¿Qué ocurriría si una mañana, al desepertarse, descubre que un grupo de extraños le tomó la cocina? Hasta ayer esa habitación formaba parte de su casa, pero ahora los extraños le dicen que no, que es de ellos porque la ocuparon, que tienen planes de quedarse para siempre y que, por supuesto, van a servirse de todos los recursos que ahí encuentren. Agua, gas, alimentos. Todo.

Protesta. Les dice una y otra vez que por historia, ley y sentido común esa habitación es parte de su casa. Sus vecinos, incluso los de otros barrios lejanos, están de su lado. Pero no hay caso. Los intrusos desoyen sus reclamos y transforman su cocina en un polvorín.

Dicen que es para protegerse porque usted una vez, guiado por la pésima decisión de un administrador de consorcio fascista y decadente, perdió los estribos y quiso recuperar la cocina por la fuerza. Reconoce que aquello fue una pésima decisión, un desastre que puso en riesgo la legitimidad de su justo reclamo. Pero advierte que los ocupas usan aquel episodio para pertecharse con la vista puesta en su próximo objetivo: quieren usar su cocina como plataforma de ocupación de su patio, un espacio gigante, casi deshabitado, poco explorado, pero de enorme riquezas naturales.

Como el patio está pegado a la cocina los intrusos ya lo reclamaron para sí. Como varios vecinos pusieron el grito en el cielo, una junta mundial de condominios decidió que ese asunto recién se resolverá en unos años. Como mucho, en 2050. Pero conviene estar atentos. Los intrusos tienen amigos poderosos en la mesa chica que conduce el condominio global.

Mientras tanto, su reclamo sigue sumando adhesiones. Ayer, por caso, hasta los viejos aliados de los intrusos cambiaron de postura e hicieron un pronunciamiento en línea con su histórico reclamo: la cocina es parte de su casa.

La Argentina lleva 183 años de ocupación británica. Porque las Islas Malvinas no son una parte del territorio nacional. Es el territorio nacional. Salvo para el grupo de intelectuales conservadores que se reúne a tomar el five o'clok tea en un club de política, la mayoría de los argentinos siente como propio el reclamo soberano que busca recuperar, en paz, esa porción enajenada de la patria. Porque la sabemos nuestra. Por eso sentimos a Malvinas como una causa de todos.