Nota de Tiempo Argentino

Especialistas argentinos de la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Universidad Austral presentaron un estudio sobre los trastornos de sueño y su relación con la situación socio-económica en la Academia Pontificia de Ciencias, en la ciudad del Vaticano. El análisis indicó que en poblaciones de muy bajo estrato socio-económico hay un mayor porcentaje de personas con mala calidad de sueño y somnolencia diurna. Además, se aseguró que una mínima mejoría de las condiciones de vivencia resulta en mejoras significativas en cuanto a las condiciones de sueño y de la calidad de vida de las poblaciones carenciadas.

En el estudio se evaluó la relación entre los trastornos del sueño, y características demográficas según la muestra general demográfica inspeccionada por el Barómetro de la Deuda Argentina Social, de la Universidad Católica Argentina. Además, se presentó un trabajo cuantitativo y cualitativo en el que se entrevistó a 150 personas que vivían en barrios pobres y en condiciones de indigencia y que esperaban la ayuda de la ONG Techo (antes era "Un Techo para mi País") la cual construye casas prefabricadas.

Luego de haber recibido su nueva vivienda, las 150 personas fueron entrevistadas durante un período de seis meses en los que también se les consultó por la calidad de su sueño, antes perjudicado por aspectos estructurales de su hogar, como por el ingreso de agua de lluvia y la humedad. Una de las conclusiones del trabajo señaló que antes de la intervención de la ONG, el 39,4% de los entrevistados había reportado que se sentía muy estresado, mientras que después de haber vivido durante seis meses en un hogar seguro, el porcentaje disminuyó al 3,3%, y se percibieron mejoras notorias en la calidad de sueño y la disfunciones diurnas, como la somnolencia.

El estudio fue publicado en la revista de medicina del sueño Sleep y se llevó a cabo entre abril y octubre de 2011 en barrios carenciados del área metropolitana de Buenos Aires. Uno de los autores, Daniel Cardinali, director de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA, fue el encargado de presentarlo ante las autoridades académicas en el Vaticano. "El aporte de nuestro grupo de investigación compuesto por investigadores de la UCA y de la Universidad Austral, se refirió a la inequidad del impacto de la privación de sueño que afecta significativamente más a las poblaciones marginadas de las villas. Una de las conclusiones más relevantes es que la aplicación de una mínima intervención (la casilla de madera de 18 m² de la organización Techo) fue capaz de restablecer un ciclo de serenidad con directo impacto en la calidad del sueño, la salud y la calidad de vida", explicó Cardinali.

Entre las explicaciones de por qué los más pobres son quienes peor descansan, figura la inseguridad. Al respecto, Cardinali manifestó que "curiosamente la casilla de Un Techo Para Mi País es desde el punto de vista de la transparencia ante las balas semejante a la vivienda precaria inicial. Pero sistemáticamente los entrevistados respondían que se sentían más seguros ante esa posible (y frecuente situación)." Según el estudio, los habitantes de los barrios carenciados comparten el hecho de vivir en las circuntancias más adversas, y en consecuencia, también comparten las malas condiciones de sueño y demás problemas relacionados con el entorno como, "la angustia psicológica, la mala alimentación, un modo de vivir sedentario y la enfermedad cardiovascular".

El doctor Cardinali puso énfasis en que "el sueño es un proceso esencial en la vida. Para los especialistas, los adultos sanos necesitan entre siete a nueve horas de sueño por día, y los niños de edad escolar podrían requerir de diez a once horas de descanso, pero siempre debe tenerse en cuenta el ámbito en el que la persona descansa".

Según el estudio del Barómetro de la Deuda Social de la UCA, la relación entre el sueño y el estatus socioeconómico demuestra que quienes perciben ingresos muy bajos presentan mal sueño en un 17%, mientras que los de ingresos medios o altos lo padecen en un 13 por ciento. Algo similar ocurre con la somnolencia diurna padecida en un 24% de la población de bajos ingresos, contra un 21% en las personas que ganan más. También se presentaron diferencias en cuanto al sueño según la ubicación urbana donde viven. En los casos en los que vivían en refugios o barrios pobres, la mala calidad de sueño ascendía al 22% y la somnolencia diaria al 24 por ciento.

Al ser consultado por los medios sobre el recibimiento dado por el Papa Francisco, Cardinali aseguró que el Papa fue factor fundamental de la presentación del estudio y "la experiencia de la cercanía con él fue única", y agregó que "en los últimos cuatro años tuve contacto protocolar con el cardenal Bergoglio en su función de autoridad máxima de la Pontificia Universidad Católica Argentina donde trabajo. El Papa Francisco parece hoy otra persona, rejuvenecida por lo menos diez años. Su estrategia de no confinarse en los aposentos papales ha sido una maniobra política deslumbrante".

Radiografía del descanso argentino

 El 25% de los argentinos padece de problemas severos del sueño, y el 50% tiene algún inconveniente para dormir, según los últimos estudios presentados en “La Semana del Sueño” celebrada en Buenos Aires en noviembre de 2012.

 La mayoría de los argentinos duerme seis horas, un 25% menos que hace 40 años, y esto trae profundas consecuencias en la calidad de vida y en la salud de las personas.

 La prevalencia del insomnio es del 35%, siendo severa en 10 al 15% de los casos. El 51% de los adultos reportan síntomas de insomnio varias noches a la semana y el 29% refieren insomnio casi o todas las noches.

 Los motivos de las anomalías de sueño son variados, y pueden deberse a trastornos psicológicos o emocionales, de vivienda, consecuencias de enfermedades, o consumo de sustancias.

 Para dormir bien los especialistas recomiendan evitar cafeína, tabaco y otros estimulantes antes de la hora de dormir; su efecto puede durar hasta 8 horas.

 Algunas medicaciones pueden producir efecto estimulante, como las usadas para gripe y alergia. Al ingerir alcohol, si bien puede provocar somnolencia, el sueño suele ser más "liviano".

 Establecer una rutina, como ir a dormir a la misma hora cada noche, leer un libro, escuchar música relajante o tomar un baño caliente.

 Realizar ejercicio al menos 5 o 6 horas antes del horario programado para dormir, y asegurarse de que la habitación y la cama sean confortables, evitar luces brillantes, televisores, celulares, computadoras y mascotas.

La luz y otras complicaciones de la vida moderna

Entre los beneficios de un buen dormir figuran el incremento de la velocidad del pensamiento, la mejoría de la capacidad de atención y concentración, la potencia de los procesos de consolidación de la memoria, la resolución de problemas y la claridad mental necesaria para el razonamiento y la toma de decisiones.

En cambio, la falta de descanso está asociada a trastornos cognitivos como la dificultad para concentrarse, prestar atención y problemas de memoria, eleva el riesgo para la depresión, la ansiedad y el abuso de sustancias. El mal dormir también se vincula a la enfermedad cardiovascular, la propensión a la hipertensión arterial, estados de ansiedad, irritabilidad, siniestros viales, y caídas. Algunas consecuencias de la falta de sueño pueden confundirse con el déficit de atención que, en la actualidad, es diagnosticado en el 20% de los niños en edad escolar.

La recomendación es dormir 8 horas diarias. Sin embargo, muchas veces esto puede resultar una misión imposible. Los especialistas concuerdan en que desde la invención de la electricidad por Thomas Edison, las personas han dormido cada vez menos, lo que se ve exacerbado en los últimos años con el acceso a Internet. Una vez llegada la noche, el ser humano continúa con las actividades, se conecta, o mira televisión hasta altas horas, lo que genera que el descanso no sea completo. La luz artificial que golpea las retinas inhibe las neuronas que promueven el sueño, y activa mecanismos de los nervios que promueven la vigilia, suprimiendo al mismo tiempo la liberación de la hormona soporífica melatonina, una de las encargadas de regular el sueño.

"Un tercio de nuestras vidas lo pasamos durmiendo, pero lejos de ser 'improductivo' nos prepara y juega un papel importantísimo sobre los otros dos tercios de nuestra vida despiertos. El sueño es imprescindible para la restauración y recuperación física, psíquica y sobre todo neuronal", explicó a este diario Mirta Averbuch, directora de la Fundación Favaloro –Departamento de Neurología- Unidad de Medicina del Sueño.

Gran actividad

El dormir no es una actividad pasiva sino de plena actividad. Existe un gran trabajo cerebral que involucra mecanismos a nivel hormonal, metabólico, y bioquímico, y todos contribuyen para lograr el equilibrio psicofísico.