Si hay algo que caracteriza a los italianos es su felicidad al comer… pero también, al ver comer a los demás. Es que, para ellos, la cocina y la comida son una filosofía de vida: desde los platos más sencillos hasta los más complejos, todos son hechos con el mismo empeño, dedicación y pasión por satisfacer a sus comensales.

Por eso, cualquiera que alguna vez se haya sentado a la mesa de un italiano ya sabe cómo son las (placenteras) reglas a las que tiene que someterse; sin embargo hay una que siempre sobresaldrá del resto: saborear cada uno de los abundantes y sabrosos platos que no dejarán de servir hasta que, finalmente, uno se decida a flamear la bandera blanca.

Con esa inquebrantable tradición a cuestas, en María Fedele Ristorante cumplen con esta ley a rajatabla y el “mangia che ti fa bene” nunca fue tan cierto. A pocos metros del Congreso de la Nación, en pleno barrio de Montserrat, este restó con clima familiar nos propone conocer lo mejor de la Calabria: su comida.

“El que viene a comer acá no puede venir todos los días, pero no por el dinero, sino porque come mucho”, explica Ariel Paoletti, dueño del restó junto a su hermano Sergio y encargado de la cocina. Sin promoción más que la del boca a boca, el local está siempre lleno. ¿La clave? Los Paoletti aseguran que la calidad y la abundancia de los platos, al mejor estilo de las mesas italianas, son razón suficiente para que los comensales siempre vuelvan. “La gente come bien por mi pasión”, sentencia.

Ubicado en la sede de la Asociacion Nazionale Italiana (Alsina 1465), este restaurante especializado en comida calabresa es atendido por sus propios dueños y se destaca por lo particular de su menú y sus productos del día. Mientras Ariel cocina, Sergio y su sobrino se encargan de las mesas: todo queda en familia e, indudablemente, ese aire de “entrecasa” se trasmite a los comensales y lo hacen un lugar ameno para compartir la mesa con la familia o amigos.

Por 210 pesos (más las bebidas) el restaurante ofrece un solo menú que cambia todos los días. Así es como cada comensal puede disfrutar de diez antipastos (Sí, ¡10!), luego el primer plato (puede ser pasta o risotto), un segundo plato de ave o carne, y luego un postre. “El menú lo determina el mercado –explica Paoletti– y depende de lo que esté fresco en el día. Nosotros no hacemos grandes compras y guardamos los productos en la heladera, compramos en el día lo que vamos a cocinar”.

Los ingredientes más característicos de la comida de Calabria son el aceite de oliva, el jamón crudo, la berenjena, el ajo y la canela en todos los dulces. “No hay un postre calabrese sin canela”, explica Paoletti. Además de exquisiteces que van desde fiambres hechos en casa, hasta berenjenas grilladas, morrones con osobuco grillado, una exquisita lasagna o los infaltables fideos italianos, los clientes también pueden disfrutar de una carta de vino boutiques a precios más que módicos.

Mientras María Fedele se sigue consolidando en el escenario gastronómico porteño, los Paoletti abrirán prontamente la pasticcería, una fábrica de pasta para abastecer el restaurante y de venta general que estará ubicada en la calle Chile. También hacen fiambres en la cocina del restaurante, que acompañan los platos principales; y tienen su propio aceite de oliva Familia Paoletti.

MARÍA FEDELE RISTORANTE
Planta baja de la Asociación Italiana, A. Alsina 1465, Montserrat
De miércoles a sábado, de 20 a medianoche.
Tel.: (+54 11) 4381-2233
www.ristorantemariafedele.com

Fotos: Martín Katz

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