Mario Pergolini, quien a lo largo de esta entrevista explicará cómo surgió su nuevo emprendimiento y por qué sueña con revolucionar, una vez más, el mundo de la radio y el rock.

Conductor estrella, empresario, pianista aficionado y casi recibido de piloto (“Me faltan 12 horas de vuelo”), Pergolini se mudó de radio después de dos décadas y media, para lanzar un proyecto propio recién inaugurado en mayo.

En su muy recomendable autobiografía, “En busca de la memoria”, el científico y Premio Nobel Eric Kandel confesó que tanto para lograr éxito en sus investigaciones, casi siempre desdichadas, como para el gran paso de casarse, necesitó dar un verdadero “salto de fe”. No era una expresión religiosa, sino una apuesta a la convicción, a la creencia de que todo podía ser posible. Así que Pergolini se asoció con Matías Garfunkel, uno de los accionistas del Grupo Veintitrés (que, entre otros medios, publica esta revista) y se preparó para un nuevo desafío. El salto de fe incluyó abandonar la comodidad de un espacio seguro, de un programa líder durante diecinueve años, para incursionar en un proyecto que, según el conductor, “no sé si tiene antecedentes en el mundo”. Por supuesto que conoce la experiencia de Radio City, en el Rockefeller Center de Nueva York, pero ahí se trata de una fusión histórica entre radio y televisión. ¿Y acaso no hay puntos en contacto? En un mismo complejo, Pergolini fusionó un teatro, construyó una radio y un estudio, en el que funcionan 16 cámaras Panasonic de última generación. Pero no. “Me dicen que si hay audio e imagen, eso es televisión, y no estoy de acuerdo”, dice Pergolini, mientras recorre el edificio aún en obra (ahora que usted lo lee, ya terminado).

- ¿Por qué no estás de acuerdo?

- Porque los tiempos de la televisión, la lógica de la televisión es distinta. Hay zapping, otros ritmos y contenidos, otra interacción.

- ¿También sería incorrecto decir que es radio con imágenes?

- Es mucho más. Porque al mismo tiempo, en algunos momentos, podremos transmitir tres o cuatro cosas diferentes.

- ¿Como si fuera un canal de televisión dentro de la web de Vorterix?

- Sí, con distintas ventanas podemos pasar en simultáneo, por ejemplo, el programa de radio, un concierto en vivo, un noticiero propio y además tener opciones de ver, con un solo clic, recitales anteriores de otras bandas.

- ¿Como si fuera un “Netflix” de música? ¿Con la posibilidad de pagar por ver algunos recitales?

- Sí, pero aquí manda más el concepto “freemium”: podemos darte ratio gratis, pero que nos veas desde una smart TV o que pagues para venir a ver un recital. Pero después, una vez que subís algo a la web, ya perdés el control. Y a mí me interesa la divulgación de los contenidos. Creo en el concepto de Creative Commons.


  
Pergolini se refiere a una organización sin ánimos de lucro que promueve el intercambio y la utilización legal de contenidos cubiertos por los derechos de autor. Sirve para llevar la postura extrema de “todos los derechos reservados” hacia “algunos derechos reservados”. Y, basada en las leyes de protección intelectual, desarrolla licencias y contratos más flexibles para que se pueda generar ingresos legales pero que al mismo tiempo nadie se vuelva un criminal por copiar una canción o algunos capítulos de un libro. “Así serán los acuerdos que hagamos con las bandas. Ellas tocan, nosotros hacemos los discos o las piezas que resolvamos vender, no hay intermediarios, por lo cual se llevan un porcentaje más alto; y al cabo de un año, o lo que fuera, ellos se quedan con todo: son los artistas, los dueños de ese material”.

- Es el mismo modelo que eligió uno de tus columnistas en Vorterix, Hernán Casciari, para sus libros.

- Claro. Hernán renunció a todas las editoriales para lanzar la suya propia, en la que da un 50 por ciento de las regalías a los autores en lugar del 10 por ciento habitual. Y le está yendo muy bien.

- ¿En cuánto tiempo planificás recuperar la inversión de este proyecto?

- Calculamos dos años. En el área del teatro, aspiramos a hacer ochenta conciertos por año. Pero elegiremos a las bandas que nos gustan y que se animen a presentar algo diferente. Muchas, incluso, grabarán sus nuevos discos con nosotros, en los estudios que hay arriba del teatro.
 
El planeta Vorterix surgió de la imaginación de Pergolini y aterrizó en un espacio físico en Álvarez Thomas y Federico Lacroze. Ahí funcionaba el Teatro Colegiales, en un edificio construido en 1928 por el arquitecto belga Alberto Bourdon, quien tuvo a su cargo otras casas célebres como el Ópera en 1935.

Para instalar Vorterix, hubo que reacondicionar el lugar. Y en las remodelaciones descubrieron guardas originales de los techos y otros detalles que permanecían ocultos por décadas. Al mismo tiempo, se construyó un nuevo escenario, barras, e instalaron equipos de sonido, iluminación y decenas de plasmas. También, parlantes de ruido ambiente en el túnel que llevará a los artistas de sus camarines (reciclados) hasta el escenario. A los recitales de Emir Kusturica y su banda, de los primeros que organizaron, fueron 1.100 personas sobre una capacidad de 1.200. Frente al escenario, hay un entrepiso con balcón semicircular destinado a los invitados especiales. Invisibles, debajo de paredes y suelos, miles de metros de cables comunican el mundo antiguo del teatro con el paraíso multimedia de Vorterix Rock instalado en el primer piso. A unos cincuenta metros frente al escenario, una doble pared de vidrio separa a las bandas más frenéticas y sus fans de un estudio de TV aislado del ruido. Desde ahí el propio Pergolini, Marcelo Gantman o Gustavo Olmedo, otros de los conductores de la FM 103.1, podrán presentar a una banda que está tocando al mismo tiempo a metros de ellos o transmitir uno de los noticieros diarios. Ese estudio, aislado totalmente del sonido, tendrá cuatro cámaras de TV y un sistema digital que visualmente permite ampliar las medidas, como si ese cuarto de sesenta metros cuadrados fuera una cancha de fútbol. O cambiar, de un instante a otro, los colores de las paredes, el branding y la escenografía.

Entonces, mientras abajo hay un recital a todo volumen con fans (o sin ellos, quizás sólo grabando un video-clip), en el estudio de TV preparan notas y en otro estudio, también en el primer piso, se emite el programa de radio en vivo. Todo –el concierto, la TV y la radio–, se ve en simultáneo en www.vorterix.com

Pero en ese primer piso hay lugar para más. Pergolini sacude el polvo de la construcción, saluda como si fuera un presidente a cada uno de los obreros y revisa los últimos detalles. Donde sólo hay cables sueltos (ahora que usted lee no, ya está todo armado) habrá dos paraísos para músicos. El más grande está sordo y aislado de las bocinas de Federico Lacroze, justo del otro lado de la ventana. Es un estudio de grabación donde podrá funcionar el sello discográfico de Vorterix. El otro salón, más pequeño, cuenta con equipos de última generación. “Son los mismos que trajeron U2 o Roger Waters para The Wall”, dice Pergolini. Y explica que los equipos permiten, por ejemplo,  “mezclar los sonidos que llegan del recital en la planta baja, limpiarlo y simultáneamente transmitirlo ya procesado por la radio”. Con estos equipos, más el software tecnológico, la calidad de la emisión del programa de radio por streaming puede ser de un nivel nunca antes logrado.

“Nuestra prueba de fuego fue antes del lanzamiento oficial, durante el Quilmes Rock”, revela. Y detalla: “Más de 700.000 personas siguieron los conciertos por nuestra página web, y, a diferencia de otros sitios, nunca se nos cortó la transmisión, y la calidad del sonido fue impecable”.

En realidad, su pasión por la tecnología (también tiene una empresa de videojuegos y otra de animación) fue el Big Bang del proyecto Vorterix. “Cuando comprobé que el 30 ó 40 por ciento de nuestra audiencia nos escuchaba por la computadora, me di cuenta de que había que hacer algo diferente”.

- ¿Cómo desarrollaste la idea? ¿Cómo llega este proyecto cuando, en realidad, después de vender tu empresa (Cuatro Cabezas), sólo anunciabas tu retiro una y otra vez?

-  Sí, vendí la empresa hace cinco años, después hubo un tiempo de transición y adaptación hasta que se me ocurrió este proyecto. En realidad, el clic fue un día mientras hacía el programa.

- ¿Qué pasó?

- En pleno programa, en la radio, de pronto me imaginé un escenario. Un anfiteatro. Un show en vivo. Y pude unir los puntos con otras ideas en las que venía pensando desde hacía tiempo.

- ¿La del aumento de oyentes on-line?

- La idea de que la música es un commodity que todas las radios comparten. Ya nadie oye la radio o va a un canal de música para ver cuándo pasan su canción favorita. La buscan on-line y punto. Entonces había que inventar algo distinto: conciertos en vivo, noticieros, calidad de sonido única. Y para eso tenía que armar algo mucho más grande que un programa de cuatro horas.
Así se explica, de algún modo, uno de los eslóganes que repiten para definir Vorterix: la evolución de la revolución. Hace treinta años, Pergolini fue uno de los pocos pioneros en poner voz al rock and roll en la FM. Ahora, está en busca de una nueva revolución.

Va más lejos y sueña, incluso, con un día en el que todos los celulares en un concierto puedan funcionar como cámaras que emitan imágenes en vivo que sean recibidas en una isla por un director que seleccione tomas inédita, nunca vistas.

Sus dos hijos adolescentes, de 18 y 13 (la más chica tiene 5), lo inspiran a buscar nuevos caminos, nuevas vías. La tecnología y el rock, en otros tiempos, separaban generaciones. Hoy son puentes invisibles que las unen. Eso también es Vorterix.

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