Con la política a otra parte. Si bien es cliché mencionarlo, nunca está de más recordarlo. No conviene, bajo ningún punto de vista, dialogar sobre política en la mesa del futuro suegro. Dejá que la primera cena pase entre dato color y la alegría de vivir y contales tu teoría de la revolución socialista recién dentro de algunos meses.

"Mi novio, el harapiento". Si de vestimenta hablamos, lo mejor para estos casos es optar por la mesura. Ni muñequito de torta ni listo para un día de playa. Acaso lo recomendable sea vestir como siempre, apenitas un poco más sofisticado. Es preferible lucir un poco acartonado que caer en lo de don Julián con las ojotas en el bolso. Tranquilo, chaval, ya tendrás tiempo de manejar la parrilla del dueño de casa.

Hombre, no revise el teléfono celular en la mesa, ubíquese. Queda feo, poco decoroso y desprolijo. Los suegros pensarán que usted está allí por obligación y la está pasando mal, y aunque así fuera, no deje que lo noten. Además, su novia lo regañará de sobremanera luego del ágape y lo peor será que tendrá razón. Conéctese con lo que pasa allí, aproveche para conocer a su familia política y aléjese de Tinder por un rato.

Dígale no al teatro. Si bien lo mejor es no confrontar en la primera cena, el exceso de complacencia y falsas risas dejará en evidencia que sos un muchacho con pocas luces y, lo que es aún peor, un falso. Lo mejor es portar buen humor, y en caso de que seas algo tímido o de pocas palabras, ponele onda y media sonrisa. Esto hará sentir bien a la patrona y te costará muy poco.

Caer con las manos vacías, ¿sí o no? Qué disyuntiva, mi querido amigo. Aquí conviene consultar con la novia sobre gustos y aficiones de los suegros. Es mejor hacer trampita y no embarrar la cita con un Fernet Chabona empezado para brindar por la ampliación familiar. Una buena botella de vino o helado, dos tips básicos pero infalibles que ablandan hasta al suegro más duro del condado.

Otro factor que puede destruir el espíritu de cualquier joven novio son los cuñados. Los hermanos de la novia pueden ser más malos que el nuevo programa de Julián Weich, pero ojo, también pueden ser aliados. Por eso, ve despacio, peregrino. En estos casos también es importante mostrarse con honestidad y sin querer caer bien. No te sobrepases en chistes ni en demostraciones de amor a la novia frente a ellos. Para charlar optá por los tópicos fútbol, música y el infalible “qué caro está todo”.

El mal de los "suegros AFIP". Es sabido que en las primeras citas, el 94,2 por ciento de los suegros indaga al yerno sobre su liquidez económica, cuánto acusa su recibo de sueldo y si tiene pensado invertir ahorros en una remisería. Para evitar malos tragos, respondé con respeto pero no negocies tu espíritu reservado; si no querés presentar una declaración jurada al paso, mejor irse por la tangente con una humorada inocente. Tomá el mando y cambiá de tema. Corta la bocha.

Controlá el chistómetro. Nadie se resiste a un purrete simpático, pero todos odian al bromista serial, aún más si se trata de un desconocido. Si sos uno de esos muchachos que oculta su timidez e inseguridad detrás de los chistes, pedorretas y demás, no te pases de rosca; si lográs caer bien a la primera intervención, mejor retirarse a tiempo y dejar a todos con ganas de más. Como si Miguel Del Sel se hubiera retirado en el 97. 

Agradable sí, condescendiente no. El esfuerzo por caer bien y lograr que el vículo yernos - suegro sea un éxito es un ejercicio noble, pero todo tiene un límite. Para lograr un buen momento, las dos parte deben estar de acuerdo, así que bajo ningún putno de vista te calces el traje de remador de la noche. Si los suegros y cuñados insisten en no darte lugar, aguantá unas horas y retirate como un héroe. Conviene priorizar dos cosas: tu paz interior y la felicidad de tu señora. El resto es papel picado.