La provincia en la que nació el Frente para la Victoria como proyecto político vivirá hoy una elección desbordante de suspenso, nerviosismo y que pronostica un resultado bastante parejo. Tanto en el FPV santacruceño como en la alianza opositora Unión para Vivir Mejor –que reúne a la UCR, al PRO y al Frente Renovador en un único espacio electoral- se preparan para una competencia palmo a palmo por la gobernación. Incluso es probable que en esa categoría se viva la definición más incierta desde que Néstor Kirchner accedió al gobierno provincial, en 1991. La disputa por la gobernación estará atravesada por las particularidades de la organización del comicio en el distrito: en Santa Cruz sigue vigente la ley de lemas, por lo que los candidatos que asoman como principales contendientes –de un lado la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner (FPV), y del otro el diputado Eduardo Costa, propietario de la cadena de supermercados HiperTehuelche (UvM)- sumarán sus votos con los de los postulantes alternativos de ambas coaliciones, el actual gobernador Daniel Peralta (PJ) y el   Pérez, ex intendente de Pico Truncado, localidad petrolera del norte santacruceño.

Según consignó Tiempo Argentino, otro de los condimentos ineludibles de la pulseada electoral de hoy en Santa Cruz será el duelo que protagonizará el ascendente hijo de la presidenta y fundador de La Cámpora, Máximo Kirchner, quien encabeza la lista de diputados nacionales del FPV, con un experimentado y conocido referente de la UCR provincial, Héctor “Pirincho” Roquel. Ex intendente de Río Gallegos durante dos períodos, Roquel deposita sus expectativas en la primacía opositora en la capital santacruceña, históricamente más distante del FPV. Máximo, por su parte, quien en las PASO logró imponerse como el candidato individualmente más votado, apuesta a que el esforzado despliegue de militantes en las calles de Gallegos durante el último tramo de la campaña permita reducir la diferencia -alrededor de 15 mil votos- que la oposición obtuvo a su favor en las PASO. En el resto de la provincia, sobre todo en la cuenca gasífera de Río Turbio y en la zona turística de El Calafate, la hegemonía del FPV suele ser casi abrumadora.

“Será palo a palo”, vaticinan desde los dos comandos de campaña, tanto del oficialismo como de la oposición.

El FPV sabe que en la elección se juega mucho. Con la presidenta transitando los últimos meses de su mandato, el kirchnerismo se aseguraría una plataforma de acción e incidencia nacional en caso de seguir gobernando la provincia. También está en juego la posibilidad de proteger y empujar los estratégicos proyectos de inversión que se acordaron con la República Popular de China, en especial las dos represas hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz. Costa, el candidato opositor, uno de los diputados nacionales con mayor patrimonio de todo el Congreso y de excelente relación con Mauricio Macri, nunca mostró demasiado compromiso con esos planes. Más bien los intentó minimizar y poner bajo un manto de dudas. Sin embargo, a pesar de todo, ostenta un piso electoral bastante alto. Costa ya compitió como candidato a gobernador en 2007 y 2011: en ambas ocasiones salió derrotado pero en esos cuatro años logró incrementar sus guarismos (de 38 al 45%). Para vencerlo, la sumatoria de Alicia y Peralta deberá orillar el 50%. Según algunas encuestas nacionales, eso podría ser factible. Igual, en la provincia nadie se confía ni quiere relajarse. Aseguran que la elección no tiene un ganador nítido. “Será palo a palo”, vaticinan desde los dos comandos de campaña, tanto del oficialismo como de la oposición.

La elección, en la que también competirá la izquierda del FIT, que en Santa Cruz es bastante activa en las protestas gremiales, se convertirá en el debut definitivo de Máximo como dirigente público que busca la legitimidad a través del voto. Hincha de Racing y padre de Néstor Iván, el primer candidato a diputado del FPV abandonó definitivamente el bajo perfil y la conducción de su organización política detrás de bambalinas. Su campaña tuvo la modalidad entre intimista y épica–mucho contacto cara a cara, mucha caminata por las calles, visitas a las unidades básicas, recorridas por los lugares más aislados- que Néstor Kirchner había consolidado como una impronta personal. El gran capital político de Máximo, reconocido incluso por sus opositores, es su carisma y la buena recepción que logra con sus interlocutores al conversar mano a mano: el estilo llano que transmite, ajeno a toda presunción de superioridad, remite al Néstor del traje cruzado pero abierto, mocasines, humoradas permanentes y gestos corporales ampulosos pero algo torpes. El resultado positivo que generó Máximo al salir al ruedo llevó a algunos miembros históricos del peronismo santacruceño a lamentarse de que no haya asumido antes la (difícil) tarea de ser candidato.

Hoy por la noche se sabrá cómo sigue la historia.