Si recorremos la trayectoria ideológica y de gestión del PRO, parece poco probable que les preocupe tener las cuentas públicas sanas. Desde que Mauricio Macri asumió en el gobierno de la Ciudad, aumentó exponencialmente la deuda pública, y en particular la nominada en dólares o atada a la cotización oficial (dollar linked). 

Pero es importante recordar el punto de partida de su administración. El gobierno anterior, a pesar de haber soportado la crisis sistémica del 2001, le legó un superávit fiscal con un fondo anticíclico, las principales necesidades sociales básicas cubiertas y planes de infraestructura en marcha. El gobierno de Macri, en un momento de bonanza, con crecimiento del producto y de la recaudación, realizó tarifazos y aumentos de impuesto, para financiar obras de infraestructura cosmética, y se ha endeudado con tasas y comisiones exorbitantes. Sobran recursos, son las políticas las que faltan.

Desde que Mauricio Macri asumió en el gobierno de la Ciudad, aumentó exponencialmente la deuda pública, y en particular la nominada en dólares o atada a la cotización oficial.

No se me escapa que el endeudamiento está vinculado con los compromisos que tiene con el sector financiero y el exportador, entre los cuales se encuentra la devaluación, que agravaría el costo de la deuda para la Ciudad.

Teniendo esto como evidencia, podemos decir que si Macri asumiera en la Nación aplicaría el mismo programa. Esto significaría revertir todo el esfuerzo que realizó el pueblo argentino para renegociar la deuda externa y desendeudarnos. Más aún, las políticas que pretende imponer a partir del 10 de diciembre –devaluación, eliminación del mal llamado cepo cambiario y de las restricciones a las importaciones– implican necesariamente la vuelta a las relaciones financieras carnales con los grandes grupos financieros del exterior.