Saben que no les sobra nada, pero están convencidos de que la elección se cerrará el próximo domingo. Cerca de Daniel Scioli auguran que la madrugada del lunes los encontrará celebrando un triunfo en primera vuelta. Las encuestas confirman esa posibilidad aunque también anuncian un final abierto. No por un crecimiento de los postulantes de la oposición, antes bien lo contrario en el caso de Mauricio Macri. Sin embargo, cerca del candidato del FPV consideran que podría superar el 40% de los votos, con un objetivo ideal aunque incierto de 42 puntos.

Las claves para el sciolismo están en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba. En ambos distritos aseguran haber mejorado la perfomance de las PASO. En el principal distrito  porque ya se resolvieron las internas y estiman que ahora los candidatos a intendente del oficialismo no promoverán el corte de boleta. De hecho, ese escenario se da entre los aspirantes de la oposición. Son varios los candidatos del Frente Renovador que lidera Sergio Massa que no ocultan su estrategia de corte de boleta para no perder el poder. 

"Lo que todavía no está claro, es si le va a alcanzar al bonaerense para ganar en primera vuelta".

En Córdoba, la situación es más compleja por un esquema de poder bifronte. El gobernador saliente, José Manuel de la Sota, se transformó en uno de los principales sostenes de la candidatura de Massa junto al ex ministro de Economía Roberto Lavagna y cerró, por ahora, la puerta a la posibilidad de cualquier acuerdo. Pero en la vereda de enfrente, el gobernador electo Juan Schiaretti no ahorra señales hacia Scioli que visitó varias veces la provincia y desembarcará allí nuevamente esta semana en el tramo  definitorio de la campaña. 

Antes de eso, el bonaerense sumó el respaldo de un importante número de candidatos a intendente radicales que integraron el frente UNA pero ya sin De la Sota en competencia se inclinan ahora por Scioli. Ese goteo de dirigentes, con mayor o menor intensidad se da también en la provincia de Buenos Aires. Mónica López auguró que el próximo lunes, la mayoría de los dirigentes renovadores tocará el timbre en el búnker del FPV. Hay también un foco puesto en Santa Fe, donde Scioli hizo una excelente elección en la que el candidato a senador Omar Perotti, jugó un rol trascendente. 

Mientras tanto, en el sciolismo se percibe un clima de frenesí. La agenda de campaña no da respiro y se suceden las reuniones políticas. La estrategia de dar a conocer la mayoría de los nombres de los eventuales ministros busca no sólo ocupar el espacio, sino también mostrar uno de las principales diferencias que tienen con el PRO: "Macri no está en condiciones de armar la estructura de cuadros políticos que requiere la administración del Estado nacional. Nosotros gobernamos la provincia más compleja el país", afirman.

Scioli develó el misterio sobre el Ministerio de Economía, cuando propuso esta semana a Silvina Batakis. El mensaje es que, al igual que en su administración bonaerense, no habrá superministros. Sus actuales asesores (Miguel Bein y Mario Blejer) seguirán fungiendo como tales, cerca del candidato consideran que habrá otros y pronostican un diálogo fluido con el actual ministro Axel Kicillof. En cualquier caso, la conformación del eventual gabinete sciolista no hace más que dejar sin argumentos a quienes sostenían que Cristina Fernández marcaría el ritmo del próximo gobierno. No hay ninguna señal de condicionamiento en el equipo de colaboradores que llevaría a la Rosada. El propio Scioli exhibe como blasones la nominación de Batakis y de su actual jefe de Gabinete, Alberto Pérez. El recambio en la estructura de gobierno sería mucho más amplio si el bonaerense se transforma en el primer gobernador de esa provincia en romper el "maleficio".

Frente a esa campaña apoyada sobre las certidumbres, aparece la errática estrategia de Macri que nunca pudo recuperarse del bandazo que le provocó la revelación de la contratación directa a una empresa sin empleados de Fernando Niembro para la puesta en marcha de una planta de tratamiento de efluentes, la realización de encuestas o la enseñanza de periodismo deportivo a los empleados porteños. El alcalde creció en la ponderación electoral haciéndose eco del ferviente antiperonismo de sus electores, pero tiró por la borda ese fervor cuando se mostró junto a Hugo Moyano y Eduardo Duhalde en la inauguración de un monumento a Juan Perón. La imagen intachable del PRO quedó tocada por el caso Niembro y le cuesta a Mauricio retener su cosecha de las PASO. Macri no sale a buscar votantes entre el peronismo por casualidad, sino porque comprende cabalmente que su techo parece estar por debajo del 30 por ciento. Ayer lo volvió a hacer. En el Día de la Lealtad convocó a las mujeres peronistas a que lo voten y una vez más "confundió" la justicia social que pregonaban Perón y Evita con la "igualdad de oportunidades" que propone el liberalismo económico.

Sergio Massa recorrió el camino inverso. Después de las primarias y con poco para perder se derechizó, encontró un objetivo de campaña que se corporizó en un discurso de tono reaccionario. Propuso utilizar a las Fuerzas Armadas para combatir al narcotráfico y no ahorró sutilezas para estigmatizar a las "villas" como el epicentro de todos los males de la Argentina. Así "pescó" en las aguas del PRO. Macri se "peronizó" y perdió. Massa profundizó el discurso opositor y subió unos puntos, pero al final de cuentas ambos parecen haber sumado certidumbre a un triunfo por amplio margen para Scioli. Lo que  todavía no está claro, es si le va a alcanzar al bonaerense para ganar en primera vuelta. La única incógnita que queda abierta es saber por cuánto va a ganar.