Los ruidos conviven con los argentinos casi con tanta naturalidad como el aire, pero son tan nocivos como para ocasionar –a diario– la pérdida progresiva de la audición. El primer estudio sobre el nivel de ruido y el medio ambiente en Argentina, realizado por GAES Centros Auditivos, demostró que más de la mitad de la población encuestada (61%) se siente perturbada por ruidos molestos en sus casas o barrios, y un 49% en sus lugares de trabajo. Entre los ruidos más odiados se encuentran el tráfico con el 57%,  las obras en construcción, 46% y los ladridos en un 37% de los casos.

Según los especialistas, el ruido puede provocar diversos trastornos de salud al dañar el oído interno, acelera la aparición de zumbidos y sordera y perjudica a la memoria y la capacidad de aprendizaje.

La encuesta, realizada a 400 personas mayores de 18 años en la Ciudad de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, arrojó también que es en la Capital Federal donde más se reconoce la  existencia de ruidos molestos en casa o barrio. Alcanza al  72,3 por ciento.

Quienes trabajan en lugares ruidosos como las fábricas, comienzan a presentar problemas de audición desde muy jóvenes.

Entre la población que tiene en casa ruidos molestos que lo perturban, un 66,3%  reconoció estar expuesto a ellos más de 2 horas diarias. Por zonas, en la Capital Federal es donde se afirma algo más que se está expuesto al  ruido en casa más de 2 horas entre la población que tiene en casa ruidos molestos que  lo perturban. 

"Cuando la exposición al ruido excede los 85 decibeles –que es la medida hasta que el oído puede soportar sin dañarse– y si dura más de dos horas, comienzan a perjudicarse las células ciliadas del oído interno", explicó Mónica Matti, fonoaudióloga y gerente de formación de GAES Centros Auditivos, en diálogo con Tiempo.

Horacio Murga, otorrinolaringólogo del Hospital Austral explicó que "los daños en el oído son acumulativos, porque se van dañando las células ciliadas del órgano de Corti que está dentro de la cóclea. Por eso, es muy común que la gente consulte por zumbidos que señalan la irritación coclear, y es la señal que nos dan nuestros oídos para que los cuidemos. Por ejemplo, con los auriculares el sonido se descarga en forma directa en la membrana timpánica y, al utilizarlos a mucha intensidad y durante un tiempo prolongado, se está muy expuesto a padecer zumbidos en forma permanente", aclaró el especialista.

 EN EL TRABAJO . En el ámbito laboral una de cada dos personas (49%) está expuesta a ruidos molestos que lo  perturban. Los segmentos más jóvenes, de 18 a 30 años y de 31 a 50 años, son los que  claramente manifiestan más que tienen ruidos molestos en el trabajo. Entre ellos, un 80% reconoce estar expuesto a ellos más de 2 horas diarias. Por  zonas, en Córdoba y en la provincia de Buenos Aires es donde se afirma más que  se  está expuesto al ruido en el trabajo más de 2 horas.

De la población que tiene en el trabajo ruidos molestos que lo perturban,  casi  un  12%  utiliza protectores auditivos. Sin embargo, Entre  las  distintas  zonas,  en  Santa  Fe  es donde  más  se  utilizan  los  protectores auditivos  para  protegerse  de  los  ruidos molestos.  Por  el  contrario,  en  la  Capital Federal se utilizan muy poco (3,8%).

Mutti también destacó que quienes trabajan en lugares ruidosos como las fábricas, comienzan a presentar problemas de audición desde muy jóvenes.

"Las consultas más comunes son de chicos de entre 18 y 25 años porque presentan algún tipo de zumbido y en gran parte son personas que trabajan en lugares ruidosos y que no usan la debida protección, como obreros o  disc jockeys. También vemos muchos casos en quienes acostumbran asistir a recitales o boliches y en músicos".

En la mayoría de los casos, los problemas auditivos se deben a la historia laboral del paciente y del uso o no de protección. Otro de los grupos afectados son los docentes que fuerzan su voz en aulas ruidosas, y sobretodo quienes estaban acostumbrados a escuchar música a volumen muy alto en auriculares o con baffles muy potentes en sus autos. 

La experta destacó que a los traumas acústicos, se le suman los desordenes psicológicos producto del estrés del cual los ruidos son también una de sus principales causas en la población argentina.    

 VOLUNTAD DE CAMBIO . Si bien casi la totalidad de los encuestados –90%– consideraron al ruido como un problema medio ambiental, el 93% aseguró que la población no está concientizada en evitar generar ruidos molestos.

Al ser consultados por su conocimiento acerca de los efectos perjudiciales del ruido, el 92,5% mencionó la pérdida de la capacidad auditiva, un 73% la perturbación del sueño, y un 49% aseguró estar al tanto de la disminución del rendimiento cognitivo tanto en adultos como en niños.

Asimismo, en pos de evitar los ruidos molestos, el 57% manifestó que apoyaría  medidas gubernamentales para reducir la contaminación acústica. Un 44,5% colaboraría  en campañas de bien público para reducir los ruidos ambientales, y un 33,5%  que para evitar ruidos  molestos se mudaría a un  lugar más silencioso.  En los jóvenes de 18 a 30 años, esta decisión de mudarse a un lugar menos ruidoso asciende al 45%, siendo en Córdoba en donde más se destaca esta tendencia en el 41% de los consultados.

En Capital Federal la mayoría de los porteños considera al ruido como un problema de contaminación ambiental –es casi la totalidad, el 97%– y 7 de cada 10 reconoce la existencia de ruidos molestos en la casa o el barrio.

El 67% colaboraría con medidas gubernamentales para reducir el impacto. Sin embargo, sólo un 3% estaría dispuesto a dejar de usar su auto para evitar los ruidos del tránsito.

La contaminación acústica se define como la introducción de ruidos o vibraciones en el ambiente generados por la actividad humana y en niveles perjudiciales y desde hace años es una problemática que afecta a muchas capitales y ciudades urbanizadas del mundo. En 2012, la OMS postuló a Buenos Aires como una de las cinco ciudades más ruidosas en el mundo. Según los expertos, la situación se vuelve aún más peligrosa porque el oído puede acostumbrarse al ruido que resulta un contaminante que no deja residuos pero sí demasiadas secuelas.

Trastornos que pueden ser graves

El ruido es también un factor de estrés ambiental que puede intervenir en trastornos del sueño y del aprendizaje, la memoria, la motivación, la resolución de problemas y en el incremento de la irritabilidad y la agresividad. "Incluso cuando la persona consigue afrontar con éxito su respuesta frente a la exposición al ruido –adaptándose, vivenciándolo de forma menos negativa o generando respuestas, como protegerse activamente, o luchar contra sus causas– esta puede conllevar unos efectos secundarios que generan consecuencias negativas en la salud, interfiriendo con el bienestar del individuo", explicó la fonoaudióloga Mónica Matti y destacó que "en situaciones de trabajo o de aprendizaje, cierto nivel de silencio es necesario para mantener la concentración y hacer un aprendizaje adecuado".

En 2012, una investigación del CONICET publicada en la revista especializada Brain Research demostró que un grupo de ratas expuestas a altas intensidades de sonidos veían afectados sus mecanismos de aprendizaje y la memoria. El trabajo fue realizado en dos conjuntos. El primero fue expuesto una sola vez a dos horas de ruido, mientras que al segundo se lo expuso durante dos semanas, todos los días, a dos horas de ruido. "Pudimos determinar que una única exposición al ruido durante dos horas es suficiente para generar un daño celular y una alteración en la conducta", explicó Laura Guelman, investigadora adjunta del CONICET en el Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CEFYBO, UBA-CONICET) y coordinadora del estudio.

Quince días después de la exposición, los animales mostraron fallas en la memoria, la capacidad de habituarse a ambientes conocidos. "Los animales presentaron un menor nivel de alerta ante el peligro, lo que les impediría escapar de un posible predador", explicó la experta.

Además de las modificaciones en la conducta, se destacó que "las células del hipocampo presentaron alteraciones en el núcleo, la zona donde está al ADN. El núcleo se desorganiza, lo cual indica que hay un daño en el tejido", señaló Soledad Uran, becaria doctoral del CONICET y primera autora de la investigación.

Consejos para tener en cuenta

En casa. Proteger la casa de los ruidos (cortinados, o ventanales con vidrio doble). Hablar con voz moderada y cuidar a nuestras mascotas: evitar ladridos excesivos.

Música. Limitar el volumen de los aparatos electrónicos. Tratar de no utilizar auriculares de inserción, siempre son preferibles los que cubren la oreja y aíslan los ruidos exteriores.

Protección. Cuidar los oídos en las discotecas o fiestas con música alta. Utilizar protección en los oídos ante ruidos ambientales.

Del canto de los pájaros al recital de rock

Límite internacional. El límite aceptable establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 65 decibeles.

Límite nacional. En el Instituto Argentino del Oído aseguran que hasta 85 decibeles el oído puede tolerar sin que se ocasionen lesiones.

150 decibeles. Recital de rock, boliches.

140 decibeles. Un petardo que estalla al lado.

130 decibeles. Trueno.

127 decibeles. Una vuvuzela en su apogeo

120 decibeles. iPod y MP3.

110 decibeles. Motosierra. La exposición regular de más de un minuto implica el riesgo de pérdida auditiva permanente.

100 decibeles. Taladro. Se recomienda no superar los 15 minutos de exposición sin protección.

90 decibeles. Subterráneos, cortadoras de pasto, motos.

80 decibeles. Bocina de auto.

70 decibeles. Una calle de tráfico tranquilo.

60 decibeles. Una conversación tranquila.

50 decibeles. Sonidos que se escuchan en un parque o lugar tranquilo.

20 decibeles. Canto de pájaros.