Cuando a Silvina Ratti se le menciona cuáles son sus sensaciones respecto de la inminencia de las fiestas de fin de año, se pone visiblemente tensa. "Porque todo en Navidad se maneja con horarios y rutinas: hay que comer a tal hora, abrir los regalos a tal otra, juntarte con gente que no querés ver, ostentar un lindo pilchaje, comer el vitel toné, posar para las fotos obligatorias... Y a eso sumale la invasión de promociones que te bombardean desde noviembre la casilla de email, y después, la aglomeración de gente en la puerta de los locales el día anterior, el 23, gente que como vos se olvidó de comprar los regalos y los compra a último momento. Odio que se acerque esta maldita fecha", resume.

Como Silvina, la mitad de las personas admite que se estresa con la llegada de la Navidad, y también con el desarrollo de la celebración navideña. El elocuente dato se desprende de una encuesta dada a conocer por la página de venta online de cupones Groupon, sobre un total de 1385 personas en todo el país, consignó Tiempo Argentino.

En contraste, puestos a elegir entre lo mejor y lo peor de la Navidad, la opinión de los encuestados fue contundente. Puestos a señalar los pro de la fiesta, un 42% dijo que lo mejor es pasar tiempo charlando y comiendo con esos familiares que se aprecia particularmente y uno no ve hace tiempo; un 24% cree que la magia que transmiten los niños que creen en Papá Noel es lo mejor que puede dejar esta fecha; un 10% encuentra satisfacción en regalar objetos debidamente elegidos que cree que pueden gustarle a aquellos que ama; un 8% lo plantea en términos religiosos y dice que es feliz por celebrar las tradiciones que profesa; y un 5,3% se conforma con una rica cena. Después, están los que piensan que peor es nada, y un 4,1% se alegra de que se festeje Navidad sólo para no tener que ir a trabajar; un interesado 2,3% espera las fiestas con el sólo objetivo de recibir regalos; y hay un 0,2% (con rigor estadístico, apenas una persona del total de encuestados) que navega entre la cinefilia y la abulia y confiesa que aprovecha la ocasión para castigarse mirando largas maratones de películas navideñas.

En cuanto a lo peor, las aguas se dividen. Un 47,2% admitió que la Navidad lo estresa. Los motivos son variados, pero oscilan entre la angustia comercial y el estrés liso y llano. El 17,2% aludió que ni bien empieza el mes de diciembre ya empieza a preocuparse, y un porcentaje similar (16,6%) explicó que "se estresa apenas los negocios empiezan a vender artículos de colores alusivos y porque cada año esta tendencia comienza más temprano, con el aluvión de descuentos, ofertas y promociones". A un grupo menor (9,1%) lo estresa la Navidad, de golpe, recién el día anterior, presumiblemente cuando descubre que aún no compró los regalos o que faltan 1000 cosas por organizar de la cena navideña, y otro segmento (4,2%) se angustia en plena Navidad, según la encuesta, cuando toma conciencia "de todas las cosas que no hizo, o de todas las cosas que le falta hacer".

Una última consigna de la encuesta destapa todas las ansiedades: "¿A qué le temes con respecto a la Navidad?" Un 32,4% aseguró, pensando en el día después, que teme sobrepasarse comiendo y bebiendo más de la cuenta; y otro 32,1% dice que le dan fobia los embotellamientos y las demoras frecuentes que se padecen ese día. Un 13,2% se siente mal por tener que comprarle regalos a gente que en realidad no le importa; un 13% teme no poder fingir estar alegre sólo porque es Navidad. Los suegros son la pesadilla del 4,3%; el 3,7% se preocupa por tener que poner buena cara ante los regalos horribles que recibe; y un 1,1% se siente mal sólo por el hecho de tener que juntarse a compartir una cena familiar

En este sentido, la licenciada Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), opina que "el estrés aparece ante todo cambio: exámenes, fiestas laborales, eventos a los cuales es necesario asistir, momento de balances, y a esto se le suma el cansancio acumulado durante el año, por lo cual uno dispone de menor energía y recursos para afrontar cada situación". En definitiva, agrega, que "la Navidad no escapa a todo esto, porque son momentos especiales para hacer balances y planes a futuro".

Insatisfacción

7,9% afirmó sentirse "muy insatisfecho" con los regalos que recibe en Navidad. En el otro extremo, un 21,4% se declaró "muy satisfecho"

El 43% alguna vez recibió algo "feo" y lo regaló.

Otro apartado de la encuesta refleja un tema tabú para algunas personas: qué hacer con los regalos que no son de su agrado. La mitad de los encuestados afirmó que, aunque no les gustara el obsequio recibido, no les parecería adecuado regalarlo a otras personas. Sin embargo, un 43% admitió que alguna ha regalado los presentes que no le gustaron. El 37,7% dijo que lo hizo pero que no creía que la persona que se lo obsequió en primer término pudiera descubrir ese pase de manos; y otro 5,5% reconoció que alguna vez lo hizo y lo descubrieron in fraganti. Por fin, un 7,2% de las personas juzgó que le daría pudor hacer algo así, o temor a ser descubiertos.

Respecto del destino final de los regalos poco apreciados, un 35% dijo que fue a cambiarlo o pidió un reintegro, un 25% lo guardó y no lo usó, un 21% lo regaló sin dudarlo, un 14% lo usó a pesar de todo, un 8% lo donó, un 2% confesó que vendió el regalo y un intemperante 1% directamente lo tiró a la basura.

Al respecto, Franco, de Villa Crespo, confiesa: "Tengo todo un historial en regalos odiosos que me regalan y regalo. Encabezan la lista las toallas y los toallones que me regala, año tras año, mi tía Silvia, que van a parar siempre al mismo lugar: otra tía, Teresa, a quien se los regalo. En una época, Silvia pasó a regalarnos, a mí y a mi hermano, almohadones y desodorantes de bolita, y ahí la apodamos 'tía almohadón'".

Valeria Berreti, de San Martín, cuenta que ella se ubica en el lote de los que regalan lo regalado: "La Navidad pasada, mi vieja me regaló un reloj cucú muy feo, que a su vez a ella le regaló un amigo. Para no ser tan evidente y tirarlo, se lo regalé a una compañera de trabajo que esta bastante loca, y le encantó."

Cómo sobrevivir a la navidad

-Rescatar los aspectos positivos de los encuentros familiares y las situaciones que se originan durante las Fiestas, y no sólo centrarse en los negativos.

-Asegurarse de dormir lo suficiente antes de Nochebuena. Los buenos hábitos de sueño son una de las mejores maneras de manejar el estrés.

-Permitirse disfrutar sin ser exigente ni ponerse penitencias.

-No preocuparse por aquello que no se puede controlar.

-Antes de la cena, conviene oxigenarse, salir a caminar.

-Evitar la queja por la queja misma, dado que no permite encontrar una solución a problemas familiares de larga data en una sola noche.

-Advertir, detectar y corregir cuando durante el encuentro nos invaden malos pensamientos.

-Prepararse lo mejor posible para eventuales situaciones a enfrentar que sean agentes de estrés para la persona.

Madres y novios, los más difíciles de complacer

Mamás, novios y novias son las personas más difíciles para agasajar: así lo concluyeron los usuarios de Groupon. El padre, los hermanos, los abuelos, los hijos, otros familiares, los amigos, los vecinos y los colegas del trabajo resultaron, en cambio, los menos difíciles, por ende, los regalos más previsibles a la hora de cumplir en la jornada navideña.

Para Claudia Panno, autora del libro Humor, específicamente el caso del regalo a la madre merece una reflexión aparte que se remite a cuando existía un momento en el que regalarle algo intuitivamente a esta "figura difícil" era de lo más sencillo: ese momento es la infancia. "Cuando éramos chicos, era más fácil que ahora regalarle algo a la mamá, porque cualquier artesanía que hiciéramos en el jardín o en la escuela era para ella un cuadro de Picasso: la nariz en el cuello, el ojo pegado en el zapato, el portarrollos mal pintado, no importaba, todo lo recibía con un ¡Qué lindo, gracias, mi amor! Y nos daba un beso en la mejilla. Pero crecimos, ellas envejecieron y obsequiarle un regalo que le guste es bastante complicado."

Panno dice que uno de los inconvenientes más frecuente es regalarle ropa a la madre: "Es misión imposible pegarle en el talle, uno nunca sabe cuánto mide o pesa la mamá. Además, no le conocemos el gusto. A veces, creemos darle algo novedoso que en realidad nos gustaría que nos regalara ella a nosotros, como una Tablet, un nuevo celular ultratecnológico o un electrodoméstico con muchos brazos que al mismo tiempo que barre la casa, nos alcance un café."