Desde que el lunes 16 de abril la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, anunció que enviaría al Congreso el proyecto para expropiar YPF en España los medios han desarrollado una campaña en contra de la Argentina que, al parecer, no ha tenido éxito alguno. De ella se destacan no sólo una inusual animosidad -que en verdad esconde intereses económicos, como en el caso del diario El País-, sino también papelones de la prensa local, como el agresivo artículo de la revista del diario ABC, firmado por las periodistas argentinas Sylvina Walger y Laura Di Marco (quien negó haberlo escrito), que ataca a la mandataria con infundios tales como “les pega a las criadas”. Afrentas de una repercusión tan fugaz como risible.
 
En el plano político internacional, excepto Colombia y México -históricos aliados de Estados Unidos-, que llamativamente la cuestionaron, no ha habido voces críticas a la decisión del gobierno argentino de recuperar su principal activo energético. Inclusive organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) declararon que la recuperación del control estatal de YPF es una "decisión soberana" de la Argentina. Y la propia Unión Europea, aunque declaró estar del lado de España y anunció que tomará represalias contra la Argentina (no las especificó), también instó a través de sus funcionarios a solucionar el diferendo por la vía diplomática.
 
Asimismo, voceros del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, consultados por el diario español El Mundo, afirmaron que aunque el gobierno "está siguiendo la situación, no hay mucho para agregar" respecto de la expropiación de YPF, promulgada el viernes 4 de mayo por la Presidenta, tras la aprobación por una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso.
 
En España, sin embargo, los medios de comunicación se han empeñado en descalificar no sólo la medida del gobierno, sino también a la propia mandataria nacional, como en el caso del ABC. También el diario El País arrancó la serie con duros editoriales en los que afirmó que la Argentina está gobernada por una “camarilla” y calificó al proyecto de expropiación de expoliación, que significa "despojar con violencia o con iniquidad", según el diccionario de la Real Academia Española (DRAE).
 
Este matutino, en una clara manifestación de deseo pero sin el más mínimo rigor periodístico, informó que la Argentina, gracias a la ley que declaró "de utilidad pública y sujeto a expropiación" el 51% de YPF, se había ganado la salida del Grupo de los 20. La expulsión de un país de ese grupo que reúne a países industrializados y en vías de desarrollo depende de un amplio acuerdo y de la voluntad de los miembros de impulsar una decisión de esas características, lo que no ha ocurrido y, al parecer, no ocurrirá.
 
Lo que el diario El País no les aclaró a sus lectores es que algunos de los miembros del consejo de administración de Repsol integran también el consejo de administración del Grupo Prisa, propietario de este periódico.
Lo que el diario El País no les aclaró a sus lectores es que algunos de los miembros del consejo de administración de Repsol integran también el consejo de administración del Grupo Prisa, propietario de este periódico.
 
Prisa es un grupo de comunicación de capital español con presencia en 22 países de América latina, más Portugal y Estados Unidos, en televisión, radio y periódicos. A pesar de todo ese potencial mediático, no tiene absolutamente ninguna autonomía periodística, según dijo el periodista español Pascual Serrano al programa de televisión 678. 
 
“Es tanta la deuda financiera y económica del grupo, que no hay una línea informativa libre, sino simplemente un servicio editorial ideológico pensado para sus empresas acreedoras y bancos, a los que les debe dinero. Entre los accionistas de Repsol está un banco español que se llama La Caixa y una constructora, Sacyr Vallehermoso. Ambos tienen directivos que son, a su vez, miembros del consejo de administración del Grupo Prisa y, por ende, de El País. Es evidente que fruto de eso solo puede haber una consecuencia: a través de los editoriales de El País están hablando los intereses financieros y económicos del grupo Repsol”, concluyó Serrano.
 
Tapar la agenda. Consultado por INFOnews, el periodista argentino Mariano Suárez, que actualmente se encuentra en Madrid realizando el Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos, dijo que la campaña antiargentina de los medios españoles fue alentada por el gobierno del derechista Mariano Rajoy, que aprovechó esta situación para hacer resurgir el nacionalismo de la ciudadanía y así tapar temas que estaban en el centro de la escena.
 
“Por ejemplo, apenas se anunció la estatización de YPF y se volcó toda la atención hacia ese lado, el gobierno anunció que los jubilados iban a empezar a pagar un 10% de los medicamentos y a los pocos días anunciaron una suba de hasta el 50% en las tasas de inscripción universitarias”, señaló Suárez.
 
Con respecto a los medios, salvo poquísimas excepciones, según dijo, nadie cuestionó jamás cómo fue la actuación de Repsol en Argentina. “Todos lo tomaron como una medida autoritaria del gobierno argentino, sin intentar averiguar cómo había sido la gestión. Del tema ya no se habla demasiado en los medios: quedó atrás; porque tampoco la UE ha tomado medidas concretas. De hecho, el anuncio de Repsol de haber recurrido al Ciadi no tuvo demasiada repercusión aquí. Se desinfló bastante”, comentó.
 
Soledad Maradona, que también realiza ahora el Programa Balboa junto con Suárez en representación de la Argentina, expresó a INFOnews que los medios españoles “en general adoptaron como propia la visión de la empresa Repsol, acusando a la Argentina de traicionar a la compañía o aplicar políticas discriminatorias”.
 
Maradona señaló que la misma visión de defensa de la empresa como propia de los medios de comunicación la tuvo parte de la sociedad, que tomó la decisión como un ataque. "Pero más allá de los comentarios sobre una ultradefensa de la empresa y del sentir español, no me parece que se haya traducido en una situación de hostilidad general contra los argentinos que están en este país, más allá de algún grafiti o un comercio que haya decidido colocar un cartel de prohibición a los argentinos. El vínculo personal va por carriles diferentes a la coyuntura política”, afirmó.