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“Fui troska y quise cambiar el mundo, pero renuncié porque eran todos cachivaches”

Entrevista de Tiempo Argentino a Claudia Puyó. Cantó con todos, desde Joaquín Sabina hasta Mercedes Sosa. Su papel de cantante resistente en una iglesia Metodista durante la dictadura. Además, su militancia desconocida en el PST. Primavera por un día, su último disco solista.

–La cosa fue así: a los 12 años empecé a tocar con Aníbal Forcada, bajista de León hace más de 30 años, que hizo el "Blues de los plomos". Tocamos durante muchos años y nos subimos a un escenario juntos por primera vez cuando yo tenía 15 años, con Ana Gris. Después se fue sumando mucha gente al grupo, y se agregó Claudio Triputi (hijo de un pastor). Hubo muchos músicos en Ana Gris, pero el origen fuimos Aníbal, Claudio y yo.

–¿Y qué tocaban allá, en el principio de los tiempos?

–Cantábamos canciones nuestras, como "Nahuel". El primer show fue en el Colegio San Cayetano de Liniers, en el Salón de actos, y eso que ninguno iba a ese colegio. Cantábamos "Dulce tren nocturno", algún tema de Sui Generis que recién empezaba, de Pescado Rabioso. Y me acuerdo haber estado en el Luna Park viendo Adiós Sui Generis, con mis 17 años. También vi a Joe Cocker, en el '77, la primera vez que vino. Me escapaba de mi casa para ir a ver a todos. A los 12 vi a Pescado Rabioso y a Aquelarre en el '72, a Pappo's Blues y La Pesada. En esa época los músicos tocaban en los carnavales de los clubes. No había pubs, lugares, estadios.

"Era Troska. A los 12 años. Iba al Lasalle de Ramos Mejía, y militaba ahí, que había un local del Partido Socialista sobre calle Rivadavia. Yo quería cambiar el mundo, romper las estructuras que no me gustaban, y tenía muchas influencias".

–¿Por qué te gustaba tanto la música?

–Mi padre es un escuchador de música clásica desde que nací, un melómano violento de la música clásica, y algunas cosas me volaban la cabeza. Y le preguntaba acerca de lo que escuchaba: Mozart, Beethoven, Wagner. Me interesaba saber lo que escuchaba, mientras mi viejo dirigía orquestas invisibles. Es abogado, pero creo que hubiera querido ser músico más que abogado. Él es la conexión con la música. 

–¿Es verdad que cantaste en una Iglesia Metodista en plena dictadura temas de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez?

–Cuando se sumó a Ana Gris Claudio Triputti, que era hijo de un pastor "zurdazo", amigo del Padre Mugica, que había estado en La Plata, y capo en una escuela Metodista, mientras laburaba en la Iglesia del Colegio, de Ramos Mejía. Lo conocí porque yo iba al laico comercial de Ramos. Y llegan a nuestros oídos, siendo muy pibes, además de nuestra música que era folk, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, aunque yo ya conocía de mucho antes a Daniel Viglietti, con su "El Chueco Maciel" que era mi predilecta, y el "Upa negrito". De todas maneras, en esa Iglesia Metodista que quedaba en Corrientes y Maipú, frente a Telefónica, donde nosotros tocábamos en el altar, porque el cura que era amigo del Pastor este nos dejaba, aunque sabía que se metía en camisa de once varas. Entonces, poníamos parlantes a la calle, la entrada era libre, y cantábamos "La vida no vale nada", "Canción para la unidad latinoamericana", "Te doy una canción". Lo más loco que pasó es que la gente entraba y enloquecía, ¡se llenaba la Iglesia! ¡Jamás tuve un público más enfervorizado que ese!

–¡Y todavía está esa Iglesia!

–Sí, claro que está pero nunca la veo abierta. 

–¡La cuestión es que cantaste con todos! David Lebon, Juan Carlos Baglietto, Mercedes Sosa, Charly García, Alejandro Medina, Peteco Carabajal, Pedro y Pablo, Miguel Cantilo, Fabiana Cantilo, Joaquín Sabina, Liliana Herrero, Lito Vitale, Alejandro Lerner en vivo y muchos más.

–De Alejandro Lerner canté una de sus canciones, "Llanto", en el último BA ROCK, en el verano de 1982, antes de volver a la democracia, antes de la Guerra de Malvinas, con Galtieri y ¡esa caripela de terror!

–Discografía extensa…

–Sí, y todos a pulmón, especialmente los tres últimos: La razón y la tempestad (2002), El ángel (2008) y este último Primavera por un día, que los hice yo. Los banqué yo, hice la gráfica yo, todo yo, con Ricardo Maril, que es técnico que laburó mucho conmigo, mi pianista compañero de mucho tiempo también, y somos como hermanos y produjimos juntos. Él maneja las máquinas porque yo no tengo ni idea.

–Con Del Oeste, el primero de 1985, sucedieron cosas. Competencia con Celeste Carballo…

–No, no. Las cosas fueron mucho más complicadas que eso. Y en realidad yo me enteré mucho tiempo después. Mis amigos se habían ido todos, por una cuestión u otra, Triputti se había ido a Boston. Y yo sola, me iba a zapar los domingos a Jazz y Pop, donde además había unos músicos de la ostia. Conocí a un montón, y entre ellos a Rodolfo García. Mi productor era uno de los mejores: Oscar López. Mientras tanto, estaba Celeste Carballo, que se había ido con Grinbank, a la que yo ni siquiera conocía, yo venía del oeste, ella no sé de dónde, que había cantado con Palito Ortega, otro palo, había sido corista de Estela Raval, y a mí no me daba cantar con Palito Ortega, era como un palo en el... 

–¿Qué significa para vos poner un disco en la calle?

–Es rarísimo. A mí me cuesta mucho trabajo hacer un disco, y más los últimos tres que los hice yo, con mi gente y amigos de alrededor. Uno me ayuda en la gráfica, otro me ayuda a grabar, otro a vender los discos. Es todo muy a pulmón, muy artesanal. Entonces, cuando tengo el disco en la mano es como que no lo puedo creer. Como un "al fin, terminó, lo logré". Para mí, como tardo tanto en hacerlo, es como una sensación de que ya es viejo, que ya tengo que dejarlo en algún lado y hacer canciones nuevas. Es muy significativo. Termino de hacer el disco, y ya aparece música nueva en mi mente, u otra idea de lo que quiero hacer. Capaz que aparecen canciones que no irán en el próximo disco. Tengo muchas ganas de hacer un disco de blues, solamente blues. Estos son discos eclécticos, con música mía. Este último tiene 16 temas, es como para escucharlo en dos veces. Tiene canciones mías y tiene buenas versiones, como la de un tema de Charly –"Adela en el carrousel"–, o uno de Led Zeppelin, o una que grabé con Sueter, la banda de Miguel Zabaleta, la original. Me acuerdo que grabando con Miguel Zabaleta es que conocí a Fabi Cantilo, hace un millón de años.

–Las fotos de la artística del CD son bellísimas.

–Son de una gran y querida amiga fotógrafa, Celeste Urreaga, neuquina, y las fotos son en Neuquén. Costó elegir cuáles porque todas fueron preciosas. El arte lo hice yo, pero las fotos son de ella.

–Muchos te piensan como una especie de bronce del rock…

–Suena terrible. ¡Siento el frío del bronce! Es metafórico, pero se siente el ruido del bronce. Es raro. Me dicen "sos un referente del rock", y me siento un fósil, me siento Keops, Kefren y Micerino todos juntos. No me importa. Soy como las dos cosas: una señora muy vieja, como de 1000 años, y también tengo un niño que vive en mí, que se llama Pluri, que tiene 4 o 5 años, pero hoy estaba enojado y no vino. Es de otro planeta. Es una manera de poder sobrevivir a los embates de la vida, a las pérdidas.

–Todos los artistas tienen un problema extra: el don de la trascendencia, con su obra, sus discos, su música, sus libros, tienen la vida eterna garantizada.

–Es raro. No me acuerdo si Walt Whitman o Beltold Bretch dijo: Borra todas tus huellas. Y yo tengo la sensación de querer borrar las huellas. De hecho no soy una persona muy mediática, no me gusta estar expuesta, no quiero perder mi libertad. Lo único que me gusta de la trascendencia que he cobrado con los años, es que gente como vos, no imagino que me digas lo que me estás diciendo, de la trascendencia, de formar parte de tu vida. Y eso no es poca cosa. Es mucho más de lo que cualquiera puede esperar en la vida. Es algo más profundo que una huella, te metés en la vida del otro.

–Decías que tu niño interno, Pluri, tiene que ver con la sensibilidad.

–Yo creo que Pluri existe porque como no tuve hijos, tuve que tener ahí a mi niño. No sé si Pluri existiría si hubiese procreado.

–Lugar común: tus hijos son los discos.

–Ni en pedo. Son tu obra. Hay algo maravilloso que tiene la música y no tienen los seres humanos, porque la canción que hacés tiene que ver mucho con algo tuyo. Yo tengo un montón de hijos: mis amigos son todos como mis hijos. Muchos de ellos me dicen "mami".

–Al ser independiente el disco, que vendés a 100 pesos, ¿recuperás la plata?

–No, nunca la recuperás, además muchos los regalo. Me encanta el arte desde chica, que tenía mis vinilos y amaba toda la información interna, las fotos, todo. Siendo amiga de Luis Spinetta, compré cada uno de sus discos. No quiero perder lo que siento, lo que sentí toda mi vida y lo que me hace sentir humana, quizá demasiado humana. 

–¿Cuándo y dónde militaste allá en tus inicios?

–Era militante del PST (Partido Socialista de los Trabajadores). Era Troska. A los 12 años. Iba al Lasalle de Ramos Mejía, y militaba ahí, que había un local del Partido Socialista sobre calle Rivadavia. Yo quería cambiar el mundo, romper las estructuras que no me gustaban, y tenía muchas influencias. Mi viejo socialista, mi tío abuelo anarco, italianos anarquistas del 1800. De chica ya las cosas no me gustaban, y vendía la Revista Avanzada en los trenes. Cuando mataron a un amigo mío que iba conmigo al colegio que yo quería mucho, Miguel Bouzas, en 1974 antes del Golpe, cuando ya se estaban llevando puestos a varios, hasta habían tirado tiros contra la puerta del local. Mi viejo se asustó muchísimo y hasta nos mudamos. Miguel Bouzas, que no pertenecía a ninguna organización y menos armada, y que tocaba el bombo con la cara del Che Guevara en la puerta del colegio, y creo que fue lo más heavy que hizo. Lo fueron a buscar a la casa y le metieron 40 balazos. Y salió en los diarios en ese momento. La noche anterior lo había visto de casualidad: fuimos con mi papá al almacén y lo vimos. Yo ya había dejado de militar porque me había peleado con todos. Había salido el dirigente Coral, el bigotudo que imitaba a Alfredo Palacios, pero era un cachivache. Me había peleado con el Partido porque habían salido todos abrazados en la revista Gente, un montón de asesinos, y cuando vi que ese tipo nos representaba, me bajé. Yo ya tocaba. Ahí dejé de militar: nadie me obligó, yo quise, y además mis viejos estaban muy asustados. Y no era para menos. Yo obviamente no tenía conciencia del riesgo que estaba corriendo. Nosotros no hacíamos nada peligroso, no andábamos armados, vendíamos revistas en el tren, tocábamos un bombo con la cara del Che, pero nada más. Y leíamos, leíamos mucho. Y tuvimos que quemar varias pilas de libros. Mis viejos se mudaron, se pusieron paranoicos cuando aparece el cuerpo de Rubén, como un guerrillero, como un asesino, y mis viejos se espantan. Mi viejo, que me introdujo en la música, me despertó dos veces para hablarme de muertos: una, cuando matan a mi amigo Rubén Bouzas, y otra cuando mataron a John Lennon.

–¿Alguna vez habías contado lo de tu militancia, lo del PST?

–Nunca.

Perfil de una artista rebelde

Hace poco lanzó su disco Primavera por un Día, con 16 canciones, obras propias y otras variadas versiones de Led Zeppelin, Pedro Guerra, Charly García y Miguel Zavaleta. Nació en Buenos Aires, en junio de 1959. Es una de las figuras femeninas más reconocidas del rock argentino. A los cinco años su padre le hacía escuchar música clásica y le pedía distinguir los diferentes compositores. A los 15, formó el grupo Ana Gris (con Aníbal Forcada y Claudio Tripputi) y  a mediados de los '70 empezó a integrarse a otros grupos. En los años '80 viajó a Brasil con Tripputi y grabó el doblaje al castellano de Vida y Muerte Severina, un cortometraje de Chico Buarque. Editó su primer álbum en 1985 (Del Oeste) con canciones de varios autores y cuatro piezas de su autoría. Pese a llegar a ser muy difundida su canción "Creo que tengo que decirte algo", el álbum duró dos semanas en venta, ya que la distribuidora quebró. Junto a Laura Hutton hizo coros en Gulp!, primer trabajo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Años después formó el grupo Los Románticos de Artane con el ex Redondo Tito Fargo. En 1987 grabó En vivo La Torre con Patricia Sosa. A fines de la década en España grabo con varios grupos y participó en un programa de televisión. A comienzos de los '90, Puyó se integró a la banda de Kevin Ayers, junto al guitarrista brítanico OllieHalsall, con quienes realizó una gira por ciudades europeas de Francia, Alemania y Bélgica, finalizando con dos shows en Londres. En su retorno a Argentina cantó como invitada en el álbum Sino de Mercedes Sosa en 1992, y en El amor después del amor de Fito Páez. Claudia tocó con Fito para presentar el álbum por Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. En 1994 grabó su segundo álbum solista, llamado Cuando te vi partir, por el cual ganó el Premio ACE (Asociación Cronista de Espectáculos). Volvió a grabar para Fito Páez en la placa Circo Beat. La Fundación Konex la condecoró con el diploma Premios Konex en 1995 y en 2005. Grabó y participó de grupos y giras de Claudio Gabis, Alejandro Medina, Fabiana Cantilo, Peteco Carabajal, Joaquín Sabina & Fito Páez, Liliana Herrero, Lito Vitale, Pedro y Pablo, Alejandro Lerner, Miguel Cantilo, David Lebón, entre otros. Del 2001 al 2002 trabajó en su disco La Razón y la Tempestad; en el disco participaron Fito Paez, Mariana Baraj, Tito Fargo, Chango Farías Gómez. En 2008 edito El ángel, su cuarto disco solista, con temas propios y covers de Bob Dylan, Violeta Parra, Pappo, Vox Dei y Lennon/McCartney. En 2010 apareció en la película de rock y humor de Néstor Montalbano Pájaros volando (protagonizada por Diego Capusotto y Luis Luque) interpreta a Cristina, la artesana que vende tortas en la feria al lado de otras figuras del rock local como Miguel Cantilo y David Lebon.

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