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04.03.2010

Para la Iglesia que lo miró por TV

Se concretó la primera boda gay en la Ciudad y se esperan más. Damián Bernath y Jorge Salazar se casaron a pesar de los reclamos del cardenal Bergoglio. “No los discriminamos”, dice el Arzobispado.

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Por Tomás Eliaschev

Damián Bernath y Jorge Salazar se conocieron hace doce años y siempre tuvieron el deseo de formalizar su amor. El matrimonio era un sueño negado, hasta que una jueza valerosa y la tenaz actividad de organizaciones que luchan por los derechos civiles, con el apoyo del Instituto contra la Discriminación (Inadi), lo convirtió en un hecho. Se trata del segundo casamiento entre hombres del país y de Latinoamérica. Los pioneros fueron Alex Freyre y José María Di Bello, quienes tuvieron que irse desde Buenos Aires hasta Ushuaia para poder casarse. En este caso, la jueza en lo contencioso administrativo y tributario Elena Liberatori hizo lugar a un recurso de amparo presentado por la pareja y los autorizó a casarse en la ciudad de Buenos Aires. A la ceremonia, que se realizó el 3 de marzo en el tradicional Registro Civil de la calle Uruguay, asistieron sus seres queridos y los integrantes de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT).

“Estamos felices –dijeron los recién casados–. Queremos destacar el accionar de la jueza. Es un modelo de Justicia independiente. También  tuvimos mucho apoyo de FALGBT. El primer paso lo dieron Alex y José María. Seguimos nosotros y van a venir muchos más.”

Sin embargo, no toda la sociedad festejó. Una fracción de la población está que trina por el avance de los derechos de las minorías sexuales. El cardenal Jorge Bergoglio, en nombre de la Iglesia Católica, salió a condenar la “ilegalidad” del matrimonio y cruzó a Mauricio Macri por haber aceptado la decisión judicial: una postura con la que el jefe de gobierno busca conquistar la opinión que se viene asentando como mayoritaria entre los votantes.

“Al no apelar el fallo de la jueza sobre el matrimonio de personas del mismo sexo, faltó gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley. La Constitución y los códigos nacionales no pueden ser modificados por un juez de primera instancia. En tal caso, corresponde al mandatario del Ejecutivo tomar todas las medidas para que haya certeza de la legalidad del acto, que en este caso no la hay, y de allí surge la obligación de apelar”, pontificó el religioso.

Federico Wals, vocero de Bergoglio, explicó a Veintitrés los detalles de la posición eclesiástica: “La postura del arzobispo es en clara defensa del sistema jurídico, de la ley de matrimonio, los tratados internacionales y los artículos del Código Civil que se refieren siempre a la unión entre hombre y mujer. Un matrimonio entre personas del mismo sexo no puede ser tal, ya que no cumple con los requisitos fundamentales: están violando la ley. Nos oponemos por una cuestión jurídica, no por motivos religiosos. No buscamos discriminar a las uniones de personas del mismo sexo. No tenemos una mirada fanática. Lo que estamos pidiendo es que se respeten las leyes”, detalló.

–¿No cree que las leyes se pueden cambiar a medida que las sociedades se transforman?

–Es cierto, pero hay que ver qué tipo de modificación de la ley. Estamos abiertos a un debate para tratar las modificaciones que se van dando. Creemos que hay que plantear un proyecto de unión civil más completo del que existe, pero no de matrimonio. Queremos que se discuta en el Congreso. No estoy en condiciones de decir qué derechos implicaría la unión civil entre personas del mismo sexo. Habría que ver qué se propone. Hay que establecer un debate en el buen sentido. Entendemos que los tiempos han cambiado y ellos también, por supuesto, tienen derecho: hay que buscarle la forma jurídica que lo enmarque.

Pero para César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, “no es verdad” que la Iglesia no discrimine. “Hacen presentaciones en la Justicia, llaman al jefe de Gobierno de la Ciudad diciéndole qué tiene que hacer y qué es ilegal. Invaden la vida democrática de un país y nadie los votó. No es sólo una opinión, lo que hacen es discriminación. Nosotros hablamos de derechos civiles y ellos hablan de sacramento”, se quejó. En las marchas del Orgullo Gay que se realizan todos los años, hay un cántico que suele ser de los más escuchados: “Iglesia basura, vos sos la dictadura”. Del lado eclesial, prefieren evitar la polémica. “Es la postura que ellos tienen. La respetamos pero no estamos de acuerdo. Como dijo monseñor Jorge Casaretto, la Iglesia es una de las pocas instituciones, sino la única, que ha pedido perdón por errores cometidos en el pasado. Ahora, miramos para adelante”, señaló Wals.

Más allá de esta polémica, este año será clave para dirimir la cuestión de fondo: la modificación del marco legal. “No hay justicia hasta que no se apruebe una nueva ley de matrimonio –dijo Ciglutti–. Nuestras parejas siguen siendo rehenes de fallos judiciales, y estamos sometidos a la violencia de tener que escuchar las opiniones fundamentalistas de la corporación de abogados católicos. Dependemos de la valentía de los jueces. Queremos tener los mismos derechos que todos: a la coadopción y la pensión por fallecimiento.”

El clima político es más propicio que nunca para ampliar los derechos de los gays. Las distintas fuerzas, el Pro incluido, ponen atención en una encuesta de la consultora Analogías, que indicó que el 66 por ciento de los argentinos está a favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y, para horror de la jerarquía eclesiástica, el 57 por ciento de quienes afirman profesar la religión católica apostólica romana está en contra de la actitud de la Iglesia sobre el tema. Con estos números en la mano, en todos los bloques legislativos se considera seriamente tomar en cuenta los dos proyectos existentes: el de Vilma Ibarra, del Nuevo Encuentro Popular y Solidario, y el de Silvia Augsburger, del socialismo. En el conteo de porotos, todo indica que ya no hay vuelta atrás. Así como en su momento se discutió la ley del divorcio y no hubo manera de frenar la historia, para quienes defienden las libertades civiles, lo más probable es que el matrimonio entre homosexuales con los mismos derechos de los heterosexuales sea una realidad inminente.






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