Nota de Tiempo Argentino

Vestido con su mejor ropaje de estadista, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti se mostró ayer, durante la inauguración formal del año judicial 2014, como el impulsor de políticas de Estado, y el articulador entre todos los poderes para superar diferencias y acortar lo que se ha dado en llamar "la brecha". Y lo hizo aludiendo tangencialmente (y no tanto) a cuestiones calientes como el narcotráfico, el acceso a la educación, la inclusión de los sectores postergados y amenazados por la falta de soluciones a corto plazo, y el derecho ambiental. La disertación de Lorenzetti ante lo más representativo del Poder Judicial cayó bien en los representantes del kirchnerismo. Porque Lorenzetti reconoció la necesidad de cambios en la justicia. De hecho, desafió a los jueces: "No crean que el Poder Judicial está de maravillas. Hace muchos años que decimos que hay que reformar el Poder Judicial." Lorenzetti es el presidente de la Corte que el año pasado redujo virtualmente a la nada las leyes de "democratización de la justicia" que impulsó el gobierno y aprobó el Congreso.

"El primer punto en que hay que ponerse de acuerdo es cuál es la orientación de las reformas del Poder Judicial. Nosotros hemos dicho que la primera cuestión que hay que tener en cuenta es acercar la justicia a la gente. No puede ser que sigamos con un diseño del siglo XIX, donde la gente iba al centro a litigar y eran pocas personas. Entonces los tribunales estaban en la plaza, en el centro. Hoy ya no es así. Debemos poner los jueces donde están los conflictos."

En el auditorio estaban el ministro de Justicia, Julio Alak; su vice y consejero de la Magistratura, Julián Álvarez y otras representaciones filokirchneristas, como la titular de Justicia Legítima, María Laura Garrigós de Rébori; el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda; representantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y de Abuelas de Plaza de Mayo. También estaba la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó.

Con sus más y sus menos, todos recibieron con agrado el reconocimiento a la necesidad de reformas en la justicia y sobre todo la exhortación a darle rapidez al tratamiento de las causas. "El segundo gran cambio que necesita el Poder Judicial es el cambio en la celeridad... Tenemos que estar en la vanguardia del cambio", proclamó Lorenzetti. "El centro de interés de las reformas debe ser el ciudadano que quiere justicia. La primera y más urgente reforma es llevar la justicia a la gente, y no que la gente tenga que ir al centro de las ciudades".

Hubo propuestas concretas, más allá de la declamación. Lorenzetti reclamó la designación de "jueces de pequeñas causas, mediadores" que actúen "en pequeños barrios, barrios pobres, que den soluciones concretas a la gente" porque esa herramienta "pacifica y le da un derecho a quienes no lo tienen". Como complemento de esa suerte de justicia "de cercanía", en las grandes extensiones de la geografía argentina Lorenzetti pidió la creación de "jueces móviles, que se trasladen" y vayan en busca de los problemas en lugar de esperarlos en sus despachos.

"¿Cuál es el derecho del que nosotros hablamos que se practica en nuestras villas, del cual todos hablamos? ¡Cuidado con esto! Tenemos que llevar el derecho a todos los lugares", alertó. "Estos son cambios organizativos, pero los cambios organizativos son fundamentales". Los actores de ese cambio, según se desprendió del discurso, deben ser los propios integrantes de la justicia, a quienes el presidente del máximo tribunal exhortó: "Hay que participar, hay que involucrarse." La arenga pareció complementar la demarcación de los límites: los otros poderes no deciden los cambios en la justicia, pero el cambio es necesario y se debe hacer desde adentro.

El presidente de la Corte se refirió a "problemas muy concretos de la población que trascienden los gobiernos y las décadas", y los enumeró: "El temor de los que tienen algo ahorrado y pueden perderlo, crisis tras crisis, o aquel miedo que tienen los que están excluidos de la sociedad y no tienen futuro, el temor de los niños afectados por la droga, el temor de los jubilados a quienes les cuesta mucho hallar soluciones concretas a los problemas que tienen, o los que piensan que la ley no es igual para todos y hay impunidad".

"Es necesario que nos pongamos de acuerdo en un marco de principios y valores, construir el Estado de Derecho con instituciones sólidas, con independencia de poderes, con políticas de estado participativas y perdurables... La distancia entre lo declarado y lo efectivamente gozado es tremenda. Los tres poderes del Estado debemos trabajar juntos para implementarlo, es central para generar credibilidad".

Aunque sin hablar de política, ni de coyuntura, ni de los próximos dos años, Lorenzetti se refirió a la gobernabilidad. "El gran problema de la gobernabilidad actual es cómo se gobierna con paradigmas diferentes, sociedades multiculturales, cómo se gobierna la diversidad y cómo se definen instituciones capaces de contener la diversidad. Este es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Por eso hemos dicho que hay que promover una cultura del encuentro." No obstante, rápidamente desdeñó la idea de "pensamiento único". La cultura del encuentro "no significa que no tengamos discusiones ni conflictos, que son buenos en la sociedad y son los motores del cambio social. Pero el encuentro es el acuerdo sobre algunos principios básicos, que son nada más y nada menos que los derechos fundamentales. Es importante, porque, de lo contrario, vamos por mal camino..."

El fragmento más político de su exposición incluyó una especie de llamado a la unidad nacional: "Muchas veces nosotros hacemos este tipo de exposiciones (que parecieran que no están ni de un lado ni del otro) casi episcopales. A mí me gusta ese término porque nosotros hemos tenido una trágica historia generacional de la cual debemos aprender. Hemos sido todos militantes de verdades parciales, y es bueno seguir siéndolo, es bueno luchar por lo que uno cree, pero las sociedades tienen que tener bases de funcionamiento común, una casa que nos contenga a todos. Dentro de esa casa, podemos pelear, podemos discutir, pero tenemos que crear una casa común", concluyó.

La cuestión ambiental

"Ante las crisis económicas lo primero que se hace es retroceder en materia de derechos ambientales", advirtió Lorenzetti. Y graficó: "La cuestión ambiental es tan trascendente que hemos comenzado a tener miedo a las tormentas. Si una ciudad se inunda y las inundaciones son cada vez más frecuentes en 24 horas volvemos a la edad de piedra. Llega la noche y la ciudad está a oscuras, no hay control social, se cae la civilización. Es irónico prometerles a los jóvenes un futuro si no nos ocupamos de la cuestión ambiental."

El presidente de la Corte pidió "posiciones personales fuertes y políticas de Estado".

La frase
Nunca Menos

El titular de la Corte utilizó una frase adoptada por el kirchnerismo para destacar la importancia de no dar marcha en las últimas conquistas: "Nunca menos. Lo que se logró hay que mantenerlo."

Invitó a tolerar la diversidad

Lorenzetti hizo una invocación a la tolerancia de la diversidad. "El Estado debe promover la diversidad, hoy no es posible el pensamiento único, hay que admitir la diversidad de formas de vida e ideas", anunció. En ese contexto, describió tres facetas: el derecho a la autodeterminación ("dejemos tranquilas a las personas para que vivan y decidan cómo quieren vivir, que nadie pretenda regular la vida privada"), el derecho de criticar, "en particular referencia al periodismo" (a quienes diferenció de las "empresas periodísticas") y el fortalecimiento del debate público de ideas. "Cuando alguien expresa una idea no se le contesta el argumento sino que se ataca a la persona, se la agravia, se demoniza a personas y a grupos. Está generalizado, todos lo sufren. Aun los temas más difíciles pueden ser debatidos y discutidos, las sociedades declinan cuando toleran lo que es intolerante".

Lesa humanidad: "nada va a cambiar"

Lorenzetti retomó el caso de los juicios de Lesa Humanidad para ejemplificar sobre lo que dio en llamar "principio de no regresión" en materia de derechos fundamentales, y la necesidad de mantener la división de poderes.

"Nunca menos, lo que se logró hay que mantenerlo y que nadie piense que si hay un cambio de humor estas cosas van a cambiar. Por eso decimos nosotros, en materia de juicios de lesa humanidad, que esto forma parte del contrato social de los argentinos, porque ha sido sostenido por los tres poderes del Estado, y si hay alguien que piensa que esto va a cambiar está equivocado."

El titular de la Corte aseguró que el tribunal sostiene esta premisa como una política de Estado y anticipó: "Estamos relanzando este año la Comisión Interpoderes y les pedimos a los demás poderes del Estado que concurran, que vengan, para ver cómo hacemos para terminar estos juicios guiados por el principio del debido proceso."

Desde la primera fila del Salón del cuarto piso del Palacio de Tribunales lo escuchaban atentamente varias representantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y el titular del Centro de Estudios Legales y Sociales, Horacio Verbitsky.