El cierre de la campaña porteña promete. Primero apareció el video de la vedette en la cabina de un avión de Austral invitada por dos pilotos impresentables.

A aquel bochorno le siguió la convocatoria a una marcha en defensa de la subrogancia del juez Luis María Cabral en la Cámara de Casación Penal. Ayer la Corte Suprema rechazó el planteo del fiscal Raúl Pleé. Habrá que ver si persiste la convocatoria que inicialmente estaba prevista para el 14 de julio pero pasó ahora para el siete.

En la víspera se sumó una denuncia por enriquecimiento ilícito difícil de presentar contra el ministro de Economía y primer candidato a diputado Axel Kicillof, planteada por un abogado vinculado al PRO. Todavía quedan unos días hasta el domingo y no hay que descartar que surjan algunos otros menjunjes.

Mucha menos repercusión tuvo la denuncia periodística que ya devino judicial y reveló que una parte del presupuesto de la Universidad de Buenos Aires de desviaría a actividades políticas de sectores vinculados a Martín Lousteau.

En el medio, pasó casi inadvertida también la decisión de la Justicia de sobreseer a Mauricio Macri en la causa por la UCEP, aquella estructura del gobierno porteño armada para espiar a opositores y familiares de víctimas del atentado a la AMIA.

No es de extrañar que, con semejante grado de protagonismo de la Justicia, la campaña en sí misma se vea limitada a episodios nimios como tomar mate en la cocina de un vecino o los saltimbanquis que en un semáforo palermitano llaman a votar por Horacio Rodríguez Larreta entre verticales y pirámides humanas.

Pero en el fondo el problema es que el PRO no consigue cerrar la elección en su distrito.

Mauricio Macri reconoció ayer públicamente, a cinco días de los comicios, que los porteños tendrán que votar en segunda vuelta su sucesor.

Después de una visita a la Unión Industrial Argentina (UIA) –en la que aseveró que el sector fabril está hoy en la misma situación que en 1998– el alcalde no hizo más que replicar lo que dicen todas las encuestas, que su partido no llegará al cincuenta por ciento de las voluntades en las elecciones del próximo domingo.

Un escenario que nadie en el PRO aventuraba apenas unos seis meses atrás .