Sólo restan dos meses, apenas 60 días que se vivirán con el vértigo que traen los cambios, para que la presidenta Cristina Fernández termine su segundo mandato y tercero consecutivo del Frente para la Victoria. A pesar de los deseos y las maquinaciones de variados grupos de poder, el clima político indica que Cristina dejará la primera magistratura en medio del afecto de una franja no desdeñable de la sociedad, sin crisis explosivas que afecten su imagen y la de su gestión, y con más que respetables índices de aprobación para un gobernante que lleva ocho años al frente del país, publicó Tiempo Argentino.

La mandataria concluirá su período tras un tramo final de gobierno, que siempre es una transición, en el que desplegó dos definiciones que pocas veces van juntas. Por un lado se propuso mantener la centralidad política, en línea con el lema de “gobernar hasta el último día” (lo que explica la saga hiperactiva de anuncios e inauguraciones de obra pública en todo el país, mayormente transmitidos por cadena). Pero Cristina también puso su parte para contribuir con la campaña presidencial del candidato del FPV, el gobernador Daniel Scioli, quien la acompañó en varios actos con el protagonismo creciente de quien pretende encarnar la sucesión.

El avance del calendario, más las últimas acciones de la jefa de Estado, alimentan el suspenso sobre un interrogante que comienza a circular entre todos los sectores de la política argentina: ¿qué hará Cristina tras el 10 de diciembre? La primera respuesta a esa pregunta, transmitida a Tiempo desde fuentes muy bien informadas, entre ellas miembros del Gabinete en ejercicio, es que Cristina, una vez concluido su mandato, optará por reducir al máximo su actividad pública por un lapso significativo, de alrededor de seis meses. Ese período, que coincidirá con la fase de consolidación y estabilización del nuevo gobierno, encontrará a la actual presidenta en una etapa en la que –todo lo indica- priorizará el tiempo compartido con su familia, multiplicada en los años más recientes con el nacimiento de dos nietos.

Quienes conocen bien a Cristina, quienes han compartido tiempo con ella en momentos sensibles y de decisiones trascendentes, sostienen que, más allá de los intentos de estigmatización de los medios opositores (siempre la intentaron retratar como una dirigente sin frenos en su vocación de poder, despreocupada por las limitaciones del ordenamiento institucional), CFK se caracteriza justamente por todo lo opuesto. “Ella es muy cuidadosa de las formas institucionales, no se olvide de eso. Y no va a forzar situaciones de ningún tipo”, vaticinó a este diario un funcionario nacional con un cargo de primer orden en el Ejecutivo. Un antecedente regional a tener en cuenta a la hora de imaginar una transición dentro de un mismo espacio político –siempre que Scioli sea el vencedor en las urnas, como vaticinan casi todos los encuestadores- es el triunfo de Dilma Rousseff en Brasil y el inicial bajo perfil con el que acompañó Lula.

El fundador del PT y principal dirigente de la coalición de gobierno en Brasil se mantuvo en un discretísimo segundo plano en los primeros meses del segundo gobierno de Dilma. Sólo la avanzada opositora contra la propia mandataria brasileña, un tándem conformado por algunos medios, el sector financiero de San Pablo y el candidato que había perdido la elección, hizo que Lula modificara su rol y recuperara presencia pública. Su nueva función es defender al gobierno y a Dilma de lo que ya parece una ofensiva destituyente desde el Parlamento, lo que llevó a las autoridades políticas de Brasil a advertir a la opinión pública sobre la existencia de un progresivo “golpe democrático a la paraguaya”. El escenario sudamericano, cruzado por acechanzas y una tendencia general de relativo estancamiento o repliegue en los gobiernos de signo progresista o nacional-popular, suma otra dificultad en el descenso del comercio mundial y la caída de los precios de los commodities agrícolas o energéticos.

Futuro internacional

Cristina monitorea con atención todo este panorama pese a que ya transita la última fase de su gobierno. Como se sabe, la presidenta no oculta su afición por la geopolítica y las relaciones internacionales: su reciente intervención en la Asamblea general de la ONU es una prueba de eso. Pero la mandataria, en su experiencia de gobierno, también puede exhibir muestras de su capacidad de actuar con rapidez y ejecutividad ante el surgimiento de amenazas a la estabilidad democrática en el subcontinente: la convocatoria a contrarreloj a una cumbre urgente de Unasur en Buenos Aires, realizada a principios de octubre de 2010 con Néstor Kirchner aún vivo, con motivo de la sublevación policial que puso en riesgo la vida del ecuatoriano Rafael Correa, es un ejemplo cabal de aquellos pergaminos. Estos antecedentes de CFK, más su propio perfil como gobernante, explican por qué varios de sus allegados deslizan que Cristina podría asumir alguna responsabilidad de tipo internacional, sea a mediados de 2016 o en 2017.

No son muchos los roles que puedan requerir la tarea de un político de una experiencia y proyección tal como la de –en este caso- una ex presidenta que gobernó dos mandatos en su país y que ejerce una influencia determinante en un espacio político dinámico, como el FPV en la Argentina. Ya se habló de la secretaría general de la ONU, donde algunos países (¿China entre ellos?) pretenden que el sucesor del coreano Ban Ki-moon sea una mujer. La propia Cristina se sumó a esa campaña aunque también, quizá como condición para apuntalar esa propuesta, pareció autoexcluirse del lote de (eventuales) candidatas. Otra alternativa que se comenta entre los funcionarios y dirigentes cercanos a CFK es que la Argentina reasuma la Secretaría general de la Unasur, que supo estrenar Néstor al finalizar su mandato, luego de que se cumpla el período del colombiano Ernesto Samper. En todo caso, un factor que incidirá indudablemente en cualquier tarea "internacional" que asuma Cristina será el hecho de que en el Vaticano –a la vez un Estado y la jefatura de una Iglesia con millones de fieles en todo el mundo- gobierna un argentino.