En caso de ganar, Mauricio Macri ya avisó: va a podar el calendario de feriados nacionales, que durante todos estos años significaron un estímulo económico y promovieron la industria del turismo, impactando positivamente en las economías regionales. El comentario al tuntún del candidato de Barrio Parque ilustra la pirotecnia cargada de revancha y desprecio que ilumina el cielo de la neo Alianza. Esa política de feriados, plasmada en una ley, configura una distribución criteriosa de los días no laborables a lo largo del año. Esa programación da previsibilidad, genera una distribución óptima en los flujos de viajeros y, al mismo tiempo, permite reducir la capacidad ociosa en los destinos turísticos y diversificar la oferta. Pero para la Bestia Pro es demasiada sofisticación. El barroquismo gutural de la derecha no pasa de culpar a 6,7,8 por todos los males argentinos.

Esa definición sobre los feriados, no obstante, echa luz sobre las demás aristas de su plan económico, aun mantenidas en secreto. Para qué los feriados si el salario pasará del 1º al 6º lugar entre los más altos de América Latina; para qué los días no laborables si no habrá trabajo; para qué los fines de semana largos si la economía deberá enfriarse hasta la temperatura que fije la inflación, que a su vez es fijada por los formadores de precios, que ya no tendrán ningún límite, porque hasta el Programa Precios Cuidados será revocado.

El paquete económico de la derecha se vende así en los medios que ya sabemos: hay que devaluar. Y hay que devaluar mucho. Muchísimo. "Sincerar el tipo de cambio", le dicen. Es inevitable. Y ya se sabe: el primero y único "sincero" es el mercado porque actúa de golpe, en seco. A cambio, debe generar expectativas favorables entre la población porque ningún pueblo vota el ajuste. De ahí la falsa promesa de que la "inexorable" devaluación no se trasladará inmediatamente a los precios si y sólo si, en simultáneo a la brutal depreciación de la moneda y el salario, se produce un shock productivo, que aumente la oferta de bienes. Como "la revolución productiva" de Menem, igual. Sólo falta que prometan "salariazo" y poné los fideos.

Son los riesgos de mediatizar tanto la campaña, cuyo punto máximo fue el debate televisivo del domingo pasado. En las pantallas de los medios concentrados, hay una ideología subyacente, un acuerdo tácito, según el cual en el sistema económico no hay nadie más "transparente" y "confiable" que los formadores de precios, que ya empezaron a correr antes de tiempo para ganarle a la ineludible devaluación. La intromisión del Estado en la economía, la administración del tipo de cambio, producen estas "anomalías" que sólo el mercado "corrige", porque, ya se sabe: el gobierno copó el Estado con militantes K.

¿Para qué las paritarias si el mercado (es decir, los especuladores + los jueces) licuará el salario, destruirá el empleo y hará del trabajo apenas una variable económica, un numerito, un costo de producción?

Así como durante la Década Ganada el trabajo fue entendido como el gran organizador social, en la Década Infame que anuncia el macrismo el trabajo será considerado como una carga, un lastre, que encarece el virtuoso circuito económico. Sin entender esto la discusión sobre el precio del dólar será parte de la operación cultural por sentar las bases de la reacción neoliberal.

La forzada denuncia contra Alejandro Vanoli, y la aún más grosera orden de allanamiento al Banco Central, por efectivos de la policía Macripolitana, son el segundo movimiento de este concierto, que empezó a ejecutarse en enero de 2010, cuando Martín Redrado se sentó en las reservas y trató de impedir, entonces también con el socorro del Partido Judicial, la creación del Fondo del Bicentenario, con 6500 millones de dólares de las reservas, como garantía del pago de los compromisos internacionales. Ese fondo tenía la función de disminuir el costo financiero de la deuda, como ahora lo hace el dólar a futuro con el costo social de una devaluación abrupta.

Cinco años más tarde, el Partido Judicial vuelve a hacer lo mismo, pero recargado: el objetivo es influir directamente en el proceso eleccionario. A Vanoli, dos diputados de la Alianza Cambiemos le objetan penalmente la venta de dólares a futuro en un precio notoriamente inferior al que piensa llevar la divisa Macri. Esa operación le permite al Central regular el mercado cambiario, tirar hacia abajo el precio, y no como ansían los megadevaluadores de globos amarillos, que quieren llevar el valor del dólar oficial hasta un 60% más caro.

¿Querrá acaso el juez Bonadio que se produzca en la Argentina una fuerte devaluación paralela, que "transparente la economía", en cuyo caso los formadores de precios, que ya sabemos cuán transparentes son, correrán locamente detrás de ella? ¿El Partido Judicial le hará el trabajo sucio al candidato de la devaluación?

El domingo por la noche sabremos si la sociedad se dio cuenta acabadamente de estas grandísimas operación política y distorsión económica, que terminan en el callejón sin salida de la desocupación y la recesión generalizada, inclusive con aumento de precios.

La militancia

Mientras tanto, la militancia. Desde el 25 de octubre, un parte muy significativa de la ciudadanía se cargó la campaña al hombro y salió a su manera a convencer al resto, y ganar el voto para el balotaje. Es un hecho cultural sin precedentes. Si el resultado de la segunda vuelta se encuentra todavía abierto, es producto de esa salida torrencial a las calles: fotocopias pegadas a mano, cartelitos escritos con marcador de punta gruesa; trabajadores que hablan en voz alta en los colectivos, mientras regresan a sus casas, para que los demás pasajeros tomen conciencia de la recuperación del salario y evoquen la memoria social del desempleo.

Es la épica popular más extraordinaria de los últimos 33 años. El 17 de Octubre del '45, las Madres en la Plaza en plena dictadura, y las reuniones de autoconvocados en los parques, en las esquinas, en las góndolas de los supermercados chinos donde los vecinos dejan escondidas, entre las latas de tomate, como mensajes en una botella: "Votá a Scioli".

La sociedad argentina impediría en las calles o donde sea necesario, el feroz contragolpe neoliberal. No hace falta llegar a tanto, sin embargo. Basta con votar bien el domingo 22. Y volver a esa consigna de la resistencia peronista, aunque reformulada: "Luche (y milite, y convenza, y vote) y la derecha no vuelve nunca más."