"Desde que mi nena tenía 12 años y empezó a tocarse y a explorar su cuerpo, le hable de la libertad de dejarse sentir. Pero antes también. Cuando se bañaba y me decía que sentía 'cosas' al tocarse, ahí empezó un diálogo franco que nunca se detuvo. Fue distinto con Ram (14), el varón, que siempre fue más pudoroso y reticente para hablar conmigo de temas sexuales. La escuela debió haber ocupado un rol importante, pero en cambio, nos mostraron un video doblado en gallego, primero a los padres y luego a nuestros chicos con una frialdad exasperante, junto a un médico, hicieron del sexo algo teórico, de manual. Sé que soy uno de esos pocos padres que hablan de sexo con sus hijos."

La que habla con Tiempo Argentino es María Constanza Attias (42), a su lado, está Narayana (17) con un top fucsia escotado, a simple vista, para los hombres que pasan por la concurrida peatonal de Ramos Mejía y miran a las dos rubias (las recontra miran). Paradas una al lado de la otra, son dos hermanas y no lo que son: madre e hija.

"Una de las cosas más difíciles e incómodas del mundo debe ser sentarte a hablar libremente de sexo con tu hijo".

El caso de María y Narayana es atípico porque muchos padres no se animan a hablar de sexo con sus hijos. Una investigación desarrollada por la Universidad Kennedy concluyó que "el 90% de los jóvenes declara haber recibido información sexual, sin embargo 1 de cada 4 chicos dice no haberla recibido de su núcleo paternal". Así como que "el 59% no se animó a hacerle preguntas a sus padres sobre sexo y confiesa que la información que recibió de ellos les llegó demasiado tarde, llena de mitos y tabúes, demasiado prohibitiva y no exploraba temas como la intimidad, o el placer".

NATURAL. "Con mamá somos mejores amigas, nunca hubo una charla puntual de educación sexual, desde que nací el sexo fue algo tan natural como comer y dormir, una parte más de la vida. A mis compañeras de colegio eso no les pasa, tienen un vínculo distante con sus padres, estricto", dice Narayana.

Esta libertad para hablar de sexo no es lo habitual.  La frase "cada casa es un mundo" se aplica a la hora en que los padres deben sentarse a hablar de sexo con sus hijos. Cada uno se las rebusca como puede para encontrar (o no) la forma de abordar (o evitar) la temida conversación, cualquier cosa sirve como disparador. Por ejemplo, Ruben Pereyra (53) usó a los perros para que sus hijos Jerónimo y Julián tengan una primera dimensión de lo que es el sexo: “Me acuerdo que volvíamos de la plaza, uno tenía 6 años y el otro 3, mientras caminábamos pasamos por una casa vieja, en la vereda había un perro negro, grandote, que, jadeando, se montaba a una perra chiquita, entonces mi hijo mayor me preguntó: 'Papá, ¿qué están haciendo esos perros? y como me clavó los ojos de tal modo, le dije: 'están haciendo perritos.' Se quedó pensando un largo rato y repreguntó: ¿y vos y mamá hicieron lo mismo que esos perros para hacernos a nosotros?  Sí, le contesté. '¡¡Qué asco!!', me dijo muy serio Jerónimo, nunca voy a olvidarme de la cara que puso."

La encuesta de la Universidad de Kennedy estuvo a cargo de Marcelo Della Mora, especialista en sexualidad infantojuvenil y se hizo en base a una población de 13 a 19 años, de ambos sexos, que cursan estudios secundarios (de primero a quinto año) en escuelas públicas y/o privadas de gestión oficial de la Ciudad de Buenos Aires.

Entre otras cosas, indica datos interesantes como que el 71% de los adolescentes admitió haberse iniciado a una edad promedio de 15 años.  Que hay cierta "relajación" en ambos sexos en cuanto a la prevención para evitar contraer alguna enfermedad venérea. "El 30% de los varones no experimentó temor a contraer infecciones de transmisión sexual en el primer coito y la mitad declaró no haber usado métodos anticonceptivos. En el caso de las mujeres, casi el 63% no sintió temor a contagiarse infecciones de transmisión sexual y una de cada diez no empleó métodos anticonceptivos."

Della Mora explica a este diario que uno de los errores más frecuentes a la hora de que los padres se sienten a hablar de sexo es omitir o postergar la temida charla, porque consideran que todavía son "chicos" y no están "preparados". "Pero no tiene en cuenta –dice– que se adelantó cronológicamente la edad de la primera relación sexual, así como la menstruación en las chicas."

El especialista afirmó que "no todo pasa por mostrar un video, o explicar con un afiche cómo es el aparato reproductor. La mayoría de los padres no le dicen a sus hijos que pueden conocer su cuerpo y pasarla bien, animarse a sentir el calor de otra persona, disfrutar de un beso, un abrazo, una caricia. Los que hablan lo hacen desde un costado informativo, o prohibitivo. Otros, los retan."

El especialista asegura que la desinformación alcanza a la escuela. "El joven es sujeto pasivo de información, habría que hacer un viraje y pensar que los chicos tienen un rol activo muy importante en su sexualidad. No puede ser que crean que si se lavan las partes íntimas con jabón, o en el bidet, después de tener relaciones sexuales, disminuyen las probabilidades de un embarazo, lo mismo que si tienen sexo parados, hacen juegos sexuales sin penetración, o que el sexo oral no transmite infecciones. Salvo algunos casos, la mayoría no encuentra demasiadas respuestas en sus padres, en muchos casos ni siquiera se animan a preguntarles y recurren directamente a los pares. ¿Conclusión? Terminan con un embarazo no deseado, haciéndose un aborto en situaciones clandestinas, con riesgo de infección y esterilidad."

Desde el Ministerio de Educación de la Nación, Mirta Marina, coordinadora del Plan Integral de Educación Sexual, señala a Tiempo: "Es cierto que la escuela está un paso antes que la familia. Nosotros sugerimos hacer actividades en las que participen los padres para poder explicarles lo que les van a enseñar a sus hijos en casa en materia sexual, y acompañarlos cuando desconocen algún tema." Explica que entre los objetivos del plan está la revista de "Educación sexual para hablar en familia", que se distribuye en escuelas y centros de salud. "La intención es que las familias puedan encontrar en ella una forma de relacionarse con los hijos. Sus contenidos acompañan para que puedan responder todo tipo de preguntas, desde las típicas que hacen los niños pequeños 'cómo nacen los bebés', hasta explicar a un adolescente la prevención del HIV."

¿Y es suficiente abordar el tema sólo con capacitación? ¿Y dónde queda el placer? "El placer queda relegado. Hay cosas de las que es difícil hablar con tu hijo por mucho que te lo propongas, el placer es una de ellas", confiesa Omar Sale (55), padre de Leonardo (16), que admite con pudor: "Una de las cosas más difíciles e incómodas del mundo debe ser sentarte a hablar libremente de sexo con tu hijo."