Por los parlantes suena cumbia y los comensales buscan una sombra para refugiarse del calor. Familias y grupos de jóvenes se acercan en busca de una “Boluda completa” o una “Fasulo con hongos” y no se sorprenden de que alguien famoso los reciba. “No soy Marilyn Monroe, la gente llega y me ve como algo normal, no es tan estrafalario”, cuenta Fabio Alberti sobre el puesto que funciona los sábados a la noche y los domingos al mediodía en el Bajo San Isidro.

“El Puesto de Fabio”, atendido por su propio dueño, es la forma que tomó un viejo deseo de Alberti: consiguió un tráiler y lo estacionó en un amplio predio en la calle Roque Sáenz Peña, a media cuadra de la costa y trajo su propia bohemia a la zona. “Mi propuesta es la de comer rico, barato y distendido. Estoy encima de las luces, la música y soy el creador del concepto cabechic, el chic cabeza”, explica el humorista mientras anuncia la salida de una “Beto Tony” con fritas.

Las hamburguesas –con queso, panceta, hongos o queso brie, según el personaje-, responden a un gusto culinario del humorista, casi una toma de principios. “Soy argentino, me gusta la carne y tengo una guerra a full con los veganos. Por ahora es dialéctica, pero quiero a ver quién gana una pelea entre pata de lechón y lechuga”, ironiza Alberti, y se pone un poco más serio. O eso parece. “No les creo nada, y me molesta que usen a los hijos de conejillos de indias. Los hacen andar descalzos porque son de la escuela Waldorf. ¡Pónganles zapatos y déjense de joder!”.

El primer paso de Alberti en el rubro gastronómico fue la salsa de tomate Peperino Pómoro, que pasó las fronteras del puesto y se consigue en algunos supermercados. “Es una idea que tenía hace mucho tiempo, a raíz de la movida que hizo Paul Newman cuando sacó su salsa. Todos estos proyectos culinarios y estrafalarios son a partir de ser coherente conmigo mismo. Soy muy mal comerciante, nunca firmé un buen contrato y siempre me cagaron. Hoy de repente vendo hamburguesas y salsa de tomate, gano plata y lo disfruto porque lo hago de corazón”, cuenta el humorista mientras un muñeco del mismísimo Peperino lo vigila desde el mostrador.

Alberti tuvo un nivel alto de exposición en los tiempos de Cha cha cha y Todo x 2 $ -programa en el que compartió carel con Diego Capusotto y con el que obtuvo un Martín Fierro- que lo encasillaron en el lugar del humorista de culto. “La popularidad por suerte nunca me llegó, aunque sí fuimos pioneros de un montón de cosas. El humor en la televisión de los 90 remite a Cha Cha cha. Esa cucarda la ganamos nosotros, los que vinieron después, que hagan lo que quieran”, dice Alberti y cierra su puerta a una posible reunión. “La gente puede pedir lo que quiera, pero cambió todo, los tiempos, la tele y cambiamos nosotros también. Eso no existe más y está buenísimo que así sea”.

Alejado de la tele también como espectador, el humorista sólo ve Disney Junior y al River del Muñeco Gallardo, que lo tiene enloquecido. “Es tremendo, el Real Madrid juega como River, no al revés. Roban la pelota y llegan rapidísimo al área rival con un montón de gente. ¿Sabés cuánto hace que River no jugaba así?”, se entusiasma Alberti y dice disfrutar de estas pequeñas cosas, lejos de las grandes luces. “Hoy me fui a comprar el bebedero para picaflores, y que venga uno a tomar agua es lo mejor que me puede pasar. Hace tiempo que estoy afuera de todo, soy un outsider, pero nunca busqué la exposición. No la quiero ni al sol”.

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