¿Qué tienen en común el presidente de Estados Unidos, el primer ministro de Gran Bretaña y un senador nacional del Frente para la Victoria? Tanto Barack Obama, como David Cameron y Aníbal Fernández son fanáticos de una miniserie sobre los vericuetos del poder: House of Cards.

Se trata de un programa de ficción que, a pesar de no haberse transmitido nunca por televisión, tiene millones de fans alrededor del mundo. Acorde a los tiempos que corren, en que los consumos culturales van mutando, House of Cards puede verse por cualquier pantalla. A través de Netflix, los usuarios pueden ver los capítulos por computadora, TV o Xbox. No hace falta esperar a que un canal programe los capítulos a determinada hora porque la plataforma online no sube la serie a cuentagotas, sino que pone a disposición todos los capítulos de una sola vez. Ideal para ansiosos, letal para los que saborean lentamente sus comidas. 

Kevin Spacey interpreta a un político hambriento de poder que está dispuesto a hacer cualquier cosa para convertirse en el próximo presidente de los Estados Unidos. Astuto, implacable y adicto al trabajo, Francis Underwood es el jefe de la bancada demócrata en el Congreso desde hace 22 años. En el capítulo introductorio, su vida está a punto de desmoronarse cuando se entera de que, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho en la campaña presidencial de su partido, no recibió ninguna compensación a cambio. Frank soñaba con ser secretario de Estado; pero para su sorpresa ese cargo fue para otro dirigente.

Al ver que sus sueños se hacían añicos por la ineptitud del presidente, a Frank se le ocurrió un plan B. Consciente de la fragilidad del poder, ese vicio que se escurre entre las manos de quienes creen que es eterno, comienza a tramar una serie de planes para lograr su objetivo: sacar a los estorbos del medio y llegar finalmente a la Casa Blanca. Su esposa Claire, interpretada por una magistral Robin Wright, y su jefe de despacho Doug Stamper serán sus mejores aliados. El diputado Peter Russo y la periodista Zoe Barnes, piezas de ajedrez que tratará de mover a su antojo.

Hoy, 14 de febrero de 2014, se estrena en simultáneo para muchos países la segunda temporada de House of Cards. Alemania, Canadá, Colombia, Irlanda, Escocia, Dinamarca, Francia y Argentina somos algunos de los afortunados. En la única entrevista que dio para un medio argentino dentro de su abultada agenda, el creador de la serie, Lord Michael Dobbs, contó cuál fue la génesis de su libro que primero se convirtió en programa de la BBC y, años después, en drama de Netflix.

El estreno de la segunda temporada de la adaptación norteamericana de su obra “es como ganarse dos medallas olímpicas de oro. Tanto la versión británica como la estadounidense han sido fantásticas. Soy un hombre de suerte”, resumió en diálogo con INFOnews el escritor de 66 años, que además de político es periodista, editor, diplomático y doctor en estudios nucleares. Desde diciembre de 2010, tiene además una banca en la Cámara de los Lores. Podemos llamarlo Michael, o Lord Michael Dobbs of Wylyle. A pesar de todos sus títulos y logros, es un hombre que no ha perdido su humildad. “Cuando me llamaron para decirme que Kevin Spacey y David Fincher querían adaptar la serie, me quedé sin palabras. Grité en silencio con alegría; ellos son dos de los más finos talentos en teatro y cine de todo el mundo”.

Como no podía ser de otra manera, el creador de una ficción tan seductora y verosímil sobre el poder tuvo un paso por el mundo de la política real. Y un paso importante. Michael Dobbs comenzó su carrera en la década del 70' en el Partido Conservador como asesor, en un área de trabajo que tenía como objetivo esmerilar al gobierno del primer ministro laborista James Callaghan. “Su gobierno estaba en la cornisa porque estaba perdiendo la mayoría parlamentaria. La gente se arriesgaba y daba sus vidas por batallas que sabían que iban a perder. Salían de sus camas sabiendo que posiblemente morirían al votar. Pero no lo hacían porque era un juego, lo hacían porque realmente creían que estaban tratando temas importantes”, contó en una entrevista con The Huffington Post.

Tras una pelea con Margaret Thatcher, Michael Dobbs se sentó a escribir una novela. Y resultó ser House of Cards.

Después de perder una moción de apoyo en la Cámara de los Comunes en 1979, Callaghan llamó a elecciones y la vencedora resultó ser una dirigente del Partido Conservador: Margaret Thatcher. “Yo fui la primera persona en decirle a Thatcher que se había convertido en primera ministra”, reveló Dobbs a INFOnews. Desde ese momento, se convirtió en una persona muy cercana a la dama de hierro y ocupó el puesto de jefe de gabinete durante su primer período de gobierno.

Cuando Thatcher fue reelecta en 1987 por una amplia mayoría, todo cambió. Así lo señaló Dobbs. “Tuve una furiosa discusión con ella en 1987, siendo su jefe de gabinete. Renuncié, y tres años más tarde ella ya no estaba más. Y yo había escrito House of Cards”. La primera ministra creía que su funcionario estaba complotando contra ella, algo que él niega absolutamente. Ese fue el motivo del fin de sus días en Downing Street y del comienzo de su largo peregrinaje por la literatura, las listas de best sellers y el éxito televisivo, dentro y fuera de las fronteras británicas.



House of Cards, que puede definirse como una cruza entre El Príncipe de Nicolás Maquiavelo y la pluma de William Shakespeare, nació como eco de su pelea con Thatcher. Sentado en una piscina, durante unas vacaciones después de su renuncia al gabinete, empezó a delinear la historia. Trece años después del estreno en la BBC, tuvo rebote del otro lado del océano. Una productora independiente, Media Rights Capital, compró los derechos para adaptarla en Estados Unidos y convocó al reconocido director David Fincher (Alien, El club de la pelea, El curioso caso de Benjamin Button) para sumarse al equipo. Juntos, acordaron producir el show para Netflix. Hasta ese momento, Netflix era simplemente una plataforma que ofrecía series y películas ajenas para sus usuarios. Como les parecía una buena oportunidad de dar el gran salto para tener contenido propio, los dueños de la empresa les dieron un cheque en blanco a los productores: les garantizaban el financiamiento y la transmisión de 26 capítulos por adelantado. Sin leer los guiones, sin hacer sugerencias ni chequear frenéticamente las planillas de rating. El sueño de cualquier autor de televisión.

Para MRC y Fincher, esa libertad de trabajo fue ideal. El productor ejecutivo y guionista jefe de la adaptación es Beau Willimon, un dramaturgo que, al igual que Lord Michael Dobbs, también tuvo un paso por la política real. Willimon fue el jefe de campaña de Howard Dean en la interna demócrata de 2003. Las aspiraciones presidenciales de su candidato terminaron cuando los medios repitieron, en un loop permanente y malintencionado, un grito que dio en uno de sus discursos. Ese grito, ridiculizado y fogoneado por la televisión, arrasó con la carrera política de Dean pero le permitieron a Willimon entender más de cerca la relación de la política con los medios en el mundo contemporáneo. Fue una epifanía. Esa decisión, qué hacer frente a un ataque mediático, “es el tipo de cosas sobre las que Frank Underwood piensa todo el tiempo”, dijo el autor a la revista semanal de The New York Times.

La miniserie suscita el interés de dirigentes políticos de todo el mundo


A pesar de las diferencias entre el sistema político inglés, que es una monarquía parlamentaria, y el norteamericano, que es un presidencialismo, la trama de la serie se adaptó muy bien. “House of Cards no es acerca de los sistemas políticos sino acerca de la gente”, sostuvo Lord Dobbs a INFOnews. “Podés entender sus conflictos aunque no entiendas cómo funciona la política. Sé que el primer ministro Cameron y el presidente Obama miran y disfrutan el programa, pero lo que me parece más importante es que haya millones de personas que lo estén disfrutando alrededor del mundo”.

A la buena recepción del público, se suma el hecho de que obtuvo 3 Emmy y un Globo de Oro. Ahora que terminó la multipremiada Breaking Bad, se espera que la segunda temporada coseche aun más estatuillas. Una de las claves del éxito es el trabajo en equipo que han desplegado el autor de la versión original con el autor a cargo de la adaptación. Dobbs, conservador, y Willimon, demócrata, han trabajado en equipo en el desarrollo de la serie. El autor original, ahora, en el rol de productor ejecutivo. “Beau y yo nos llevamos muy bien como colegas y yo admiro enormemente su talento. Nos hemos divertido mucho y esperamos seguir haciéndolo”, confió Dobbs.

Las aspiraciones secretas de los dirigentes políticos, las amistades basadas en la mutua desconfianza, la oscura relación entre la política y los medios de comunicación, el declive de los medios escritos, el peso del lobby económico en las decisiones públicas, el sexo en las altas esferas del poder. Esos son sólo algunos de los tópicos tocados por House of Cards en su primera temporada. A partir de hoy, podremos saber qué nos depara la segunda.

Serie de nicho para políticos y periodistas de todo el mundo, ahora resta saber si la presidenta Cristina Fernández de Kirchner también es fanática de las aventuras de Frank Underwood.

El pedido de Barack Obama

El presidente estadounidense Barack Obama sorprendió anoche con un tuit que rezaba: “Mañana, House of Cards. No spoilers, por favor”. El tuit, que al cierre de esta nota tuvo más de 29.000 retuits, fue celebrado por Beau Willimon como lo mejor que le pasó desde que se lanzó la serie.

El pedido de Obama tiene sentido dado que Netflix ha decidido lanzar todos los capítulos de una sola vez, sin intervalo entre uno y otro. De esa manera, va a haber gente que sepa el final este mismo fin de semana y otra que recién se enterará en meses. La cuestión suscitó un profundo debate en los Estados Unidos. ¿Cómo hacer para hablar de la serie sin arruinarles el final a los que aun no la vieron? Algunos proponen, como solución, crear grupos o redes sociales específicas que adviertan por qué capítulo va cada espectador. Se sabe, la ficción puede despertar sentimientos muy fuertes en las personas.